Arcano XIII. Capitulo 1

Arcano XIII

Cap 1: Rey de Copas

Tomo una copa, tomo una botella, salio de la amplia bodega de vinos y cerro con candado tras de si.

Se dio la vuelta y observo el lugar, era solo una puerta que llevaba a una bodega bajo tierra en su jardín, que estaba conectada a su casa por un túnel secreto y del cual solo el tenia la llave.

Se dio la vuelta y por un momento observo la puerta. Desde allí solo parecía una puerta postrada en medio del jardín, como si se tratara de una puerta que no lleva a ningún lado.

Se froto las sienes.

Volvió a la casa.

Estaba en silencio solo podía escuchar el zumbido de las lamparas fluorescentes. Las apago y ando entre los pasillos oscuros y silenciosos.

Llego a su cuarto de trabajo, tenia allí una computadora que no había encendido en casi un año, un viejo estéreo de discos de vinilo, un diván, un par de libreros y un escritorio.

Fue asta el escritorio y se sentó tras el. De un cajón saco una nava suiza y de esta un sacacorchos. Abrió la botella y se sirvió.

Olió el vino, vio su color a contra luz, observo con cuidado su cuerpo. Probaría su sabor y su textura. Se detuvo.

De otro cajón del escritorio saco un mazo de cartas, no un mazo americano sino un mazo español. Lo barajo por un momento y saco una carta. Rey de copas

Observo largo rato la carta en su mano izquierda y en su mano derecha apretaba la copa de vino.

La copa se rompió en su mano derecha y el cristal roto se le encajo en la piel, pero no emitió mas que un leve quejido.

Vio su mano con expresión de dolor y uno a uno fue quitando los trozos de vidrio gimiendo levemente mientras lo hacia.

Cuando termino envolvió la mano con un pañuelo, cuidando de apretarlo fuertemente.

Quito el corcho del sacacorchos con los dientes y tapo la botella, no quería que el vino se avinagrara.

Se dirigió al diván y se recostó. Tomo unos auriculares a prueba de ruido y encendió el estéreo. Por un momento solo observo el techo. Finalmente se quito los audífonos y se sentó en el diván. Había olvidado poner un disco.

Tomo uno de los discos que estaban guardados bajo el estéreo, lo coloco con cuidado y encendió la vieja maquina de música.

Era Ghost I-IV.

Apago las luces. Lentamente se sintió flotar y una sensacional cálida le lleno el cuerpo. Dejo que su mano derecha cayera a un lado y se dejo llevar por los sonidos.

Finalmente alguien lo despertó de su sueño sin sueño encendiendo las luces. Sintió sus pasos apresurarse y un suave toque en su pecho.

No escuchaba nada, los audífonos cumplían su trabajo a pesar de que la música ya se había detenido.

Cerro los ojos un momento y sintió como alguien le sacaba los audífonos y le tocaba la frente.

Su vos era como de ensueño.

  • ¿Esta bien?

Le tomo la mano con suavidad. Era su ¿Inquilina? No, a los inquilinos se les cobra la estancia, el prácticamente le pagaba para que se quedase. Su interna, si, era su interna.

  • No es nada
  • ¡¿Nada?! ¡Ese trapo que se puso esta empapado de sangre y esta ardiendo en fiebre!

No lo había notado asta ese momento, sentía la sangre correr entre sus dedos y el rostro caliente.

La escucho salir de la habitación con prisa mientras le pedía no moverse de allí.

Levanto su mano y la observo, estaba empapada y chorreaba.

Se intento levantar pero estaba mareado, continuo recostado.

Al llegar ella estaba a punto de la inconsciencia, pero pudo sentir sus manos suaves tomar su mano y quitarle el vendaje improvisado.

  • Rayos – la escucho murmurar mientras limpiaba su mano con algo – ¿Por que no se limpio esto?

No respondió, solo la dejo hacer su trabajo.

Sintió como vertía sobre su mano alcohol y como las heridas le ardían. Pudo sentir como le volvía a abrir la piel y le sacaba algo mas.

Finalmente le coció la mano y se la vendo.

Ella le volvió a tocar la frente y le introdujo algo en la boca. Le dio agua y trago.

Pudo sentir cuando se sentó junto a el en el diván y su mano busco la suya.

Ella aparto la mano al sentir su tacto áspero y se giro para verlo mejor.

  • Me a dado un susto.
  • Lo siento
  • Debería de cuidarse mas
  • Tu estas aquí para cuidarme
  • ¿Y si no lo estuviera?

Se levanto y se dirigió a la salida dejándolo en el diván.

  • Descanse

Al salir apago la luz y casi inmediatamente se quedo dormido.

No soñó

Despertó aturdido por el timbre de la casa. Por un momento no pudo recordar lo que había pasado la noche anterior, no fue asta que, al intentar centrase, se apoyo en su mano derecha y sintió un pinchazo de dolor.

Tenia algo en el regazo, una manta.

Le había sacado los tenis, los lentes y los dijes que llevaba al cuello.

Cuando se puso todo enésima y vio la hora se pregunto quien podría ser, eran las 12 de la tarde y la chica debería de estar en la facultad donde estudiaba, y ella nunca olvidaba sus llaves.

Se levanto y recorrió los pasillos de la casona asta llegar a la puerta principal.

Se acomodo el pelo lo mejor que pudo y abrió la puerta.

Había dos agentes de policía y otra persona de traje en la escalinata de la entrada.

Reconoció al hombre de traje, era un ex-compañero suyo

  • Por que traes escolta Jackson, no soy peligroso, o por lo menos no desde la ultima ves que revise.

Jackson, que había estado hablando los oficiales, se giro con una sonrisa en el rostro, se paso una mano por el pelo rubio y respondió alegremente a aquel saludo.

  • Hola Cuervo, No te preocupes por ellos ya se iban ¿Verdad muchachos?

Ambos oficiales lo miraron molestos, pero sin decir nada se volvieron a su patrulla dejándolos solos.

  • Bueno, a que se debe esta sorpresa Detective Jackson – Pregunto apoyándose en la puerta y cruzándose de brazos – O debería llamarlo Agente especial Jackson
  • ¿Escuchaste la noticia?
  • Me mude de estado no de continente

Jackson lo miro a los ojos y sonrío.

  • Tengo algo que decirte, me invitas a pasar
  • ¿Quieres café?
  • Lo necesito

Se separo de la puerta y la abrió, pero antes de entrar miro a Jackson y le dijo:

  • Lo ciento, no tengo café, pero conozco un lugar, deja me arreglo un poco.

Entro y se dirigió al cuarto de baño mas cercano don de se lavo el rostro y se peino lo mejor que pudo.

Se miro el rostro y observo las arrugas en el, las canas en su cabello y como los ojos comenzaban a pasar de un color azul turquesa a uno mas grisáceo.

Volvió a fuera y Jackson lo esperaba en un BMW negro.

  • Se de un lugar donde no nos molestaran.

Jackson condujo hacia la ciudad siguiendo las indicaciones de Cuervo e intento abrir una conversación por el camino, pero no pudo lograrlo, el solo le daba indicaciones.

Por fin llegaron al lugar, era una librería de dos pisos, o por lo menos eso parecía.

  • Es por allí – Indico una puerta abierta que parecía tener el marco roto y una inscripción en latín en este

El entro, pero Jackson dudo un momento, dio un suspiro y finalmente entro.

Al otro lado del portal había una ancha escalera, pero el ambiente era oscuro y aterrador, había luces rojas que iluminaban el las paredes, en las cuales estaba pintado un tenebroso bosque y entre los arboles se asomaban grandes felinos que estaban al asecho. Mas arriba solo se podía ver en luz atravesando lo que parecía ser una cortina de cuentas aun que era difícil decirlo desde ese ángulo.

  • Vamos, no te atrases ¿Acaso estas asustado? – Pregunto Cuervo en todo burlón.
  • No es eso – Replico el agente – es solo que esto es realmente escalofriante

Finalmente ambos cruzaron el umbral, que en efecto estaba cubierto por una cortina de cuentas.

El lugar era mucho mas agradable que la escalera, era mucho mas cálido, lleno de colores que iban del marrón al amarillo y al rojo. Las esquinas del lugar estaban redondeados, como lo estarían en un estudio fotográfico. Había mesas y sillas acomodadas en círculos concéntricos que parecían realmente estar formando una espiral. A la derecha había una barra y tras de esta varias personas con delantales verdes y una gran maquina de café que echaba vapor rítmicamente. Sobre la barra, colgado de unas cadenas delgadas un letrero ponía: “Nos reservamos el derecho de admisión a personas demasiado religiosas, snobs y hipsters”

  • Impresionante
  • Vamos, pedimos un café y me cuentas lo que pasa

Se sentaron en una mesa junto a la barra y rápidamente una camarera, que llevaba un mandil rojo donde ponía el nombre del lugar, “The First Circule” se acerco a pedir su orden.

  • Café negro y…

Cuervo solo hizo una seña con la mano y la camarera, de unos 20 años, con rayos azul en el cabello y varias perforaciones en el rostro asintió y se fue.

  • ¿No pedirás nada?

El solo dio un suspiro y se quito las lentillas para limpiarlas con un paño.

  • ¿Por que no me dices lo que necesitas decirme mientras esperamos por el café?
  • Bien, bien – Dijo solo un poco irritado y alzo las manos asta tomar una de las de Cuervo – Tengo que decirte… – Comenzó en tono serio – Que soy gay

Durante solo un momento hubo un silencio a su alrededor y algunos de los otros clientes los voltearon a ver.

  • No… – Comenzó Cuervo apartando las manos – No eres gay, eres bi,lo eres desde la universidad y lo eras cuando me retire
  • La universidad… que buenos tiempos
  • Si, claro, descubrir a tu compañero de cuarto, al que veías acostarse con una chica diferente cada noche, bajo tus sabanas dándote una mamada, no es algo que realmente me gusta recordar

Jackson comenzó a reír.

  • ¡Hey! No me digas que no te gusto descubrirme ¿No crees que soy guapo?
  • Claro que si, pareces Dorian Gray, pero realmente descubrirte si no fue agradable.

Mientras continuaban hablando la camarera que les había tomado la orden los estuchaba sonrojada, y pudo haber seguido escuchándolos si no fuera por que alguien mas le dio un ligero golpe en la cabeza con una carta.

  • Oi, deja de soñar y trabaja

El muchacho debería de tener unos treinta años e igualmente llevaba un mandil, era alto, por lo menos media un metro noventa y llevaba el pelo castaño revuelto.

  • Pe… perdón

La muchacha coloco un café negro frente a Jacson y un capuchino y un maso de naipes nuevo frente a King.

