Capitulo III: Fábrica de muerte
Habían pasado tres semanas desde lo que paso en Grecia y hacia dos semanas viajamos a Italia.
Para mi suerte nadie había notado lo que paso en el templo de Atenas, ni siquiera Karen, pero lo que si notaron fue que, mágicamente, me había convertido en políglota.
Hoy estábamos en el norte, muy cerca de la frontera con Francia. Viajamos aquí por la fama de los antros, además de que la mitad del grupo quería venir, así que los demás no nos opusimos.
Antes de salir decidí tomar una ducha y, aprovechando, rasurar el delgado vello facial que me había salido en estos últimos días.
Lo que me resulto extraño fue que me saliera vello facial, ya que toda mi vida había sido lampiño.
El lugar al que fuimos tenia fama se tener buen trato con los turistas, algo que abecés es difícil de encontrar en este tipo de lugares, muchas veces tuve que aguantar las ganas de romperle la cara a alguien por escupirme en la cara solo por mi acento, pero e calmaba para evitar que nos echaran de esos ligares por mi culpa.
El lugar era una vieja bodega que se encontraba a las afueras de esta pequeña ciudad. Había sido comprada por unos empresarios que la ambientaron para hacerla un antro.
Lo extraño de este lugar eran los precios. La entrada era de apenas 3 euros y las bebidas eran muy baratas, incluso para ser una vieja bodega.
Al llegar había una un gran grupo de gente alrededor de la entrada.
- - Vamos John, sácale provecho a tu altura y ábrenos paso – Dijo Alfredo.
Tenia razón, podía usar mi altura para abrirme paso entre aquella multitud.
- - No vamos a entrar rápido, hoy no hay cover.
Nos acercamos al grupo de gente que se arremolinaba y empecé a avanzar por el. No me fue muy difícil pasar, al verme la gente simplemente se hacían a un lado y nos dejaban pasar.
Ya a un metro de la entrada pude ver al guardia parado sobre una plataforma revisando quien entraba.
- - Mierda – Grito alguien en italiano a un lado de mi – Me pisaste
Quien dio el grito era un joven apenas mayor que yo, casi de mi altura, vistiendo pantalón de vestir gris y camisa azul cielo, calzando zapatos lustrados.
- - Lo siento amigo – Le dijo en ingles José Luís al ver que lo había pisado – No fue mi intención.
- - Entupido americano – Le grito en ingles con un tono aun mas enojado – Estos zapatos me costaron 200 euros, ahora me los vas a pagar
- - ¿Qué demonios? No te voy a pagar 200 euros por unos zapatos que apenas se ensuciaron.
Después de decir esto le dio la espalda.
- - Vete a la mierda. – Le respondió José Luís sin voltear a verlo.
En ese momento un sonido capto mi atención, el sonido de una pistola 9mm al cargarse
Al sentir José Luís el cañón de la pistola en la nuca se quedo inmóvil
- - Me vas a pagar los 200 euros o te voy a volar la jodida cabeza
- - Cálmate, no hagas una estupidez – Le dije algo intimidado
- - ¡Cállate! – Me grito y me apunto con la pistola y haciendo un ademán de que iba a disparar.
En ese momento, como una premonición, vi lo que tenia que hacer. Antes de que pudiera jalar el gatillo tome la pistola con la mano izquierda, apuntándola al aire y poniéndole el seguro.
Sin soltar la pistola gire hasta dejarlo a mi derecha y lo golpee con mi codo en la axila con la suficiente fuerza para dislocarle el hombre.
En pocos segundos lo había dejado inconciente. Aun sujetaba con fuerza la pistola
- - Pendejo – dije quitándole la pistola. Le saque la cartuchera. Lanza la cartuchera con mucha fuerza lejos de la multitud y deje la pistola en su pecho.
La personas que antes se arremolinaban en la entrada se habían ido y solo sólo un grupo de personas alrededor de nosotros.
- - ¡Oye tú! – Dijo una vos a mis espaldas – ¿Cuántos?
Voltee y vi que era el guardia quien hablaba.
El guardia de seguridad nos hizo una seña y nos dejo pasar.
