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El Bosque de los Suicidas

In TheNightStalkeR on Marzo 5, 2009 por Andre Wave Etiquetado: , , ,

En medio del camino de nuestra vida me encontré por una selva oscura, porque la recta vía era perdida.”
El Infierno: Canto I – Dante Alighieri

Desde que Dante piso por primera ves el circulo hace ya casi un milenio, este ha cambiado mucho, el limbo no existe mas, ya no mas no bautizados tienen que pisar la tierra llena de pena del Infierno, ni es lugar de los paganos virtuosos que vivieron mucho antes que el mandara a su hijo a la tierra, a esparcir su palabra.

En su lugar hay un espeso bosque negro, conformado por lo que parecen ser sauces llorones de copas color sangre, que se yerguen donde antes los no natos pasaban la eternidad, y se abre para dejar pasar a quienes están condenados a círculos inferiores, pero se cierra a aquellos el cual su único pecado fue perder el camino de la vida y están condenados a vagar por siempre.

Este bosque surgió hace años, gracias a la petición de un hombre del que ya hemos hablado antes, quien pido al Señor reconsiderar y darles una nueva oportunidad a aquellos atrapados en el limbo, pues desconocían su grandeza y se dejaron engañar por falsos ídolos y torcidas versiones de el.

Después de pensarlo y de observar la tierra decidió que todos aquellos que hubieran quedado atrapados en el limbo podrían reencarnar para que tuvieran la oportunidad de conocer su gloria. Pero hubo excepciones, aquellos realmente virtuosos no reencarnarían, si no que se dirigirían, a través del purgatorio, al paraíso junto a otros de su misma clase.

En su lugar, el Lucero de la Mañana, tiempo antes de abandonar la espiral descendente que es el reino del infierno, y siguiendo las ordenes del señor, coloco varios arboles de los que colgaron a quienes antes estaban en el séptimo circulo encerrados en arboles, por haber cometido suicidio acto visto como violencia contra el propio cuerpo.

Pero aquel lugar no se vio vacío por la falta del bosque en el que anidan las harpías. En el segundo recinto aun había arboles, y de hecho el bosque creció tanto que en algunas zonas no se alcanza a ver mas de diez metros dentro de este; estos nuevos arboles eran alcohólicos, fumadores, drogadictos y otras criaturas autodestructivas.

Los masoquistas reciben un castigo especial, completamente diferente a sus otros compañeros. Son desmembrados por las harpías primero, son puestos en jaulas de acero negro forjado y cuelgan, de los arboles nudosos del bosque. Están mudos, sordos y ciegos y solo se les permite sentir el metal en los muñones.

Con el tiempo y los numerosos colgados charcos de lodoso semen se formaron que se introdujo en la improductiva tierra de la cual empezaron a aparecer brotes verdes justo debajo de los suicidas.

¡Oh! Que placer seria para aquellos leprosos caminantes del octavo circulo haber tenido acceso a esas tierras antes de pasar frente a Minos. Mandrágoras, semillas que cayeron donde no deberían haber caído, dando fruto a plantas de forma casi humana y que lloran al ser arrancadas de la tierra.

Pero eso solo fue el principio, la sangre de otros empezó a correr por el páramo, aquellos que no se habían sometido a la orca. Su sangre baño los retoños, cuyos brotes verdes murieron, pero no así el tubérculo escondido bajo tierra.

Tras un tiempo un grito, primero apagado, pero después mas fuerte empezó a atormentar a los colgados y a los otros, encadenados a los negros arboles, y mas fuerte mientras que la tierra se habría mostrando lo que podría ser un la cara de un niño, de uno o dos años, que no era mas que madera nudosa que tomaba esa forma. Y los ahorcados comenzaron a patear y balancearse intentando gritar por las aplastadas gargantas, y los encadenados gritaban por debajo de los llantos. Tal era el sufrimiento de los suicidas que el Lucero de la Mañana en persona coció los labios de las plantas con los despojos de los ladrones curtidos en el pez negro y espeso como la brea en el que nadan los que comerciaron con los cargos públicos.

Y así el bosque volvió al calmo silencio de los colgados, que no se quejan a pesar de no poder mover mas que los ojos y de los encadenados que observaban con extrañeza a las criaturas de que habían dado fuerza con su sangre para salir de la tierra. Y las criaturas les devolvían las miradas con sus ojos de cuencas negras e iris verde que muestran su naturaleza natural y al mismo tiempo mítica de las criaturas.

Y las mandrágoras crecieron mostrando gran fuerza tal como para romper los cordones que atan sus labios, que eran cocidos una y otra vez, y aun así continuaban los gritos. ¡Oh! ¡Pobres aquellos que tengan que escuchar el llanto de estas damas! ¡Pues tendrán que llorar con ellas! ¡Y lloraras sangre!

Para detener el suplicio, Lucifer tomo a uno de los colgados, un sastre que se suicido tras la muerte de su única hija cortándose la mano izquierda. Le fue cortada la cabeza con fragmentos de la espada de un ángel, por lo que la cabeza no vuelve después de cada día, y se le dio una aguja, con lo que cocerá los labios de todas las mandrágoras, viejas o nuevas, que hayan roto sus cordones.

Como ya dije antes, los arboles parecen sauces llorones, pero al verlos bien se puede ver que el tronco se estrecha allí donde las mujeres reciben las semillas del futuro y se ensanchan en los pechos y nuevamente se estrechan en el cuello. Pero tienen los brazos extendidos hacía arriba y se bifurcan formando las ramas de las que penden los suicidas de las rojas hojas como las del sauce llorón.

Tienen todas las cabezas inclinadas y al no poder gritar lloran una sabía negra que las dejan manchadas y que forman después las criaturas conocidas como penas.

¡Oh! ¡Pobres damas, que lloran las penas del mundo! Viles criaturas que se pasean impunemente por el infierno, tomando formas de lobos, tigres y otras vestías que unicamente temen acercarse al Satan y al nido de los cuervos. Malditas criaturas que despedazan a los iracundos y hacen huir a los centauros. Que les arrancan las lagrimas a los condenados al hielo eterno dejándolos sin parpados para proteger del frió los ojos.

Antes de terminar esta narración quiero hacer destacar a una sola dama, la única que pose un nombre, y a uno de los que hay pasan la eternidad. El nombre del hombre según dice el, pues nadie realmente conoce su nombre borrado del gran libro del Destino, es Emmanuel Romasanta Blanco, como el hombre lobo de la vieja península, que solo puede ver el futuro y no su pasado, atrevas de la cuenca vaciá de su ojo derecho. Este hombre es el único de este circulo que se puede mover a través de los círculos del infierno por orden del Lucero de la Mañana, quien antes de su retirada a la tierra de los mortales, y puesto que ya había bajado en compañía de un mortal asta su presencia; Tiene entonces el el trabajo de guiar a los mortales que lleguen al infierno, ya sea por el sueño o por otro medio. Pero esta reprimido por la inmovilidad, por haberse colgado, por lo que quien camina es su hija, quien nació de su semilla y creció por la sangre que chorreaba por la cuenca.

Ambos están unidos por un tierno abrazo. La dama, del tamaño de una alta mujer, deja que sus rojos cabellos caigan por su espalda, y sus ojos no son mas negros, si no que son de color verde como sus pupilas, pues esta ya no llora la pez negra ni ningún otra lagrima, ni tiene inclinada la cabeza, pues no esta en pena.

Y entre susurros se cantan ambos esperando por quien necesite guiá por el valle del dolor.