Este rápidamente tomo el maso y comenzó a barajarlo asta que finalmente saco una carta

  • Oye, no te escuche ordenar
  • Bueno, es que ya saben lo que quiero
  • Que ¿Eres dueño del lugar?
  • No, soy socio del dueño
  • Así que en esto inviertes tu dinero ¿Y Quien es el dueño?
  • Ash – Dijo mostrándole la carta que había sacado, un as de picas
  • ¿Cuantas veces tengo que decirte que me cambie el nombre? Ahora es Dante

El muchacho se había acercado por detrás de Cuervo, era el mismo que había sacado a la camarera de su sueño homoerótico

  • Hola Dante, este es Jackson, un viejo amigo mio, Jackson, este es Dante, dueño del café y la librería de abajo
  • Un placer
  • Un amigo de Cuervo es un amigo mio

Dante se sentó junto a ellos y el as de espadas

  • Siempre me he preguntado como haces eso, barajas las cartas un momento y sacas una carta que tiene que ver con una persona, ya sea con su nombre o su personalidad
  • Lo hace desde que lo conozco y nunca me a dicho como lo hace, y creerme lo conozco desde hace tiempo.
  • Lo se, me contó de ti, la historia de como descubrió que eres bi es hilarante.

Mientras ambos hablaban el barajaba nuevamente el mazo

  • Oye, saca otra carta – le dijo el agente viendo que volvía a barajar el mazo – Quiero ver que saque un rey de corazones.
  • Bien

Se detuvo y saco una carta, pero no se la mostró, solo la observo un momento en silencioso.

  • ¿Y Bien? ¿Que sacaste?

Le dio la vuelta a la carta y todos ambos lo observaron atónitos

  • Joker

El Castillo Oscuro Cap.3

3. Legola, Señor de Dalia

Para levantar la tregua Jhonatan decidió empezar con Delia, el reinado de los elfos.

Los pocos que conocían bien a los elfos sabían que estaban ligados a los árboles de los bosques en los que viven, por eso estaban enfermando, por que la guerra afectaba a los árboles.

Por lo mismo es que no pueden usar la madera de los árboles sin pedírselo primero, gracias a que conocían el lenguaje del viento con el que se comunican con estos.

Conseguir una audiencia con Legola no seria cosa fácil, pero tenia un plan  para que escucharan lo que tenia que decir.

Llego a la frontera al medio día, sabía que cada 50 metros hay un arquero para evitar que intrusos entraran en sus territorios.

Dejo sus armas, una espada curva llamada katana que había conseguido durante su viaje y un gran arco negro con detalles en plata, además de el pequeño carcaj que tenia atado a su pierna derecha y se hinco.

- Soy el rey de Gaia, Jhonatan I y vengo a solicitar una audiencia con su señor Legola

    Rápidamente uno de los guardias bajo del árbol en el que se encontraba. Llevaba el cabello largo recogido y se podían ver muy claramente sus orejas puntiagudas. Vestía ropas ligeras y una pechera no muy pesada, aunque Jhonatan sabia que esas ropas eran resistentes.

    - ¿Cómo se atreve a venir a pedir una audiencia con el después de lo que su pueblo nos ha hecho a nosotros? – Dijo el elfo molesto

    - No vengo mas que ha hablar con su rey sobre una tregua

    - ¿Una Tregua? ¿Después de lo que nos han hecho?

    - Quizá mi pueblo allá iniciado esta guerra, pero nosotros hemos sufrido tanto como ustedes.

            Con gran ira el elfo desenvaino su espada y la clavo en el hombro izquierdo de Jhonatan. La sangre empezó a brotar.

            Con la mano desnuda,  el joven rey tomo la filosa hoja y la saco con una clara expresión de dolor en el rostro.

            - Eso no era necesario – Dijo este poniendo su mano sobre la herida

              Con horror el elfo vio que el retirar la mano la herida del hombro y la mano ya no estaban y que la rota se empezaba a cerrar, solo quedo la mancha de sangre.

              - ¿Como has podido hacer eso?

              - es difícil de explicar… ¿ahora puedo ver a su señor Legola?

              - Muy bien, pero no te atrevas a hacer nada

              - Si te preocupa lo que pueda hacer lleva mis armas.

              - Eso no me asegura nada, eso que hiciste… te curaste solo y…

              - Que me pueda regenerar no significa que no sienta dolor.

              - Muy bien camina.

                            El elfo tomo las armas del hombre y este se puso de pie y se internaron en el bosque.

                            El bosque de Dalia era famoso por que uno podría caminar días sin encontrar rastro del pueblo elfico. Esto se debe a que estos viven bajo el suelo, entre las raíces de los árboles que tanto respetan, de hecho algunos que sabían esto creían que los elfos realmente nacían cuando las raíces de las árboles se entre cruzaban.

                            Después de caminar por un momento del bosque llegaron a un claro alargado que termina en un gran árbol, un anciano del que colgaban grandes frutos de color rojo sangre que algunos conocían como frutos sangrientos, debido a su color, mientras que los elfos los llaman frutos de vida ya que cuando uno de estos árboles da su primer fruto los elfos se establecen en sus raíces, que se abren y forman un lugar para que ellos vivan.

                            - Detente – Ordeno el elfo al joven rey.

                              De entre sus ropas saco una flauta y toco tres dulces notas de ella.

                              De entres los árboles las bellas y dulces criaturas aparecieron, observando con temor al humano de pie tras el guardia que sostenía las armas del humano.

                              Dos de ellos surgieron de las entrañas del viejo árbol de la vida, un hombre vistiendo elegantes ropas elficas y detrás de el una joven, hermosa entre las hermosas, vistiendo un blanco y largo vestido.

                              - ¿Qué es lo que pasa Reyba? ¿Y quien es este hombre? – Pregunto el rey elfico.

                                Reyba se postro ante su señor y respondió.

                                - Este hombre dice ser el rey de Gaia, señor Legola.

                                - ¿Acaso se burla de nosotros? Este no es su rey, su rey debe de tener ya 60 años y este hombre no ha de superar los 30.

                                - Usted se a de referir a mi padre señor, – Dijo Jhonatan – el dejo de ser rey de Gaia hace dos días, después de que yo volviera de mi viaje.

                                - ¿Acaso te he permitido hablar? – dijo molesto el elfo

                                - Su nombre es Jhonatan I – Dijo apresuradamente Reyba – Y ha venido a solicitar una audiencia con usted

                                          Furioso volvió a observar al joven rey.

                                          - ¿Crees que puedes venir aquí después de lo que tu gente le ha hecho a la mía?

                                          - Se lo que mi pueblo le ha hecho y lo lamento, por eso he venido a hablar con usted, para proponer una tregua.

                                          - ¿Una tregua?

                                          - Así es señor.

                                                  El elfo guardo silencio por un momento observando a Jhonatan.

                                                  - Si me permite hablar señor.

                                                    El elfo asintió con la cabeza

                                                    - Veo que no confía en mí ¿Por qué no dejamos que el árbol decida?

                                                      Todos lo observaron caminar lentamente hacía Legola y luego hacia el árbol, pero nadie hizo nada para detenerlo, ni siquiera el mismo Rey, como si el tiempo se hubiera detenido y solo el pudiera moverse.

                                                      Se paro frente al árbol, a un lado de la entrada del mismo, debajo de una gran rama en la que crecían 7 frutos de vida y poso su mano derecha sobre el tronco.

                                                      Todos los elfos lo miraban con pánico, eso era algo que nunca se había visto, alguien tan valiente como para decidir ser juzgado por el árbol y que un hombre lo tocara.

                                                      Jhonatan cerró los ojos y abrió la boca. Todos esperaron que de sus labios salieran palabras, pero de sus labios no salio mas que el susurro del viento que pasa entre las hojas que todos pudieron entender claramente.

                                                      - Si es que no soy de confianza, oh gran sabio, entonces deja caer esta rama sobre mi, pero, si al contrario, soy digno de tu confianza deja caer uno de tus frutos.

                                                        Por un momento ni siquiera el viento hizo ruido alguno asta que las hojas del árbol se estremecieron.

                                                        Todos pensaron que el árbol soltaría su rama sobre la cabeza del hombre, lo que lo mataría, pues esta empezó a bajar, pero se dieron cuenta de que no caería, si no que se doblo para dejar caer los siete frutos a espaldas del rey de Gaia.

                                                        La rama volvió a su lugar y el hombre hizo una reverencia al árbol.

                                                        - Ahora podemos hablar – Dijo mientras volteaba a ver a Legola

                                                          Legola se acerco a la entrada del viejo árbol y volteo

                                                          - Reyba, regresa a tu puesto, Taria acompáñanos y los demás, regresen a sus hogares.

                                                            Todos obedecieron y Jhonatan siguió a Legola dentro del viejo árbol.

                                                            A pesar de que aquel lugar estaba entre las raíces del árbol era amplio. Todo el lugar estaba adornada de una manera simple, lo que no sorprendió a Jhonatan ya que sabia que los elfos son criaturas, en general, humildes.

                                                            Los tres se sentaron en unos grandes sillones colocados frente a frente, Taria acompañando a su padre.

                                                            Taria se sentía atraída por el humano de ropas negras, pero tenia miedo de lo que su padre pudiera pensar sobre ella. Nunca antes había visto a un humano, solo sabia que sus cuerpos eran muy similares excepto por las orejas y la belleza de los cuerpos.

                                                            - ¿Y bien?

                                                            - Le diré que cuando volví de mi viaje lo primero que fue la devastación de nuestros pueblos – Suspiro agachando la cabeza y continuo hablando – Llegue al atardecer y los ejércitos se habían retirado ya. Vi los cuerpos de elfos, orcos y humanos por igual, vidas perdidas por una guerra sin sentido

                                                            - Cure a todos los heridos que encontré y regrese a la capital de Gaia. Pensé que después de 7 años esta tonta guerra ya había acabado, pero me equivoque. Sabia que mi padre estaría esperándome, pero no espere que decidiera dejar este asunto en mis manos.

                                                                  El hombre guardo silencio y levanto la mirada dando un suspiro.

                                                                  Se sentía cansado, en los últimos tres días apenas había podido conciliar el sueño gracias a su esposa. Estar junto a ella lo tranquilizaba, con solo rozar su suave piel su corazón se llenaba de alegría. Pero ahora ella no estaba allí, estaba en su castillo esperando a que el volviera para poder estar con el.

                                                                  Por fin Jhonatan bajo la cabeza y volvió a hablar.

                                                                  - Estoy cansado, estoy cansado de esta guerra y quiero terminarla lo antes posible.

                                                                    Taria se puso rápidamente de pie con una mano sobre el pecho al ver a su amado afligido y cansado, pero la mano de su padre la hizo volver a su asiento.

                                                                    - Entiendo que es lo que quieres, nuestros pueblos han sufrido y creo que no aceptar esta oportunidad seria una tontería – Dijo Legola poniéndose de pie lentamente – Será un honor para mi y para mi gente, aceptar este tratado de paz.

                                                                      El joven rey levanto la mirada y vio a aquel elfo que se presentaba imponente, mientras su rostro se iluminaba de alegría.

                                                                      Jhonatan se movió frente al elfo y se arrodillo.