- - Acaban de entrar seis – Dijo levemente pensando que no lo podría escuchar
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El ruido de la música era molesto, el trabajo era mucho, pero la paga era mas que suficiente, 30 dólares la nuche y otros 10 por cabeza, mas que suficiente para mi, tenia 29 años ganaba unos cuarenta dólares diarios y en la cuenta de ahorros tenia suficiente dinero para comprarme el auto de mis sueños.
Lo extraño de mi trabajo era ese bono extra y el hecho de que tenía que cuidar mi apariencia, especialmente mi cara.
La migraña no era suficiente para detener la emoción de la noticia que me acababan de dar, esa noche ganaría el triple de lo que ganaría en una noche normal, no podía esperar a encontrar a las personas que me ayudarían a jubilarme en menos de 20 años de trabajo.
Ya había preparado las pastillas y solo esperaba a que llagaran.
Entonces vi a un grupo de tres hombre y tres mujeres.
- - << Deben de ser ellos>>- Pensé rápidamente, eran como los describió el guardia.
La barra no estaba llena solo dos de seguridad que deben confirmarme, y lo hacen sin mas demora.
Los Chicos empezaron a hablar y los tipos de seguridad se retiraron. Ellos siguieron hablando y yo me empecé a impacientarme.
Por fin dejaron de hablar, pero solo uno se acerco a la.
Era un Joven alto, llevaba puestos unos jeans azules y una camiseta azul marino con manga falsa, que ponía en letras rojas Goldie Utility y debajo una palma plateada con una pequeña estrella en el medio.
El joven se acerco a mi barra y se sentó en la silla mas próxima a mi, donde se froto las sienes.
- - ¿Se siente bien? – Pregunte, esa no era una manera común de comportarse e un lugar como ese, alguien con dolor de cabeza no va a un lugar ruidoso a menos de que tenga algo importante que hacer hay.
- - Si, me ciento bien, solo tengo un ligero dolor de cabeza.
- - ¿Cómo? No lo escuche bien por la música – Hablando de manera fluida y con un claro acento americano, cosa que era muy coman ahí.
- - Le pregunte que si quiere tomar algo – Dije un poco mas fuerte para que me es cuchara.
Mientras preparaba el martini vigile al muchacho para asegurarme de que no viera cuando puse las drogas en su bebida, pero me di cuenta de que no tenia interés en su bebida, sino en una de la muchachas que lo acompañaban.
Termine de preparar el martini y lo puse en la barra junto a el.
- - Aquí tiene su martini – Dije para llamar su atención
- - ¿Ehh? – dijo volteando a mi – ¡Ah! Gracias, ¿Cuánto va a ser?
- - Toma – Dijo sacando dos monedas de su bolsillo y dejándolas en la barra.
Tome las monedas tomaba el martini y se iba.
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La música era fuerte, las luces de colores destellaban, las personas bailaban a mi alrededor.
Aunque tenia dolor de cabeza seguía ahí, además el martini me lo había quitado un poco.
Pasaba entre la gente para llegar asta donde estaba Karen
- - ¿Ya estas mejor? – Me dijo alegremente
- - No necesito un martini para sentirme bien cunado te tengo a mi lado – Le respondí
- - ¿Me das un trago? – Pregunto señalando la copa de plástico que llevaba en la mano
- - Claro, toma – Ofreciéndole0 el martini
Tomo un trago y me lo devolvió
- - ¿Estas seguro de que estas bien? – Me pregunto Karen al ver como me pasaba la mano por las sienes
- - Seguro, solo tengo un poco de dolor de cabeza
- - Ven, vamos a subir – dijo señalando una escalera de caracol muy cerca.
Subimos la escalera de caracol y nos sentamos en una mesa cerca de la pared.
- - ¿Estas seguro de que te encuentras bien? – me pregunto nuevamente mientras me tocaba la frente.
- - Si, estoy bien – Le dije mientras ponía el martini sobre la mesa – Solo estoy algo cansado
- - Muy bien, voy a ir a ver a los chicos
Karen se levanto y bajo las escaleras.
Mientras tanto termine de beber el martini.
Me acomode en la silla y cerré los ojos un momento.
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El frió me despertó de mi sueño, me había quedado dormido en la silla.
Pero ya no estaba en la silla del antro, sino sobre una fría silla de metal. Estaba casi desnudo, tenia manos y pies atados a la silla y tenia una bolsa de tela cubriéndome la cabeza.