                                                                      - Por favor esto no es necesario…

                                                                      - Durante mi viaje visite muchos lugares y he visto muchos árboles, pero ninguno me a sorprendido tanto por su belleza que el árbol de sakura - Dicho esto tomo una pequeña bolsa que tenia atada a la cintura y se la ofreció al elfo – Es he traído unas semillas de estos árboles como símbolo de esta tregua.

                                                                          Legola tomo la bolsa sin saber que decir. No fue hasta que el hombre se puso de pie que el rey pregunto por fin.

                                                                          - ¿Y como son estos árboles?

                                                                          - Son pequemos y delgados cuando jóvenes durante el verano florecen y sueltan sus hermosos pétalos rosados.

                                                                          - Aceptare tu ofrenda Jhonatan I de Gaia, espero que tu aceptes el mió.

                                                                          - ¿Y cual es este? Legola señor de Delia

                                                                          - Espero que aceptes a mi hija como tu esposa.

                                                                                    Ante esta propuesta el rostro de la elfa se lleno de sorpresa y felicidad a la vez decorada con un leve sonrojo. En cambio Jhonatan únicamente bajo la mirada y suspiro.

                                                                                    - Me temo – Dijo lentamente el hombre- que no puedo aceptar su oferta

                                                                                    - A que te refieres.

                                                                                    - Me encantaría aceptar tu ofrenda y lo haría con gran felicidad, pero – hablando lentamente – me temo que ya estoy casado

                                                                                          Con algo de decepción en la cara de los dos elfos Legola dijo

                                                                                          - Me temo que no tengo otro presente para darte.

                                                                                            Pero Jhonatan tenia algo mas en mente

                                                                                            - Quizás tengas mas que uno, quizás tengas siete.

                                                                                              Ese comentario no necesitaba mayor explicación para Legola

                                                                                              - Muy bien, entonces salgamos, tengo que darles esta noticia a mi pueblo.

                                                                                                Los tres volvieron al exterior, Legola por delante, Jhonatan a su izquierda y Taria a su derecha.

                                                                                                El elfo saco una flauta parecida a la que había usado Reyba para llamarlos y toco las mismas tres dulces notas.

                                                                                                Rápidamente todos los elfos que habían estado antes allí, con excepción de Reyba, aparecieron ante el llamado del rey.

                                                                                                - Hermanos y hermanas, hoy debemos alegrarnos, este noble hombre decidido que esta guerra ya no tiene ningún sentido y yo estoy de acuerdo con el, así que hemos decidido alzar una tregua asta encontrar una solución a esta.

                                                                                                  Todos los elfos que estaban allí empezaron a murmurar y luego a aplaudir de alegría.

                                                                                                  - Como símbolo de este pacto el me entrego estas semillas de un árbol que encontró durante su viaje y yo lo he aceptado con jubilo.

                                                                                                    Dicho esto Legola camino asta donde se encontraban los frutos y tomo uno de ellos.

                                                                                                    - Ya que no tengo nada mas que ofrecerle y a que el árbol lo a reconocido como alguien de suma confianza le daré uno de estos frutos ya que se que lo utilizara para nada mas que no sea encontrar la paz de nuestros pueblos.

                                                                                                      Jhonatan se acerco al elfo y tomo el fruto en su mano derecha y lo levanto con orgullo. El fruto se sentía calido y palpitante, lleno de vida.

                                                                                                      - Gracias Legola, ahora tengo que volver a Gaia a anunciarle a mi pueblo esta gran noticia.

                                                                                                      - Espero que vuelvas a visitarnos Jhonatan.

                                                                                                      - No te preocupes Legola, lo are.

                                                                                                      - Parte ya que esta noticia no puede esperar.

                                                                                                              Y empezó a caminar por el claro ante la mirada de los elfos concentrado en el fruto lleno de vida y con la cara llena de felicidad. Tenia mucho que hacer aun, pero ya había dado el primer paso para alcanzar la paz.

                                                                                                              Una pequeña elfa de no mas de 5 años se acerco corriendo hacia el mientras su madre, que estaba abrazada de uno de los árboles la llamaba

                                                                                                              - Lira, vuelve -gritaba ella.

                                                                                                                Jhonatan la vio acercarse y se detuvo para poder saber que lo que la niña quería.

                                                                                                                - ¿Qué es lo que quieres pequeña? – Dijo suavemente

                                                                                                                  La pequeña le sonreía mientras sostenía una flauta en sus pequeñas manos.

                                                                                                                  - Quería darte esto – Dijo ofreciéndole la flauta.

                                                                                                                    Jhonatan se puso de cuclillas para poder esta a la altura de la pequeña.

                                                                                                                    - ¿Por qué me lo das? – Pregunto con curiosidad

                                                                                                                    - Tu curaste a mi padre, gracias a ti el sigue vivo

                                                                                                                    - ¿Y donde esta tu padre ahora pequeña?

                                                                                                                    - Esta en casa, sigue débil y creo que esta enfermo – Dijo con un tono algo triste

                                                                                                                    - No te preocupes pequeña – Dijo poniéndole una mano en la cabeza – el se pondrá bien.

                                                                                                                              Jhonatan tomo la flauta y el rostro de la pequeña Lira se ilumino de felicidad

                                                                                                                              - Ahora vuelve con tu madre

                                                                                                                                Con una gran sonrisa iluminando su rostro la pequeña Lira regreso corriendo con su madre y Jhonatan volvió a ponerse de pie para continuar su trayecto asta Gaia con el rostro iluminado de felicidad.

                                                                                                                                Camino por el bosque para poder volver a encontrar a Reyba, ya que el se había quedado con sus armas.

                                                                                                                                - ¡Reyba! – Grito el humano ya casi en el limite del bosque.

                                                                                                                                  Hubo un murmullo de hojas, pero nada más.

                                                                                                                                  El cielo se empezaba a oscurecer, y el viento entre los árboles parecían voces, las voces del bosque.

                                                                                                                                  << El tiempo junto a los elfos parece moverse diferente>> pensó

                                                                                                                                  - ¡Reyba, el pacto es un hecho, nuestros pueblos están ahora en paz!

                                                                                                                                    El murmullo de las hojas otra vez, pero algo más. El fino oído del hombre alcanzo a escuchar el sonido de un al tensarse antes de disparar una flecha.

                                                                                                                                    Jhonatan dio un salto a la derecha, justo a tiempo para evitar un disparo mortal, pero la flecha alcazo a herirle el brazo izquierdo

                                                                                                                                    - ¡Sal ya drow! – Grito el desde el suelo.

                                                                                                                                      Se sostenía la herida sangrante con su mano derecha que ahora estaba cubierta por un metal parecido a la plata.

                                                                                                                                      A diferenta de la herida que le había hecho Reyba con su espada, esta no se había cerrado rápidamente, se cerraba, pero muy lentamente

                                                                                                                                      - ¡Sal ya drow! – Volvió a gritar.

                                                                                                                                        Otra vez el sonido del arco, pero esta vez no podría esquivarla.

                                                                                                                                        Quito la mano de la herida, dejando en su lugar un pedazo de aquel extraño metal sobre la misma.

                                                                                                                                        Las garras habían desaparecido como si se escondieran debajo de la piel.

                                                                                                                                        La flecha fue lanzada pero no logro hacerle mayor daño que atravesarle la mano que la intercepto. La punta de esta quedo a poca distancia de la nariz del joven rey, golpe que podría haber sido mortal.

                                                                                                                                        Con la flecha aun en la mano se levanto y grito nuevamente.

                                                                                                                                        - ¡Sal ya maldición! ¡Sal ya elfa!

                                                                                                                                          Por un largo momento nada ocurrió, después se escucho el ruido de las hojas rozando contra la tela. Finalmente una figura encapuchada bajo del árbol del que las flechas habían salido.

                                                                                                                                          La capa no dejaba ver mas que la parte inferior de su cara. Podía ve que su tez era morena.

                                                                                                                                          - ¿Cómo lo supiste? – dijo la figura con una suave vos femenina.

                                                                                                                                          - El ruido de las hojas y tu olor – Dijo el calmadamente

                                                                                                                                          - ¿A que te refieres?

                                                                                                                                          - Ellos no hacen ruido cuando están en sus árboles, además tu hueles a flores y humedad ellos huelen a flores y madera.

                                                                                                                                          - No me refería a eso, ¿Cómo supiste que soy elfa?

                                                                                                                                          - Por tus flechas.

                                                                                                                                          - ¿mis flechas?

                                                                                                                                          - Normalmente mis heridas se cierran rápidamente, pero ciertas armas especiales hacen que el proceso sea mas lento.

                                                                                                                                                          En ese momento la herida que tenia en el brazo era solo una pequeña línea roja.

                                                                                                                                                          - ¿Que tiene eso que ver eso con mis flechas? – Replico ella.

                                                                                                                                                          - Solo sus mejores guerreros usan esas flechas. Su sociedad es matriarcal y sus mejores guerreros son mujeres, seria muy poco probable que fueras hombre.

                                                                                                                                                              Por la mente de la elfa cruzo una idea que rápidamente se convirtió en palabras.

                                                                                                                                                              - ¿Cómo sabes eso?

                                                                                                                                                              - en Gaia no solo habitan humanos ¿sabes? Hay elfos, drows y también orcos. Una ves yo ayude a un grupo de los tuyos y me explicaron como son las cosas en Altaír.

                                                                                                                                                                  El hombre empezó a acercarse a la elfa, que rápidamente desenfundo una estada escondida en su manga derecha.

                                                                                                                                                                  - ¡No te acerques mas! – Grito ella apuntándole con la espada al Jhonatan

                                                                                                                                                                  - ¿Que es lo que quieres?

                                                                                                                                                                  - No responderé a tus preguntas – Dijo ella furiosa

                                                                                                                                                                        En ese momento el hombre tomo la flecha incrustada en su mano y la arranco con facilidad, lo que hizo retroceder a la elfa asta chocar con el árbol del que había bajado. Como antes, el solo había mostrado una expresión de dolor.

                                                                                                                                                                        - Parece que estabas lista de acabar de un solo golpe – Dijo mostrándole la mano ensangrentada en la cual se cerraba rápidamente la herida.

                                                                                                                                                                          Esas palabras hicieron temblar a la elfa, pero lo que le aterro mas fue ver que en la mano izquierda del hombre se empezaba a formar algo con un metal parecido a la plata. En un principio creyó que se trataba de una espada asta que vio que se curvaba.

                                                                                                                                                                          Con aquel arco improvisado y la ensangrentada flecha Jhonatan sabia que obtendría respuestas y el silencio de la elfa, aunque no pensaba lastimarla

                                                                                                                                                                          - ¿Quien te mando? – Pregunto apuntándole a la elfa.

                                                                                                                                                                            La elfa titubeo, no sabia si mentir y traicionar a su pueblo o decir la verdad y traicionarse a si misma.

                                                                                                                                                                            - Viniste por tu propia cuenta – Dijo Jhonatan ante el silencio de ella.

                                                                                                                                                                              La afirmación del hombre la asusto aun más.