Ya sabia que estaba pasando, estaba en una fabrica de muerte, como yo las llamaba, donde la gente paga para torturar y matar gente solamente por que pueden pagarlo.
Había visto la película de Quentin Tarantino y sabia que no tenia mucho tiempo y seria muy difícil escapar.
Empecé a moverme intentando desatarme, pero no pude y lo único que logre fue cortarme la muñeca con el cuero.
Espere un par de minutos escuchando, lo que había a mi alrededor, pero fue inútil, el cuarto debía ser a prueba de ruidos.
No se cuanto tiempo paso, pero de repente escuche el sonido de el metal chillando, era una puerta de metal muy pesada, no era la de este cuarto, pero estaba muy cerca.
La puerta volvió a sonar y empecé a escuchar pasos y murmullos acercándose.
La puerta de ese cuarto se abrió y pude ver por los orificios de la bolsa a dos hombres vistiendo mandiles, tapabocas y otras que se usan en una cirugía.
Uno de ellos se fue y el otro se acerco y me quito la bolsa.
- - Es bueno volver a verte cabrón – Dijo mientras se quitaba el tapabocas, para dejar ver su rostro, era el italiano del antro – ¿Creías que seria tan fácil deshacerse de mi? ¿eh?… pues te equivocaste dijo tomándome de la cara.
La única cosa que se me ocurrió en ese momento fue escupirle en la cara, aunque claro no fue la mejor idea del mundo.
- - Parece que tienes unas grandes pelotas ¿eh?, pues adivina que, te las voy a cortar cabrón.
Se acerco a una mesa que estaba a mi izquierda y tomo un cuchillo de carnicero, pero antes de que pudiera siquiera tocarme con el filo un hombre llamo su atención.
Entonces se acerco y le dijo algo en vos muy baja, después el italiano me miro.
- - Tienes suerte, pero yo tengo aun más suerte. – Dijo mientras esbozaba una torcida sonrisa – Voy a matar a tu novia de una manera dolorosa, pero antes de eso la voy a violar.
Empezó a caminar a la puerta, pero antes de salir miro al otro hombre.
- - Córtale las pelotas al cabrón – Dijo en alemán.
El otro hombre asintió y al salir del cuarto el italiano se dirigió a mi en alemán.
Tomo el cuchillo que el italiano iba a utilizar con migo y se acerco a mi.
Se había acabado, todo había acabado en el momento que entramos a ese antro.
Cerré los ojos y espere el primer golpe, pero antes de que algo pasara una voz resonó en mi cabeza
- - <<Esto aun no se a acabado chico>>- Dijo con fuerza.
Dentro de mi algo se empezaba a liberar, lo podía sentir
- - <<¿Quién eres?>> Pregunte
- - <<Eso no importa ahora- Empezó a decir y en mi cabeza y una imagen se materializo ante mi. Era yo pero había algo diferente, su mirada era fría y sus ojos de color rojo – Ahora debemos sobrevivir>>
Mi otro yo extendió su brazo y sin mover los labios empezó a hablar
- - <<Vas a aceptar esta oportunidad o morirás como un animal aquí como un simple animal
Tenia que hacerlo, no por mi, sino por Karen, tenia que salvarla.
Choque las palmas con mi otro yo y en ese momento volví al cuarto, pero ya no estaba atado a la silla, estaba a cuatro patas, y tenia un sabor metálico en la boca, además de que sentía diferente, como si fuera mas grande.
Entonces lo vi. Frente a mi estaba el cuerpo destazado del alemán y junto a el una bandeja que reflejaba mi figura.
Unos ojos amarillos me miraron fijamente, mientras que debajo un gran hocico escurría la sangre fresca del alemán.
Indudablemente me había convertido en lo que Karen y yo vimos tres semanas atrás.
Mantuve la vista sobre el reflejo de mi forma licantropa acercándome lentamente, extendí mi brazo y vi que era grande y de pelaje negro, terminaba en gruesos dedos con negras y filosas garras bañadas en sangre. Tome la bandeja y la acerque a mí para poder ver mejor mi reflejo. Tenía un hocico largo y con grandes dientes y mi pelaje era oscuro. Me levante y pude notar que media más de dos metros. Aunque era grande, me sentía muy ligero.
Podía oler la sangre seca de aquel lugar y el sonido del viento no ensordecía los sonidos siniestros de aquel lugar.
Un grito de horror me saco de ese estado fascinado sobre aquel cambio. Karen estaba en peligro y debía apresurarme antes de que aquel italiano le hiciera algo.
Salí del cuarto golpeando la pesada puerta de metal, prácticamente arrancándola de la pared, y salí a un pasillo largo y oscuro. Pude oler mi propia saliva, seguí su rastro asta el final de aquel pasillo.
Golpee con fuerza la puerta para abrirla y puede ver que el estaba ahí frente a ella levantando su barbilla con la puta un gran machete que parecía estar hecho con plata.
- - Bastardo – Intente decir, pero de mi boca no salio mas que un ladrido.
- - ¿Qué carajo? – Dijo el italiano mientras saltaba sobre el.
Primero le arranque el brazo izquierdo asta el hombro, después con mi garra le abril el estomago. Finalmente le rompí el cuello con un zarpaso.
Estaba hacho, el italiano estaba muerto y Karen a salvo, pero aun teníamos que salir de allí. Mientras me calmaba pude sentir que volvía a mi forma humana.
Me levante y tome el machete plateado que no le di tiempo de usar y me acerque a Karen. Corte las cuerdas que la sujetaban a la silla y deje el machete a un lado.
- - ¿Eh? ¿Qué paso? ¿Donde estoy?
- - No importa Karen ¿estas bien?
- - Si… ¿Qué es eso? – Dijo señalando el destrozado cuerpo de el italiano
- - No te preocupes por eso… espero, voy a buscar algo con que limpiarte – Dije al ver que tenia una mancha de sangre seca en su mejilla izquierda, como si el italiano hubiera limpiado su machete en su piel.
Mire alrededor y vi una manguera verde tirada junto a una bandeja de metal. Me acerque y la abrí para ver si había agua. Un chorro de agua, escasa al principio, salio de la manguera.
Limpie la sangre de mi boca y manos y voltee par ver a Karen. Ella estaba hincada frente al cuerpo destrozado con una mano en el estomago y la otra tapando su boca.
Antes de que yo pudiera decir una palabra ella vomito sobre el charco de sangre.
Me acerque a ella con la manguera y me hinque junto a ella.
Ella no dijo nada, solo se quedo inmóvil mirándolo. Pase el chorro de agua de su boca a su estomago y después deje la manguera a un lado.
- - ¿Qué le paso? – Pregunto ella temblorosamente.
- - No te preocupes por eso, ahora tenemos que salir de aquí.
- - ¿Y si nos pasa lo mismo?
- - No te preocupes, yo no dejaría que nada te pase.
La abrase un momento asta que se calmo. Después me levante y la ayude a ponerse de pie. Los dos salimos al pasillo, pero al salir escuche voces y decidí volver a tomar el machete.
- - Quédate aquí – Le susurre al oído.
Volví dentro y vi el machete y no muy lejos de donde lo había dejado vi una funda de cuero café. Guarde el machete y me lo cargue en la espalda usando el cinturón que tenia la funda.
Regrese con Karen y salimos al pasillo frío. Para mi suerte mi ropa interior había soportado el cambio de tamaño y no se había roto completamente y seguía en su lugar.
Empezamos a caminar por el pasillo, el olor de la sangre empezó a disminuir, sin embargo podía escuchar un murmullo detrás de cada puerta del pasillo. No me atreví a acercarme mucho a ninguna de ellas por que sabia que recibiría una desagradable sorpresa.
Ella me seguía sujetada fuertemente de mi brazo y en completo silencio. Yo también caminaba en silencio únicamente para no llamar la atención de nadie, aunque no creo que nadie allá podido escucharnos con aquellas pesadas puertas, que hacían a esos cuartos casi herméticos.
Al final del pasillo había una ultima puerta de metal. Al otro lado de esta había otro pasillo no mas largo que el anterior con un par de grandes puertas de metal que parecían ser las de unas bodegas. Al final del pasillo había unas escaleras.
Ella no respondió solamente miro las escaleras como si no fueran a llevarnos a ninguna parte. La tome de los brazos y la mire a los ojos.
- - ¡Despierta! – Le grite.