                                                                                                                                                                              El hombre empezó a acercarse, apuntándole siempre al cuello.

                                                                                                                                                                              - ¡Aléjate! – Grito ella juntando todo el valor que pudo, pero su voz expreso el miedo que sentía.

                                                                                                                                                                                El miedo la había invadido y había perdido todo esperanza de volver a Altaír con vida, siquiera de volver a Altaír.

                                                                                                                                                                                - ¡Aléjate! – volvió a gritar arrojando su espata que callo a los pies del hombre.

                                                                                                                                                                                  El no dijo nada, solo continuo caminando hacia ella.

                                                                                                                                                                                  El arco se disolvió en su mano y arrojo lejos la flecha.

                                                                                                                                                                                  Al no encontrar más protección lo único que pudo hacer fue cruzar los brazos sobre su pecho.

                                                                                                                                                                                  Al tenerlo frente a frente pudo ver que era más grande que ella.

                                                                                                                                                                                  Con un suave movimiento le quito la capucha dejando ver su larga y ondulado cabello.

                                                                                                                                                                                  Pudo ver sus ojos verdes y no vio en ellos ira, más bien veía cansancio y felicidad, aunque también algo de tristeza.

                                                                                                                                                                                  Jhonatan se recargo en el árbol con ambas manos, lo que sobresalto a la elfa, ya que la había dejado sin salida

                                                                                                                                                                                  - ¿Cuál es tu nombre?

                                                                                                                                                                                    Su voz sonaba tranquila y cansada, lo que calmo solo un poco a la elfa

                                                                                                                                                                                    - Cairo

                                                                                                                                                                                      Acerco su rostro al de ella como si estuviera a punto de besarla.

                                                                                                                                                                                      La respiración de el era calmada y lenta, mientras que la de ella era, mas bien, torpe y rápida.

                                                                                                                                                                                      - Muy bien Cairo, Si prometes no decir nada de lo que paso aquí yo no diré que te vi aquí.

                                                                                                                                                                                      - ¿De que hablas?

                                                                                                                                                                                      - Pronto los visitare y quiero que sea una sorpresa mi llegada – tomo un respiro y continuo – ¿entiendes?

                                                                                                                                                                                            Ella desvió la mirada, quería evitar ver aquellos ojos que le parecían extrañamente familiares.

                                                                                                                                                                                            - Si, entiendo

                                                                                                                                                                                            - Muy bien

                                                                                                                                                                                                Retiro la mano izquierda y quedo apoyado únicamente en la derecha

                                                                                                                                                                                                - Vete ya

                                                                                                                                                                                                  Con un rápido movimiento se escabullo pero Jhonatan alcanzo a detenerla tomándola de la capucha.

                                                                                                                                                                                                  - Espera

                                                                                                                                                                                                  - ¿Ahora que?

                                                                                                                                                                                                  - ¿Dónde esta Reyba?

                                                                                                                                                                                                  - Si te refieres al elfo que estaba aquí, esta detrás del árbol.

                                                                                                                                                                                                          Rápidamente se libero y comenzó a correr en dirección a Altaír.

                                                                                                                                                                                                          Le dio la vuelta al árbol y allí encontró a Reyba, estaba bien, pero estaba inconciente.

                                                                                                                                                                                                          - Maldición Reyba, pensé que eras mas fuerte.

                                                                                                                                                                                                            Dicho esto tomo sus cosas y retomo su camino hacia Gaia. Por fin podría descansar y lo necesitaba ya que el siguiente día que ir a Altaír y seria un largo viaje.

                                                                                                                                                                                                            El Castillo Oscuro Cap.2

                                                                                                                                                                                                            2. Jhonatan I de Gaia

                                                                                                                                                                                                            Después de que el rey George IV abdicara al momento en que su hijo Jhonatan, este tubo que tomar el control de un pueblo temeroso y debilitado por la guerra. La mayoría lo miraba con recelo y temor. Quienes lo habían conocido antes se habían sorprendido al verlo nuevamente, ya que no lo reconocieron de inmediato.

                                                                                                                                                                                                            Mucho en el había cambiado desde hacia 7 años cuando dejo Gaia para explorar el mundo lejos de aquella insulsa guerra.

                                                                                                                                                                                                            Sus ojos que antes eran de color café, y apagados por la tristeza ahora eran verdes y brillaban en valor. Su cabellera negra había crecido asta los hombros. Había partido vistiendo ropas color pero ahora bestia ropas negras y un abrigo de piel también negro.

                                                                                                                                                                                                            Durante la mayor parte de su vida, Jhonatan tuvo problemas para entablar relaciones con la gente, era introvertido y no solía entablar conversación con cualquiera con quien se cruzase. Parecía estar todo e tiempo triste y en su mirada brillaba la nostalgia.

                                                                                                                                                                                                            Ahora estaba alegre, y ese brillo de nostalgia fue consumido por el de la esperanza.

                                                                                                                                                                                                            Su compañía también había cambiado. A los 18 años debido a una disputa con su padre sobre la guerra decido partir acompañado de 4 amigos y su entonces prometida Karen, solamente ella regreso.

                                                                                                                                                                                                            Ahora la acompañaba una mujer de gran vestido azul, tez blanca, cabellos largos y negros y hermosos ojos verdes, su esposa Maria.

                                                                                                                                                                                                            Quienes se habían encontrado con una elfa esperaban ver que tuviera las orejas puntiagudas pero era tan humana como todos ellos.

                                                                                                                                                                                                            Un año antes de dejar Gaia, el joven príncipe había tenido un affaire con una mujer de las provincias del norte, con quien había mantenido relaciones carnales que no fueron castigadas ya que la mujer murió en el lecho del príncipe, se rumoreaba que el la había matado, pero también se decía que un demonio lo había hecho. Claro que esta fue la versión que fue aceptada por su padre.

                                                                                                                                                                                                            Tiempo antes de decidir emprender su viaje Jhonatan descubrió algo que le ayudaría en su travesía: Tenía la capacidad de hablar diferentes lenguas.

                                                                                                                                                                                                            Esto lo descubrió Cuando paseaba por los jardines externos del castillo, pensando en lo que había estado pasando en los últimos meses y lo que debía de hacer ahora. Su padre le había arreglado una boda que se festejaría unos meses después con una hermosa dama y noble dama llamada Karen, pero debido a lo que había pasado antes y al amor que había sentido por aquella mujer prefería esperar más tiempito para que la herida que había dejado en su corazón se cerrara.

                                                                                                                                                                                                            Mientras hacia esto alcanzo ha escuchar voces que provenían de la entrada principal. Pensó en un principio que se trataba de alborotadores asta que alcanzo a distinguir que las voces eran en su mayoría femeninas lo que le llamo la atención.

                                                                                                                                                                                                            Al acercarse vio a un grupo de 5 y un hombre que vestían túnicas negras con capuchas y que hablaban al guardia quien parecía no entenderles.

                                                                                                                                                                                                            Al acercarse más vio que los que hablaban no eran humanos sino drows quienes intentaban decirle al guardia que solicitaban una audiencia con el rey.

                                                                                                                                                                                                            Jhonatan detuvo al guardia que estaba apunto de atacarlos y les pregunto si alguno de ellos hablaba su idioma, ante la negativa el decidió ser su voz.

                                                                                                                                                                                                            Los elfos, que habían vivido en Gaia 50 años antes de que empezara la guerra, quería que se los tratara con respeto, ya que donde se habían asentado surgió un pequeño rió que alimentaba a varias granjas de esta provincia.

                                                                                                                                                                                                            Ante esto, el rey ordeno, gracias a un poco de presión de Jhonatan, que se respetara a todos los elfos que vivieran en Gaia desde 10 años antes del inicio de la guerra y que no hacerlo representaría un crimen contra los recursos de Gaia.

                                                                                                                                                                                                            Al volver de su viaje de 7 años lo primer que sus ojos vieron fue la desolación del campo de batalla. Junto con su esposa Maria curaron a elfos, orcos y humanos por igual.

                                                                                                                                                                                                            Los elfos que los vieron creyeron que eran de su propia rasa, el resultado de la combinación de las dos. Mientras tanto los orcos que los vieron pensaron que Efesto en persona los había moldeado.

                                                                                                                                                                                                            Cuando tomo la corona de Gaia algunos pensaron que no soportaría la presión de la guerra mientras que otros creyeron que traería la paz de nuevo a Ávalon.

                                                                                                                                                                                                            El Castillo Oscuro Cap.1

                                                                                                                                                                                                            El Castillo Oscuro

                                                                                                                                                                                                            1. La guerra de los cuatro reinos

                                                                                                                                                                                                            La guerra de los cuatro reinos de Ávalon, Gaia, Delia, Altaír y Gorim, había comenzado cuando un  grupo de gitanos comerciantes había desaparecido en las llanuras de Gorim, tierras que pertenecen a los orcos, criaturas que no dudarían en atacar a cualquiera que entrara en sus territorios, siempre y cuando que representaran una amenaza para ellos.

                                                                                                                                                                                                            Los orcos son criaturas muy cuidadosas con todo aquel que entre en su territorio, esto se debe a que cientos de años atrás, elfos y humanos les habían quitado sus tierras, debido a que ellos creían que en cualquier momento ellos los atacarían y los esclavizaron mandándolos a minas o a los hornos para aprovechar sus habilidades físicas y metalúrgicas.

                                                                                                                                                                                                            Las mujeres, al no ser feas si no en cambio, algo bonitas, fueron vendidas a traficantes y usualmente se les llevaba a reinos fuera donde eran prostituidas. Existían pocos casos en Gaia en el que una orca quedaba preñada de un humano, el resultado eran bebes aparentemente humanos, pero con forme crecían sus cuerpos se deformaba asta tener la corpulencia de un orco.

                                                                                                                                                                                                            Ellos son criaturas de piel negra como el carbón y cabello gris como cenizas y ojos rojos como brasas. La mayoría llega a medir mas de 1.80 y son de cuerpos musculosos en el caso de los machos, las mujeres de este pueblo también llegan a medir mas de 1.80, pero de bajo del 1.90.

                                                                                                                                                                                                            A pesar de lo que se creía, los orcos no atacarían a nadie sin razón aparente, de hecho, preferían duelos inofensivos a grandes batallas letales.

                                                                                                                                                                                                            Se tenía la creencia de que ellos habían nacido de los hornos de Efecto, a lo que se debía su singular apariencia, y que este les había enseñado las artes de la metalurgia de la cual ellos son maestros.

                                                                                                                                                                                                            Después de vivir un largo tiempo como esclavos para los humanos, el rey Krato de Gaia les devolvió sus tierras, las llanuras de Gorim, desde ese momento tenían mucho cuidado con cualquiera que entrara en sus territorios para evitar intrusos a indecibles.

                                                                                                                                                                                                            Durante la disputa entre, el en ese entonces, señor de las llamas Gardar y, el en ese entonces rey de Gaia George IV los orcos culparon a los elfos de Dalia, quienes a su ves culparon a sus “primos” oscuros o Drows, como los conocían algunos, de Altaír.

                                                                                                                                                                                                            Los elfos tienen piel clara, ojos de color azul claro, su cabello dorado y largo, ellos son famosos por su belleza y sus habilidades con arco y flecha, además de sus longevas vidas.

                                                                                                                                                                                                            Sus primos oscuros también son bellos pero su piel es morena, su pelo es negro y sus ojos color miel. También hábiles con el arco, además de que comparten la longevidad de sus “primos”.

                                                                                                                                                                                                            Fácilmente se podría confundir a un elfo con un humano si no fuera por un pequeño detalle, sus orejas puntiagudas que muchas veces han aterrado a quienes no las vieran asta estar demasiado cerca.

                                                                                                                                                                                                            Desde hacia mucho tiempo existía una tensa paz entre los elfos y sus “primos” oscuros que se rompió justo el día en que la guerra comenzó.

                                                                                                                                                                                                            La leyenda que existía del origen de estas hermosas criaturas era que estos habían nacido al mismo tiempo durante un orgasmo de Afrodita. Los oscuros habían surgido de una lágrima, mientras que los claros de un suspiro.

                                                                                                                                                                                                            Ares en persona les enseño el uso del arco, del cual se convirtieron en maestros, y en el de las espadas.

                                                                                                                                                                                                            No se sabe bien cuando había surgido su disputa, pero se sabia que los oscuros dejaron los bosques, que habían sido su hogar junto con los claros, y se movieron a sus actuales tierras, las montañas de Altaír.

                                                                                                                                                                                                            Durante 30 años la guerra entre los cuatro reinos había mermado los recursos y la población de cada uno de ellos, todo esto antes de que llegara la tregua

                                                                                                                                                                                                            NightStalker Cap3

                                                                                                                                                                                                            Capitulo III: Fábrica de muerte

                                                                                                                                                                                                            Habían pasado tres semanas desde lo que paso en Grecia y hacia dos semanas viajamos a Italia.

                                                                                                                                                                                                            Para mi suerte nadie había notado lo que paso en el templo de Atenas, ni siquiera Karen, pero lo que si notaron fue que, mágicamente, me había convertido en políglota.

                                                                                                                                                                                                            Hoy estábamos en el norte, muy cerca de la frontera con Francia. Viajamos aquí por la fama de los antros, además de que la mitad del grupo quería venir, así que los demás no nos opusimos.

                                                                                                                                                                                                            Antes de salir decidí tomar una ducha y, aprovechando, rasurar el delgado vello facial que me había salido en estos últimos días.

                                                                                                                                                                                                            Lo que me resulto extraño fue que me saliera vello facial, ya que toda mi vida había sido lampiño.

                                                                                                                                                                                                            El lugar al que fuimos tenia fama se tener buen trato con los turistas, algo que abecés es difícil de encontrar en este tipo de lugares, muchas veces tuve que aguantar las ganas de romperle la cara a alguien por escupirme en la cara solo por mi acento, pero e calmaba para evitar que nos echaran de esos ligares por mi culpa.

                                                                                                                                                                                                            El lugar era una vieja bodega que se encontraba a las afueras de esta pequeña ciudad. Había sido comprada por unos empresarios que la ambientaron para hacerla un antro.

                                                                                                                                                                                                            Lo extraño de este lugar eran los precios. La entrada era de apenas 3 euros y las bebidas eran muy baratas, incluso para ser una vieja bodega.

                                                                                                                                                                                                            Al llegar había una un gran grupo de gente alrededor de la entrada.

                                                                                                                                                                                                            • - Vamos John, sácale provecho a tu altura y ábrenos paso – Dijo Alfredo.

                                                                                                                                                                                                            Tenia razón, podía usar mi altura para abrirme paso entre aquella multitud.

                                                                                                                                                                                                            • - No vamos a entrar rápido, hoy no hay cover.
                                                                                                                                                                                                            • - Muy bien.

                                                                                                                                                                                                            Nos acercamos al grupo de gente que se arremolinaba y empecé a avanzar por el. No me fue muy difícil pasar, al verme la gente simplemente se hacían a un lado y nos dejaban pasar.

                                                                                                                                                                                                            Ya a un metro de la entrada pude ver al guardia parado sobre una plataforma revisando quien entraba.

                                                                                                                                                                                                            • - Mierda – Grito alguien en italiano a un lado de mi – Me pisaste

                                                                                                                                                                                                            Quien dio el grito era un joven apenas mayor que yo, casi de mi altura, vistiendo pantalón de vestir gris y camisa azul cielo, calzando zapatos lustrados.

                                                                                                                                                                                                            • - Lo siento amigo – Le dijo en ingles José Luís al ver que lo había pisado – No fue mi intención.
                                                                                                                                                                                                            • - Entupido americano – Le grito en ingles con un tono aun mas enojado – Estos zapatos me costaron 200 euros, ahora me los vas a pagar
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué demonios? No te voy a pagar 200 euros por unos zapatos que apenas se ensuciaron.

                                                                                                                                                                                                            Después de decir esto le dio la espalda.

                                                                                                                                                                                                            • - No me des la espalda.
                                                                                                                                                                                                            • - Vete a la mierda. – Le respondió José Luís sin voltear a verlo.

                                                                                                                                                                                                            En ese momento un sonido capto mi atención, el sonido de una pistola 9mm al cargarse

                                                                                                                                                                                                            • - No me des la espalda.

                                                                                                                                                                                                            Al sentir José Luís el cañón de la pistola en la nuca se quedo inmóvil

                                                                                                                                                                                                            • - Me vas a pagar los 200 euros o te voy a volar la jodida cabeza
                                                                                                                                                                                                            • - Cálmate, no hagas una estupidez – Le dije algo intimidado
                                                                                                                                                                                                            • - ¡Cállate! – Me grito y me apunto con la pistola y haciendo un ademán de que iba a disparar.

                                                                                                                                                                                                            En ese momento, como una premonición, vi lo que tenia que hacer. Antes de que pudiera jalar el gatillo tome la pistola con la mano izquierda, apuntándola al aire y poniéndole el seguro.

                                                                                                                                                                                                            Sin soltar la pistola gire hasta dejarlo a mi derecha y lo golpee con mi codo en la axila con la suficiente fuerza para dislocarle el hombre.

                                                                                                                                                                                                            En pocos segundos lo había dejado inconciente. Aun sujetaba con fuerza la pistola

                                                                                                                                                                                                            • - Pendejo – dije quitándole la pistola. Le saque la cartuchera. Lanza la cartuchera con mucha fuerza lejos de la multitud y deje la pistola en su pecho.

                                                                                                                                                                                                            La personas que antes se arremolinaban en la entrada se habían ido y solo sólo un grupo de personas alrededor de nosotros.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Oye tú! – Dijo una vos a mis espaldas – ¿Cuántos?

                                                                                                                                                                                                            Voltee y vi que era el guardia quien hablaba.

                                                                                                                                                                                                            • - Somos seis

                                                                                                                                                                                                            El guardia de seguridad nos hizo una seña y nos dejo pasar.

                                                                                                                                                                                                            • - Acaban de entrar seis – Dijo levemente pensando que no lo podría escuchar

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            El ruido de la música era molesto, el trabajo era mucho, pero la paga era mas que suficiente, 30 dólares la nuche y otros 10 por cabeza, mas que suficiente para mi, tenia 29 años ganaba unos cuarenta dólares diarios y en la cuenta de ahorros tenia suficiente dinero para comprarme el auto de mis sueños.

                                                                                                                                                                                                            Lo extraño de mi trabajo era ese bono extra y el hecho de que tenía que cuidar mi apariencia, especialmente mi cara.

                                                                                                                                                                                                            La migraña no era suficiente para detener la emoción de la noticia que me acababan de dar, esa noche ganaría el triple de lo que ganaría en una noche normal, no podía esperar a encontrar a las personas que me ayudarían a jubilarme en menos de 20 años de trabajo.

                                                                                                                                                                                                            Ya había preparado las pastillas y solo esperaba a que llagaran.

                                                                                                                                                                                                            Entonces vi a un grupo de tres hombre y tres mujeres.

                                                                                                                                                                                                            • - << Deben de ser ellos>>- Pensé rápidamente, eran como los describió el guardia.

                                                                                                                                                                                                            La barra no estaba llena solo dos de seguridad que deben confirmarme, y lo hacen sin mas demora.

                                                                                                                                                                                                            Los Chicos empezaron a hablar y los tipos de seguridad se retiraron. Ellos siguieron hablando y yo me empecé a impacientarme.

                                                                                                                                                                                                            Por fin dejaron de hablar, pero solo uno se acerco a la.

                                                                                                                                                                                                            Era un Joven alto, llevaba puestos unos jeans azules y una camiseta azul marino con manga falsa, que ponía en letras rojas Goldie Utility y debajo una palma plateada con una pequeña estrella en el medio.

                                                                                                                                                                                                            El joven se acerco a mi barra y se sentó en la silla mas próxima a mi, donde se froto las sienes.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Se siente bien? – Pregunte, esa no era una manera común de comportarse e un lugar como ese, alguien con dolor de cabeza no va a un lugar ruidoso a menos de que tenga algo importante que hacer hay.
                                                                                                                                                                                                            • - Si, me ciento bien, solo tengo un ligero dolor de cabeza.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Quiere tomar algo?.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Cómo? No lo escuche bien por la música – Hablando de manera fluida y con un claro acento americano, cosa que era muy coman ahí.
                                                                                                                                                                                                            • - Le pregunte que si quiere tomar algo – Dije un poco mas fuerte para que me es cuchara.
                                                                                                                                                                                                            • - Si claro, un martín
                                                                                                                                                                                                            • - Ahora mismo

                                                                                                                                                                                                            Mientras preparaba el martini vigile al muchacho para asegurarme de que no viera cuando puse las drogas en su bebida, pero me di cuenta de que no tenia interés en su bebida, sino en una de la muchachas que lo acompañaban.

                                                                                                                                                                                                            Termine de preparar el martini y lo puse en la barra junto a el.

                                                                                                                                                                                                            • - Aquí tiene su martini – Dije para llamar su atención
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Ehh? – dijo volteando a mi – ¡Ah! Gracias, ¿Cuánto va a ser?
                                                                                                                                                                                                            • - Dos euros – Respondí
                                                                                                                                                                                                            • - Toma – Dijo sacando dos monedas de su bolsillo y dejándolas en la barra.
                                                                                                                                                                                                            • - Gracias

                                                                                                                                                                                                            Tome las monedas tomaba el martini y se iba.

                                                                                                                                                                                                            • - Va uno, faltan cinco.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            La música era fuerte, las luces de colores destellaban, las personas bailaban a mi alrededor.

                                                                                                                                                                                                            Aunque tenia dolor de cabeza seguía ahí, además el martini me lo había quitado un poco.