Sus ojos se abrieron al máximo, sentí que su pulso se aceleraba y sus ojos se llenaban de lágrimas.
Estuvo llorando un momento en mi pecho mientras yo la abrazaba asta que escuche un ruido, el chillar de unas ruedas.
Rápidamente la sujete de las caderas y la levante para poder cargarla y subir las escaleras lo más rápido que pude.
Ella siguió llorando sujetada de mi cuello mientras yo subía las escaleras lo mas rápido que podía, pero estas no parecían acabar nunca.
Cuando por fin terminaron llegué a un pasillo corto, iluminado por ventanas que daban al lado izquierdo del pasillo. Me di cuenta de que quizás el lugar que estaba atrás estaba uno o dos pisos bajo tierra ya que parecía que el sol había salido una o dos horas atrás.
Me senté en las escaleras con Karen sobre mis piernas para poder descansar un momento. Hice a un lado el machete para poder apoyar mi espalda en la pared. Karen empezó a llorar nuevamente de manera pausada.
- - Shhh… Cálmate, ya estamos bien. Le dije mientras la abrazaba, estaba fría, empecé a frotarle los brazos mientras se calmaba.
- - Crees… – Empezó a decir entre sollozos – crees que podremos salir de aquí.
- - Si, si lo creo, saldremos de aquí.
Se calmo y yo también. Pensé que no podría calmarme en esa situación, pero lo hice, aun sabiendo que podría morir allí mismo.
Estuvimos sentados asta que escuche un ruido.
- - Quédate aquí – Dije haciéndola a un lado.
Entre en el corredor que tenía dos puertas, una metálica y otra de madera. El sonido provenía de la puerta metálica que parecía ser la de un ascensor. Desenfunde el machete y espere a que la puerta se abriera.
La puerta se abrió y lance el golpe con fuerza y velocidad que me sorprendieron, pero lo único que golpeé fue un montón de cuerpos mutilados que hedían a sangre, heces, orina y a putrefacción.
- - <<Maldición>> – Pensé mientras sacaba rápidamente el machete de un torso y miraba por sobre los cuerpos
Lo que movía el carrito en el que estaban esos cuerpos era un deforme jorobado que me recordó a una abominación, un monstruo deforme de el juego Warcraft.
Rápidamente lo golpee con el machete y la sangre cubrió una parte del elevador.
Estaba hecho, lo había matado y su sangre caía del machete que había utilizado para hacerlo.
Hice hacia atrás el carrito empujándolo con una pierna. Apreté el botón del ascensor y me hice atrás para que la puerta se cerrara.
- - ¡Carajo! ¿por que nosotros? – Me dije a mi mismo
Guarde el machete nuevamente en su funda y regrese con Karen que seguía sentada.
- - Ven – Le dije extendiendo la mano a ella
Ella me miro con los ojos irritados y se levanto lentamente. La ayude un poco y caminamos por el pasillo hasta llegar a la segunda puerta. Esta daba a otro pequeño pasillo mejor iluminado.
Entre en la siguiente puerto asegurándome de que no hubiera nadie dentro. Dentro solo había unos lockers y montón de ropa. En la cima del montón estaba mi camisa y unos pantalones que parecían ser de Karen.
- - Toma – Le dije ofreciéndole la ropa
Ella la tomo sin decir nada y la miro un momento.
- - Pero… Es tu camisa favorita – Dijo mirándome nuevamente
- - Karen – Dije tomándole el hombro izquierdo – Quiero que te la quedes.
Pareció dudarlo un momento pero luego se la puso. Le quedaba un poco grande
Urge entre la ropa y encontré una camiseta y jeans negros que me puse rápidamente.
Mire los lockers y vi que uno parecía estar abierto. Me acerque y lo abrí. Dentro, mal doblada, una gabardina de cuero negro que tome bajo de esta había una pistola, un revolver negro, y las llaves de un automóvil BMW. Las tome y regrese con Karen.
- - Toma – Le dije ofreciéndole la pistola – Si alguien se acerca no dudes en disparar.
Regrese al locker y tome unas 10 balas y unas botas que estaban en la parte de abajo del mismo.
- - Vamonos – Le dije a Karen tomándola del brazo izquierdo.
Salimos asta llegar a otra puerta que no estaba muy lejos.