                                                                                                                                                                                                            Pasaba entre la gente para llegar asta donde estaba Karen

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Ya estas mejor? – Me dijo alegremente
                                                                                                                                                                                                            • - No necesito un martini para sentirme bien cunado te tengo a mi lado – Le respondí
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Me das un trago? – Pregunto señalando la copa de plástico que llevaba en la mano
                                                                                                                                                                                                            • - Claro, toma – Ofreciéndole0 el martini

                                                                                                                                                                                                            Tomo un trago y me lo devolvió

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas seguro de que estas bien? – Me pregunto Karen al ver como me pasaba la mano por las sienes
                                                                                                                                                                                                            • - Seguro, solo tengo un poco de dolor de cabeza
                                                                                                                                                                                                            • - Ven, vamos a subir – dijo señalando una escalera de caracol muy cerca.

                                                                                                                                                                                                            Subimos la escalera de caracol y nos sentamos en una mesa cerca de la pared.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas seguro de que te encuentras bien? – me pregunto nuevamente mientras me tocaba la frente.
                                                                                                                                                                                                            • - Si, estoy bien – Le dije mientras ponía el martini sobre la mesa – Solo estoy algo cansado
                                                                                                                                                                                                            • - Muy bien, voy a ir a ver a los chicos

                                                                                                                                                                                                            Karen se levanto y bajo las escaleras.

                                                                                                                                                                                                            Mientras tanto termine de beber el martini.

                                                                                                                                                                                                            Me acomode en la silla y cerré los ojos un momento.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            El frió me despertó de mi sueño, me había quedado dormido en la silla.

                                                                                                                                                                                                            Pero ya no estaba en la silla del antro, sino sobre una fría silla de metal. Estaba casi desnudo,  tenia manos y pies atados a la silla y tenia una bolsa de tela cubriéndome la cabeza.

                                                                                                                                                                                                            Ya sabia que estaba pasando, estaba en una fabrica de muerte, como yo las llamaba, donde la gente paga para torturar y matar gente solamente por que pueden pagarlo.

                                                                                                                                                                                                            Había visto la película de Quentin Tarantino y sabia que no tenia mucho tiempo y seria muy difícil escapar.

                                                                                                                                                                                                            Empecé a moverme intentando desatarme, pero no pude y lo único que logre fue cortarme la muñeca con el cuero.

                                                                                                                                                                                                            Espere un par de minutos escuchando, lo que había a mi alrededor, pero fue inútil, el cuarto debía ser a prueba de ruidos.

                                                                                                                                                                                                            No se cuanto tiempo paso, pero de repente escuche el sonido de el metal chillando, era una puerta de metal muy pesada, no era la de este cuarto, pero estaba muy cerca.

                                                                                                                                                                                                            La puerta volvió a sonar y empecé a escuchar pasos y murmullos acercándose.

                                                                                                                                                                                                            La puerta de ese cuarto se abrió y pude ver por los orificios de la bolsa a dos hombres vistiendo mandiles, tapabocas y otras que se usan en una cirugía.

                                                                                                                                                                                                            Uno de ellos se fue y el otro se acerco y me quito la bolsa.

                                                                                                                                                                                                            • - Es bueno volver a verte cabrón – Dijo mientras se quitaba el tapabocas, para dejar ver su rostro, era el italiano del antro – ¿Creías que seria tan fácil deshacerse de mi? ¿eh?… pues te equivocaste dijo tomándome de la cara.

                                                                                                                                                                                                            La única cosa que se me ocurrió en ese momento fue escupirle en la cara, aunque claro no fue la mejor idea del mundo.

                                                                                                                                                                                                            • - Parece que tienes unas grandes pelotas ¿eh?, pues adivina que, te las voy a cortar cabrón.

                                                                                                                                                                                                            Se acerco a una mesa que estaba a mi izquierda y tomo un cuchillo de carnicero, pero antes de que pudiera siquiera tocarme con el filo un hombre llamo su atención.

                                                                                                                                                                                                            Entonces se acerco y le dijo algo en vos muy baja, después el italiano me miro.

                                                                                                                                                                                                            • - Tienes suerte, pero yo tengo aun más suerte. – Dijo mientras esbozaba una torcida sonrisa – Voy a matar a tu novia de una manera dolorosa, pero antes de eso la voy a violar.

                                                                                                                                                                                                            Empezó a caminar a la puerta, pero antes de salir miro al otro hombre.

                                                                                                                                                                                                            • - Córtale las pelotas al cabrón – Dijo en alemán.

                                                                                                                                                                                                            El otro hombre asintió y al salir del cuarto el italiano se dirigió a mi en alemán.

                                                                                                                                                                                                            • - Estas muerto.

                                                                                                                                                                                                            Tomo el cuchillo que el italiano iba a utilizar con migo y se acerco a mi.

                                                                                                                                                                                                            Se había acabado, todo había acabado en el momento que entramos a ese antro.

                                                                                                                                                                                                            Cerré los ojos y espere el primer golpe, pero antes de que algo pasara una voz resonó en mi cabeza

                                                                                                                                                                                                            • - <<Esto aun no se a acabado chico>>- Dijo con fuerza.

                                                                                                                                                                                                            Dentro de mi algo se empezaba a liberar, lo podía sentir

                                                                                                                                                                                                            • - <<¿Quién eres?>> Pregunte
                                                                                                                                                                                                            • - <<Eso no importa ahora- Empezó a decir y en mi cabeza y una imagen se materializo ante mi. Era yo pero había algo diferente, su mirada era fría y sus ojos de color rojo – Ahora debemos sobrevivir>>

                                                                                                                                                                                                            Mi otro yo extendió su brazo y sin mover los labios empezó a hablar

                                                                                                                                                                                                            • - <<Vas a aceptar esta oportunidad o morirás como un animal aquí como un simple animal

                                                                                                                                                                                                            Tenia que hacerlo, no por mi, sino por Karen, tenia que salvarla.

                                                                                                                                                                                                            Choque las palmas con mi otro yo y en ese momento volví al cuarto, pero ya no estaba atado a la silla, estaba a cuatro patas, y tenia un sabor metálico en la boca, además de que sentía diferente, como si fuera mas grande.

                                                                                                                                                                                                            Entonces lo vi. Frente a mi estaba el cuerpo destazado del alemán y junto a el una bandeja que reflejaba mi figura.

                                                                                                                                                                                                            Unos ojos amarillos me miraron fijamente, mientras que debajo un gran hocico escurría la sangre fresca del alemán.

                                                                                                                                                                                                            Indudablemente me había convertido en lo que Karen y yo vimos tres semanas atrás.

                                                                                                                                                                                                            Mantuve la vista sobre el reflejo de mi forma licantropa acercándome lentamente, extendí mi brazo y vi que era grande y de pelaje negro, terminaba en gruesos dedos con negras y filosas garras bañadas en sangre. Tome la bandeja y la acerque a mí para poder ver mejor mi reflejo. Tenía un hocico largo y con grandes dientes y mi pelaje era oscuro. Me levante y pude notar que media más de dos metros. Aunque era grande, me sentía muy ligero.

                                                                                                                                                                                                            Podía oler la sangre seca de aquel lugar y el sonido del viento no ensordecía los sonidos siniestros de aquel lugar.

                                                                                                                                                                                                            Un grito de horror me saco de ese estado fascinado sobre aquel cambio. Karen estaba en peligro y debía apresurarme antes de que aquel italiano le hiciera algo.

                                                                                                                                                                                                            Salí del cuarto golpeando la pesada puerta de metal, prácticamente arrancándola de la pared, y salí a un pasillo largo y oscuro. Pude oler mi propia saliva, seguí su rastro asta el final de aquel pasillo.

                                                                                                                                                                                                            Golpee con fuerza la puerta para abrirla y puede ver que el estaba ahí frente a ella levantando su barbilla con la puta un gran machete que parecía estar hecho con plata.

                                                                                                                                                                                                            • - Bastardo – Intente decir, pero de mi boca no salio mas que un ladrido.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué carajo? – Dijo el italiano mientras saltaba sobre el.

                                                                                                                                                                                                            Primero le arranque el brazo izquierdo asta el hombro, después con mi garra le abril el estomago. Finalmente le rompí el cuello con un zarpaso.

                                                                                                                                                                                                            Estaba hacho, el italiano estaba muerto y Karen a salvo, pero aun teníamos que salir de allí. Mientras me calmaba pude sentir que volvía a mi forma humana.

                                                                                                                                                                                                            Me levante y tome el machete plateado que no le di tiempo de usar y me acerque a Karen. Corte las cuerdas que la sujetaban a la silla y deje el machete a un lado.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas bien?
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Eh? ¿Qué paso? ¿Donde estoy?
                                                                                                                                                                                                            • - No importa Karen ¿estas bien?
                                                                                                                                                                                                            • - Si… ¿Qué es eso? – Dijo señalando el destrozado cuerpo de el italiano
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes por eso… espero, voy a buscar algo con que limpiarte – Dije al ver que tenia una mancha de sangre seca en su mejilla izquierda, como si el italiano hubiera limpiado su machete en su piel.

                                                                                                                                                                                                            Mire alrededor y vi una manguera verde tirada junto a una bandeja de metal. Me acerque y la abrí para ver si había agua. Un chorro de agua, escasa al principio, salio de la manguera.

                                                                                                                                                                                                            Limpie la sangre de mi boca y manos y voltee par ver a Karen. Ella estaba hincada frente al cuerpo destrozado con una mano en el estomago y la otra tapando su boca.

                                                                                                                                                                                                            Antes de que yo pudiera decir una palabra ella vomito sobre el charco de sangre.

                                                                                                                                                                                                            Me acerque a ella con la manguera y me hinque junto a ella.

                                                                                                                                                                                                            • - Ven, deja te limpio.

                                                                                                                                                                                                            Ella no dijo nada, solo se quedo inmóvil mirándolo. Pase el chorro de agua de su boca a su estomago y después deje la manguera a un lado.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué le paso? – Pregunto ella temblorosamente.
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes por eso, ahora tenemos que salir de aquí.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Y si nos pasa lo mismo?
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes, yo no dejaría que nada te pase.

                                                                                                                                                                                                            La abrase un momento asta que se calmo. Después me levante y la ayude a ponerse de pie. Los dos salimos al pasillo, pero al salir escuche voces y decidí volver a tomar el machete.

                                                                                                                                                                                                            • - Quédate aquí – Le susurre al oído.

                                                                                                                                                                                                            Volví dentro y vi el machete y no muy lejos de donde lo había dejado vi una funda de cuero café. Guarde el machete y me lo cargue en la espalda usando el cinturón que tenia la funda.

                                                                                                                                                                                                            Regrese con Karen y salimos al pasillo frío. Para mi suerte mi ropa interior había soportado el cambio de tamaño y no se había roto completamente y seguía en su lugar.

                                                                                                                                                                                                            Empezamos a caminar por el pasillo, el olor de la sangre empezó a disminuir, sin embargo podía escuchar un murmullo detrás de cada puerta del pasillo. No me atreví a acercarme mucho a ninguna de ellas por que sabia que recibiría una desagradable sorpresa.