- - Quédate aquí – Le dije no muy lejos de la puerta
Escuche al otro lado de la puerta a dos hombre hablando en alemán. Mire por la puerta y dentro había dos hombres que se limpiaban la sangre de la frente con un paño blanco.
- - Increíble ¿En verdad cobraste 10 mil por los mexicanos? – Dijo uno
- - Si, y todos pensaron que eran estadounidenses.
- - Por suerte para ti, a nadie le interesan esos tipos.
- - Si los pobres idiotas no tienen ni idea de lo que les paso.
No pude aguantar más. Desenfunde el machete y abrí la puerta de una patada y lance el machete al hombre que tenia mas cerca. El otro tipo callo hacia atrás y aproveche el tiempo que tardo en darse cuenta de lo que había pasado para sacar el machete del pecho del otro hombre y poder cortarle la cabeza con un solo golpe.
Salí del cuarto y volví rápidamente con Karen. Ella me miro con los ojos muy abiertos mientras me acercaba. La sujete del brazo y tome la pistola.
- - Vámonos de aquí- le dije.
- - ¿Qué… Qué paso? – Balbuceo.
- - Nada solo quiero irme de aquí lo antes posible.
- - Tienes sangre en la cara – Dijo ella.
Me toque el rostro y sentí unas gotas de sangre.
Revise el revolver, solo tenia tres tiros. Saque tres balas de un bolsillo y cargue el arma.
- - Ven te voy a cargar y quiero que tomes la pistola y tomes la pistola y dispares a cualquiera que se acerque
Miro la pistola y luego asintió.
- - Claro, además no tienes zapatos, y no quiero que te lastimes
Paso un brazo por detrás de mi cuello y yo la levante por las piernas como lo haría una pareja de recién casados. Con su mano disponible tomaba el arma
Camine asta donde el final del pasillo. Este terminaba en una vieja y oxidada puerta metálica de elevador. Junto a la puerta había un botón con una desgastada flecha de pintura roja que señalaba hacia abajo.
- - Karen ¿Puedes presionar el botón?
Ella lo hizo he inmediatamente las puertas se abrieron con un chirrido. El ascensor estaba completamente vació. Este estaba iluminado con un pequeño foco blanco y el interior estaba oxidado y de color verde, como si estuviera hecho con cobre.
- - Bien, no hay nadie, creo que te puedo dejar un momento.
Entre y deje que bajara.
Presione el botón de la planta baja y voltee a ver a Karen. Ella me mira seriamente.
- - Dime Johnny ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué tenias sangre en el rostro?
Pensé un minuto lo que diría, no sabia como lo recibiría.
- - Dime Johnny – Dijo en voz baja casi. No la escuche por el chirrido del ascensor.
- - ¿Puedes… – Empecé a decir – ¿Puedes recordar la película Hostal?
- - Si – Dijo Cubriéndose inmediatamente la boca con la mano izquierda – Si puedo recordarla.
La mire fijamente a los ojos, los tenia vidriosos, estaba a punto de llorar, sabia que no lo soportaría, pero lo tenia que hacer.
- - Creo… Creo que estamos en un lugar así. – Dije mientras ella cerraba con fuerza los ojos y sus lágrimas empezaban a rodar.
No podía soportar verla así ¿Por qué era tan insensible ahora? ¿Por qué no podía llorar como ella?
ME acerque a ella y la abrace. Busque en el fondo de mi corazón fuerza para poder mirarla a los ojos.
Callo de rodillas. Baje la mirada y alce su rostro. Ni siquiera podía vela así
Sentía que cualquiera que pasara por eso preferiría haber muerto que saber que no pudo hacer nada por sus amigos
- - No – Empezó a decir ella – No puede ser… no puede estar pasando
Yo tampoco podía creer lo que estaba pasando, mis cuatro mejores amigos seguro ya estaban muertos y yo no había hecho nada para ayudarlos.
Por fin una solitaria lágrima rodó por mi rostro y callo justo en la frente de Karen. Di un par de pasos atrás y caí de rodillas.
- - ¿Por qué? ¿Por qué? – Dije mientras golpeaba el piso de metal. – ¿Por qué no hice nada por ellos? ¿Por qué?