                                                                                                                                                                                                            Ella me seguía sujetada fuertemente de mi brazo y en completo silencio. Yo también caminaba en silencio únicamente para no llamar la atención de nadie, aunque no creo que nadie allá podido escucharnos con aquellas pesadas puertas, que hacían a esos cuartos casi herméticos.

                                                                                                                                                                                                            Al final del pasillo había una ultima puerta de metal. Al otro lado de esta había otro pasillo no mas largo que el anterior con un par de grandes puertas de metal que parecían ser las de unas bodegas. Al final del pasillo había unas escaleras.

                                                                                                                                                                                                            • - Creo que es por allí.

                                                                                                                                                                                                            Ella no respondió solamente miro las escaleras como si no fueran a llevarnos a ninguna parte. La tome de los brazos y la mire a los ojos.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Despierta! – Le grite.

                                                                                                                                                                                                            Sus ojos se abrieron al máximo, sentí que su pulso se aceleraba y sus ojos se llenaban de lágrimas.

                                                                                                                                                                                                            Estuvo llorando un momento en mi pecho mientras yo la abrazaba asta que escuche un ruido, el chillar de unas ruedas.

                                                                                                                                                                                                            Rápidamente la sujete de las caderas y la levante para poder cargarla y subir las escaleras lo más rápido que pude.

                                                                                                                                                                                                            Ella siguió llorando sujetada de mi cuello mientras yo subía las escaleras lo mas rápido que podía, pero estas no parecían acabar nunca.

                                                                                                                                                                                                            Cuando por fin terminaron llegué a un pasillo corto, iluminado por ventanas que daban al lado izquierdo del pasillo. Me di cuenta de que quizás el lugar que estaba atrás estaba uno o dos pisos bajo tierra ya que parecía que el sol había salido una  o dos horas atrás.

                                                                                                                                                                                                            Me senté en las escaleras con Karen sobre mis piernas para poder descansar un momento. Hice a un lado el machete para poder apoyar mi espalda en la pared. Karen empezó a llorar nuevamente de manera pausada.

                                                                                                                                                                                                            • - Shhh… Cálmate, ya estamos bien. Le dije mientras la abrazaba, estaba fría, empecé a frotarle los brazos mientras se calmaba.
                                                                                                                                                                                                            • - Crees… – Empezó a decir entre sollozos – crees que podremos salir de aquí.
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes…
                                                                                                                                                                                                            • - ¡Lo cree!
                                                                                                                                                                                                            • - Si, si lo creo, saldremos de aquí.

                                                                                                                                                                                                            Se calmo y yo también. Pensé que no podría calmarme en esa situación, pero lo hice, aun sabiendo que podría morir allí mismo.

                                                                                                                                                                                                            Estuvimos sentados asta que escuche un ruido.

                                                                                                                                                                                                            • - Quédate aquí – Dije haciéndola a un lado.

                                                                                                                                                                                                            Entre en el corredor que tenía dos puertas, una metálica y otra de madera. El sonido provenía de la puerta metálica que parecía ser la de un ascensor. Desenfunde el machete y espere a que la puerta se abriera.

                                                                                                                                                                                                            La puerta se abrió y lance el golpe con fuerza y velocidad que me sorprendieron,  pero lo único que golpeé fue un montón de cuerpos mutilados que hedían a sangre, heces, orina y a putrefacción.

                                                                                                                                                                                                            • - <<Maldición>> – Pensé mientras sacaba rápidamente el machete de un torso y miraba por sobre los cuerpos

                                                                                                                                                                                                            Lo que movía el carrito en el que estaban esos cuerpos era un deforme jorobado que me recordó a una abominación, un monstruo deforme de el juego Warcraft.

                                                                                                                                                                                                            Rápidamente lo golpee con el machete y la sangre cubrió una parte del elevador.

                                                                                                                                                                                                            Estaba hecho, lo había matado y su sangre caía del machete que había utilizado para hacerlo.

                                                                                                                                                                                                            Hice hacia atrás el carrito empujándolo con una pierna. Apreté el botón del ascensor y me hice atrás para que la puerta se cerrara.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Carajo! ¿por que nosotros? – Me dije a mi mismo

                                                                                                                                                                                                            Guarde el machete nuevamente en su funda y regrese con Karen que seguía sentada.

                                                                                                                                                                                                            • - Ven – Le dije extendiendo la mano a ella

                                                                                                                                                                                                            Ella me miro con los ojos irritados y se levanto lentamente. La ayude un poco y caminamos por el pasillo hasta llegar a la segunda puerta. Esta daba a otro pequeño pasillo mejor iluminado.

                                                                                                                                                                                                            Entre en la siguiente puerto asegurándome de que no hubiera nadie dentro. Dentro solo había unos lockers y montón de ropa. En la cima del montón estaba mi camisa y unos pantalones que parecían ser de Karen.

                                                                                                                                                                                                            • - Toma – Le dije ofreciéndole la ropa

                                                                                                                                                                                                            Ella la tomo sin decir nada y la miro un momento.

                                                                                                                                                                                                            • - Pero… Es tu camisa favorita – Dijo mirándome nuevamente
                                                                                                                                                                                                            • - Karen – Dije tomándole el hombro izquierdo – Quiero que te la quedes.

                                                                                                                                                                                                            Pareció dudarlo un momento pero luego se la puso. Le quedaba un poco grande

                                                                                                                                                                                                            Urge entre la ropa y encontré una camiseta y jeans negros que me puse rápidamente.

                                                                                                                                                                                                            Mire los lockers y vi que uno parecía estar abierto. Me acerque y lo abrí. Dentro, mal doblada, una gabardina de cuero negro que tome bajo de esta había una pistola, un revolver negro, y las llaves de un automóvil BMW. Las tome y regrese con Karen.

                                                                                                                                                                                                            • - Toma – Le dije ofreciéndole la pistola – Si alguien se acerca no dudes en disparar.

                                                                                                                                                                                                            Regrese al locker y tome unas 10 balas y unas botas que estaban en la parte de abajo del mismo.

                                                                                                                                                                                                            • - Vamonos – Le dije a Karen tomándola del brazo izquierdo.

                                                                                                                                                                                                            Salimos asta llegar a otra puerta que no estaba muy lejos.

                                                                                                                                                                                                            • - Quédate aquí – Le dije no muy lejos de la puerta

                                                                                                                                                                                                            Escuche al otro lado de la puerta a dos hombre hablando en alemán. Mire por la puerta y dentro había dos hombres que se limpiaban la sangre de la frente con un paño blanco.

                                                                                                                                                                                                            • - Increíble ¿En verdad cobraste 10 mil por los mexicanos? – Dijo uno
                                                                                                                                                                                                            • - Si, y todos pensaron que eran estadounidenses.
                                                                                                                                                                                                            • - Por suerte para ti, a nadie le interesan esos tipos.
                                                                                                                                                                                                            • - Si los pobres idiotas no tienen ni idea de lo que les paso.

                                                                                                                                                                                                            No pude aguantar más. Desenfunde el machete y abrí la puerta de una patada y lance el machete al hombre que tenia mas cerca. El otro tipo callo hacia atrás y aproveche el tiempo que tardo en darse cuenta de lo que había pasado para sacar el machete del pecho del otro hombre y poder cortarle la cabeza con un solo golpe.

                                                                                                                                                                                                            Salí del cuarto y volví rápidamente con Karen. Ella me miro con los ojos muy abiertos mientras me acercaba. La sujete del brazo y tome la pistola.

                                                                                                                                                                                                            • - Vámonos de aquí- le dije.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué… Qué paso? – Balbuceo.
                                                                                                                                                                                                            • - Nada solo quiero irme de aquí lo antes posible.
                                                                                                                                                                                                            • - Tienes sangre en la cara – Dijo ella.

                                                                                                                                                                                                            Me toque el rostro y sentí unas gotas de sangre.

                                                                                                                                                                                                            • - No es nada.

                                                                                                                                                                                                            Revise el revolver, solo tenia tres tiros. Saque tres balas de un bolsillo y cargue el arma.

                                                                                                                                                                                                            • - Ven te voy a cargar y quiero que tomes la pistola y tomes la pistola y dispares a cualquiera que se acerque

                                                                                                                                                                                                            Miro la pistola y luego asintió.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas seguro de esto¿
                                                                                                                                                                                                            • - Claro, además no tienes zapatos, y no quiero que te lastimes
                                                                                                                                                                                                            • - Bien vamos

                                                                                                                                                                                                            Paso un brazo por detrás de mi cuello y yo la levante por las piernas como lo haría una pareja de recién casados. Con su mano disponible tomaba el arma

                                                                                                                                                                                                            Camine asta donde el final del pasillo. Este terminaba en una vieja y oxidada puerta metálica de elevador. Junto a la puerta había un botón con una desgastada flecha de pintura roja que señalaba hacia abajo.

                                                                                                                                                                                                            • - Karen ¿Puedes presionar el botón?
                                                                                                                                                                                                            • - Si

                                                                                                                                                                                                            Ella lo hizo he inmediatamente las puertas se abrieron con un chirrido. El ascensor estaba completamente vació. Este estaba iluminado con un pequeño foco blanco y el interior estaba oxidado y de color verde, como si estuviera hecho con cobre.

                                                                                                                                                                                                            • - Bien, no hay nadie, creo que te puedo dejar un momento.

                                                                                                                                                                                                            Entre y deje que bajara.

                                                                                                                                                                                                            Presione el botón de la planta baja y voltee a ver a Karen. Ella me mira seriamente.

                                                                                                                                                                                                            • - Dime Johnny ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué tenias sangre en el rostro?

                                                                                                                                                                                                            Pensé un minuto lo que diría, no sabia como lo recibiría.

                                                                                                                                                                                                            • - Dime Johnny – Dijo en voz baja casi. No la escuche por el chirrido del ascensor.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Puedes… – Empecé a decir – ¿Puedes recordar la película Hostal?
                                                                                                                                                                                                            • - Si – Dijo Cubriéndose inmediatamente la boca con la mano izquierda – Si puedo recordarla.

                                                                                                                                                                                                            La mire fijamente a los ojos, los tenia vidriosos, estaba a punto de llorar, sabia que no lo soportaría, pero lo tenia que hacer.

                                                                                                                                                                                                            • - Creo… Creo que estamos en un lugar así. – Dije mientras ella cerraba con fuerza los ojos y sus lágrimas empezaban a rodar.

                                                                                                                                                                                                            No podía soportar verla así ¿Por qué era tan insensible ahora? ¿Por qué no podía llorar como ella?

                                                                                                                                                                                                            ME acerque a ella y la abrace. Busque en el fondo de mi corazón fuerza para poder mirarla a los ojos.