Sentí un ligero toque en mi hombro. Era Karen que estaba junto a mi con una mueca de pánico en el rostro.
- - Johnny – Dijo ella – Johnny ¿No tardamos mucho en subir?
Era cierto, ya habíamos tardado mucho tiempo en bajar, ya no sentía que el ascensor se moviera, ni siquiera escuchaba el chillido que hacia.
- - Johnny ¿Qué esta pasando?
En ese momento me di cuenta de que nos habían descubierto y solamente había una forma de salir de aquí.
- - Toma – Dije ofreciéndole el machete – Dame la pistola.
Ella me miro algo extrañada. Después de unos segundos me la dio. Y o la puse en el bolsillo trasero.
- - Quiero que te escondas y que no dejes que te vean, ni que vean lo que traes – Dije señalando el machete que sujetaba del cinturón de la funda. – ¿Entiendes?
Ella únicamente asintió.
Me puse de pie y espere a que las puertas verdosas se abrieran. Con un chillido se abrieron las puertas. Frente a mí, a un paso del elevador, estaba el jorobado que había dado por muerto en el otro pequeño elevador.
- - ¡Maldición! – Dije en voz baja, mientras daba un paso atrás.
Rápidamente reaccione caminando nuevamente hacia el, lanzándole un golpe justo en la herida que tenia del machetazo que le había dado.
Saque mi mano llena de sangre y eso callo con fuerza al piso.
- - Cálmate – Dijo una voz grave en ingles con un claro acento alemán.
A unos dos metros de mi estaba un joven, de unos veinticinco años, que llevaba un mandil blanco y ensangrentado. Tenía el cabello rubio y los ojos azules. Tras de el estaban otros tres hombres que vestían igual, mandiles blancos, tapabocas y gorros azules que me miraban seriamente.
Observe que en la mano derecha tenia dos pasaportes mexicanos.
- - Devuélveme eso – Dije seriamente mientras señalaba los pasaportes.
Si quieres estos señor… – Hizo una pausa para ver uno de los pasaportes – Stolk primero regrésame la gabardina de mi hermano.
No le di respuesta, solo apreté con fuerza mis puños, algo en el no me daba buena espina.
- - Parece que no los quieres, en ese caso – Saco mi encendedor de su mandil y lo encendió.
- - ¿No espera! Dije extendiendo mi mano hacia el.
- - Bien… y donde esta la señorita – Reviso el otro pasaporte – Vidales.
- - Esta abajo – Le respondí.
El sonrió enseñándome sus blancos dientes y me señalo.
- - La gabardina – Dijo el alegremente.
Me la quite lentamente, evitando que vieran la pistola.
Ahora acércate lentamente, no quiero ningún truco.
No dije nada solo me acerque lentamente sosteniendo la gabardina en la mano izquierda y observándolo atentamente. El bajo la mano con los pasaportes y acerco el encendedor a el cigarro.
Ese era el momento que estaba esperando. El cerro los ojos mientras daba la primera calada y yo estaba a un metro de el y los demás a medio metro tras de el.
Lance la gabardina contra el mientras abría los ojos. Tome la pistola y espere a que cayera un poco para poder apuntar mejor. Hice tres disparos contra el, uno en el hombro izquierdo y los otros dos en el pecho. Antes de que el cayera, y que los otros hombres reaccionaran, les dispare a los tres en la cabeza, justo en medio de los ojos.
Cuando escucho los disparos Karen salio del ascensor apresurada.
- - ¿Estas…? – Empezó a decir – ¡AHHH! – Grito cuando vio los cuerpos de los hombres.
- - No te preocupes, estoy bien per0 quédate atrás.
Ella asintió.
Camine hacia el cuerpo del alemán. Los pasaportes estaban tirados a mi izquierda y mi encendedor a la derecha. Me acerque mas y pude oler la carne y la sangre quemada tome primero los pasaportes para luego ir por el encendedor.
Pude escuchar su respiración, lenta y débil. A pesar de eso salte hacia atrás. No lo suficientemente rápido para evitar que una bala atravesara mi hombro izquierdo.
El tenía una pistola escondida bajo su mandil y quizás un chaleco anti-balas debajo de su ropa.
- - El machete y vuelve atrás – Dije volteando a verla.
Ella apretaba con fuerza la funda del machete. Asintió y lo lanzo con fuerza hacia mi.
El machete cayó muy cerca de mi y estire el brazo para alcanzarlo.
El disparo, pero esta ves hacia el elevador. Karen grito y por el grito supe que no le había dado. Aun así me hirvió la sangre.
Tome el machete y lo desenfunde lo mas rápido que pude.
El estaba de pie con una retorcida sonrisa en la cara y el brazo izquierdo ensangrentado y apuntándome con una pistola semiautomática calibre .9mm
- - ¿Crees que soy estúpido? Vi que tomaste el revolver, por eso me puse el chaleco.
<<- Genial No vio el machete ->>
Con un movimiento rápido alcance su brazo derecho con el machete. Este lo rebano como si cortara mantequilla.
El brazo callo y del muñón empezó a brotar sangre y de su boca surgió un grito de dolor.
Cayó de rodillas y apretó su muñón con su mano izquierda.
Me puse de pie frente a el y alce su barbilla con la punta del machete.
- - ¡Por favor, no me mates! ¡Te puedo pagar lo que sea! – Dicho esto busco en su pantalón y saco de este una cartera de piel – ¡Mira, te daré estos mil euros, pero por favor no me mates!
- - Es muy tarde para eso, para mi, para mis amigos y para ti.
Dicho esto alce el machete y lance el golpe.
- - ¡No, por favor! ¡Nooooo! – Grito el antes de que el machete le cortara la cabeza.
Rápidamente di la vuelta y recogí los pasaportes y el encendedor que había tirado cuando el alemán me disparo, además de la gabardina y la cartera.
Cuando la tome lo vi, enrojecido, esperando a que lo recogiera. Lo pensé un momento antes de recogerlo. Le di una calada y, para mi sorpresa, lo sentí suave y no áspero como me habían contado. Era la primera ves que fumaba.
Tome la funda del machete, lo guarde y me lo cargue en la espalda.
Volví al elevador con el cigarro en los labios.
- - No te preocupes Karen ¿Tu estas bien?
- - Si, fallo por mucho – Dijo señalando un agujero en la pared del ascensor
Apreté el botón de la planta baja y la puerta se cerró con un chillido.
Volví a fumar el cigarro y lo lance dando justo en el agujero de bala. Después me senté junto a la pared
- - ¿Estas seguro que estas bien? Tienes sangre en tu mano – Dijo señalando mi mano izquierda
Era cierto, me había dado en el brazo izquierdo, pero ya no sentía dolor. Hice a un lado la gabardina y en la manga de la camiseta se encontraba un agujero circular. Alce la manga y vi que la sangre llegaba asta mi mano, pero la herida se había ido dejando solo un circulo de sangre alrededor de piel en perfecto estado
- - ¿Pero como es posible? ¿Cómo es que se fue así de rápido?
- - Fue igual que el día de la bomba, esa ves me atravesó una barda, pero para cuando tu me despertaste ya no estaba
- - ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo pudo simplemente desaparecer – Pregunto insistentemente Karen.
- - Karen, cálmate,, eso no importa, lo importante es que estamos bien.
ME acerque a ella y la abrace para que se calmara. Después de un momento ya estaba calmada y la solté,
- - ¿Cómo vamos a salir de aquí? – Pregunto sollozando un poco
- - No te preocupes – Saque del pantalón las llaves que había tomado y se las mostré – Ya había pensado es eso.
Se sentó a mi lado apoyando su cabeza en mi hombro,
Saque el revolver y lo recargue. No creía que hubiera mas personas, pero no quería descuidarme.
El elevador se abrió y yo me levante y cargue a Karen a la que le había dado el arma.
Camine todo el pasillo asta llegar a la entrada. Parecía que ya era medio día.
Frente a mi un semi-circulo de cu7atro caros automóviles BMW se imponían ante mi.
Deje a Karen sobre uno de estos e intente abrir el primero, no funciono, la llave no entraba. Intente lo mismo con los otros autos, pero nada funciono.
En ese momento vi que detrás de uno de estos había una motocicleta plateada. Probé la llave en esta y funciono,
Regrese por Karen que parecía exhausta. La cargue asta la motocicleta y acelere lo mas que pude evitando tirar a Karen de la motocicleta. Quería largarme de allí lo antes posible