                                                                                                                                                                                                            Callo de rodillas. Baje la mirada y alce su rostro. Ni siquiera podía vela así

                                                                                                                                                                                                            Sentía que cualquiera que pasara por eso preferiría haber muerto que saber que no pudo hacer nada por sus amigos

                                                                                                                                                                                                            • - No – Empezó a decir ella – No puede ser… no puede estar pasando

                                                                                                                                                                                                            Yo tampoco podía creer lo que estaba pasando, mis cuatro mejores amigos seguro ya estaban muertos y yo no había hecho nada para ayudarlos.

                                                                                                                                                                                                            Por fin una solitaria lágrima rodó por mi rostro y callo justo en la frente de Karen. Di un par de pasos atrás y caí de rodillas.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Por qué? ¿Por qué? – Dije mientras golpeaba el piso de metal. – ¿Por qué no hice nada por ellos? ¿Por qué?

                                                                                                                                                                                                            Sentí un ligero toque en mi hombro. Era Karen que estaba junto a mi con una mueca de pánico en el rostro.

                                                                                                                                                                                                            • - Johnny – Dijo ella – Johnny ¿No tardamos mucho en subir?

                                                                                                                                                                                                            Era cierto, ya habíamos tardado mucho tiempo en bajar, ya no sentía que el ascensor se moviera, ni siquiera escuchaba el chillido que hacia.

                                                                                                                                                                                                            • - Johnny ¿Qué esta pasando?

                                                                                                                                                                                                            En ese momento me di cuenta de que nos habían descubierto y solamente había una forma de salir de aquí.

                                                                                                                                                                                                            • - Toma – Dije ofreciéndole el machete – Dame la pistola.

                                                                                                                                                                                                            Ella me miro algo extrañada. Después de unos segundos me la dio. Y o la puse en el bolsillo trasero.

                                                                                                                                                                                                            • - Quiero que te escondas y que no dejes que te vean, ni que vean lo que traes – Dije señalando el machete que sujetaba del cinturón de la funda. – ¿Entiendes?

                                                                                                                                                                                                            Ella únicamente asintió.

                                                                                                                                                                                                            Me puse de pie y espere a que las puertas verdosas se abrieran. Con un chillido se abrieron las puertas. Frente a mí, a un paso del elevador, estaba el jorobado que había dado por muerto en el otro pequeño elevador.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Maldición! – Dije en voz baja, mientras daba un paso atrás.

                                                                                                                                                                                                            Rápidamente reaccione caminando nuevamente hacia el, lanzándole un golpe justo en la herida que tenia del machetazo que le había dado.

                                                                                                                                                                                                            Saque mi mano llena de sangre y eso callo con fuerza al piso.

                                                                                                                                                                                                            • - Cálmate – Dijo una voz grave en ingles con un claro acento alemán.

                                                                                                                                                                                                            A unos dos metros de mi estaba un joven, de unos veinticinco años, que llevaba un mandil blanco y ensangrentado. Tenía el cabello rubio y los ojos azules. Tras de el estaban otros tres hombres que vestían igual, mandiles blancos, tapabocas y gorros azules que me miraban seriamente.

                                                                                                                                                                                                            Observe que en la mano derecha tenia dos pasaportes mexicanos.

                                                                                                                                                                                                            • - Devuélveme eso – Dije seriamente mientras señalaba los pasaportes.

                                                                                                                                                                                                            Si quieres estos señor… – Hizo una pausa para ver  uno de los pasaportes – Stolk primero regrésame la gabardina de mi hermano.

                                                                                                                                                                                                            No le di respuesta, solo apreté con fuerza mis puños, algo en el no me daba buena espina.

                                                                                                                                                                                                            • - Parece que no los quieres, en ese caso – Saco mi encendedor de su mandil y lo encendió.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿No espera! Dije extendiendo mi mano hacia el.
                                                                                                                                                                                                            • - Bien… y donde esta la señorita – Reviso el otro pasaporte – Vidales.
                                                                                                                                                                                                            • - Esta abajo – Le respondí.

                                                                                                                                                                                                            El sonrió enseñándome sus blancos dientes y me señalo.

                                                                                                                                                                                                            • - La gabardina – Dijo el alegremente.

                                                                                                                                                                                                            Me la quite lentamente, evitando que vieran la pistola.

                                                                                                                                                                                                            Ahora acércate lentamente, no quiero ningún truco.

                                                                                                                                                                                                            No dije nada solo me acerque lentamente sosteniendo la gabardina en la mano izquierda y observándolo atentamente. El bajo la mano con los pasaportes y acerco el encendedor a el cigarro.

                                                                                                                                                                                                            Ese era el momento que estaba esperando. El cerro los ojos mientras daba la primera calada y yo estaba a un metro de el y los demás a medio metro tras de el.

                                                                                                                                                                                                            Lance la gabardina contra el mientras abría los ojos. Tome la pistola y espere a que cayera un poco para poder apuntar mejor. Hice tres disparos contra el, uno en el hombro izquierdo y los otros dos en el pecho. Antes de que el cayera, y que los otros hombres reaccionaran, les dispare a los tres en la cabeza, justo en medio de los ojos.

                                                                                                                                                                                                            Cuando escucho los disparos Karen salio del ascensor apresurada.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas…? – Empezó a decir – ¡AHHH! – Grito cuando vio los cuerpos de los hombres.
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes, estoy bien per0 quédate atrás.

                                                                                                                                                                                                            Ella asintió.

                                                                                                                                                                                                            Camine hacia el cuerpo del alemán. Los pasaportes estaban tirados a mi izquierda y mi encendedor a la derecha. Me acerque mas y pude oler la carne y la sangre quemada tome primero los pasaportes para luego ir por el encendedor.

                                                                                                                                                                                                            Pude escuchar su respiración, lenta y débil. A pesar de eso salte hacia atrás. No lo suficientemente rápido para evitar que una bala atravesara mi hombro izquierdo.

                                                                                                                                                                                                            El tenía una pistola escondida bajo su mandil y quizás un chaleco anti-balas debajo de su ropa.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Johnny! – Grito Karen
                                                                                                                                                                                                            • - El machete y vuelve atrás – Dije volteando a verla.

                                                                                                                                                                                                            Ella apretaba con fuerza la funda del machete. Asintió y lo lanzo con fuerza hacia mi.

                                                                                                                                                                                                            El machete cayó muy cerca de mi y estire el brazo para alcanzarlo.

                                                                                                                                                                                                            El disparo, pero esta ves hacia el elevador. Karen grito y por el grito supe que no le había dado. Aun así me hirvió la sangre.

                                                                                                                                                                                                            Tome el machete y lo desenfunde lo mas rápido que pude.

                                                                                                                                                                                                            El estaba de pie con una retorcida sonrisa en la cara y el brazo izquierdo ensangrentado y apuntándome con una pistola semiautomática calibre .9mm

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Crees que soy estúpido? Vi que tomaste el revolver, por eso me puse el chaleco.

                                                                                                                                                                                                            <<- Genial No vio el machete ->>

                                                                                                                                                                                                            Con un movimiento rápido alcance su brazo derecho con el machete. Este lo rebano como si cortara mantequilla.

                                                                                                                                                                                                            El brazo callo y del muñón empezó a brotar sangre y de su boca surgió un grito de dolor.

                                                                                                                                                                                                            Cayó de rodillas y apretó su muñón con su mano izquierda.

                                                                                                                                                                                                            Me puse de pie frente a el y alce su barbilla con la punta del machete.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Por favor, no me mates! ¡Te puedo pagar lo que sea! – Dicho esto busco en su pantalón y saco de este una cartera de piel – ¡Mira, te daré estos mil euros, pero por favor no me mates!
                                                                                                                                                                                                            • - Es muy tarde para eso, para mi, para mis amigos y para ti.

                                                                                                                                                                                                            Dicho esto alce el machete y lance el golpe.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡No, por favor! ¡Nooooo! – Grito el antes de que el machete le cortara la cabeza.

                                                                                                                                                                                                            Rápidamente di la vuelta y recogí los pasaportes y el encendedor que había tirado cuando el alemán me disparo, además de la gabardina y la cartera.

                                                                                                                                                                                                            Cuando la tome lo vi, enrojecido, esperando a que lo recogiera. Lo pensé un momento antes de recogerlo. Le di una calada y, para mi sorpresa, lo sentí suave y no áspero como me habían contado. Era la primera ves que fumaba.

                                                                                                                                                                                                            Tome la funda del machete, lo guarde y me lo cargue en la espalda.

                                                                                                                                                                                                            Volví al elevador con el cigarro en los labios.

                                                                                                                                                                                                            • - Johnny ¿Estas bien?
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes Karen ¿Tu estas bien?
                                                                                                                                                                                                            • - Si, fallo por mucho – Dijo señalando un agujero en la pared del ascensor

                                                                                                                                                                                                            Apreté el botón de la planta baja y la puerta se cerró con un chillido.

                                                                                                                                                                                                            Volví a fumar el cigarro y lo lance dando justo en el agujero de bala. Después me senté junto a la pared

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas seguro que estas bien? Tienes sangre en tu mano – Dijo señalando mi mano izquierda

                                                                                                                                                                                                            Era cierto, me había dado en el brazo izquierdo, pero ya no sentía dolor. Hice a un lado la gabardina y en la manga de la camiseta se encontraba un agujero circular. Alce la manga y vi que la sangre llegaba asta mi mano, pero la herida se había ido dejando solo un circulo de sangre alrededor de piel en perfecto estado

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Se fue! ¡Desapareció!
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Pero como es posible? ¿Cómo es que se fue así de rápido?
                                                                                                                                                                                                            • - Fue igual que el día de la bomba, esa ves me atravesó una barda, pero para cuando tu me despertaste ya no estaba
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo pudo simplemente desaparecer – Pregunto insistentemente Karen.
                                                                                                                                                                                                            • - Karen, cálmate,, eso no importa, lo importante es que estamos bien.
                                                                                                                                                                                                            • - Pero… Pero…

                                                                                                                                                                                                            ME acerque a ella y la abrace para que se calmara. Después de un momento ya estaba calmada y la solté,

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Cómo vamos a salir de aquí? – Pregunto sollozando un poco
                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes – Saque del pantalón las llaves que había tomado y se las mostré – Ya había pensado es eso.

                                                                                                                                                                                                            Se sentó a mi lado apoyando su cabeza en mi hombro,

                                                                                                                                                                                                            Saque el revolver y lo recargue. No creía que hubiera mas personas, pero no quería descuidarme.

                                                                                                                                                                                                            El elevador se abrió y yo me levante y cargue a Karen a la que le había dado el arma.

                                                                                                                                                                                                            Camine todo el pasillo asta llegar a la entrada. Parecía que ya era medio día.

                                                                                                                                                                                                            Frente a mi un semi-circulo de cu7atro caros automóviles BMW se imponían ante mi.

                                                                                                                                                                                                            Deje a Karen sobre uno de estos e intente abrir el primero, no funciono, la llave no entraba. Intente lo mismo con los otros autos, pero nada funciono.

                                                                                                                                                                                                            En ese momento vi que detrás de uno de estos había una motocicleta plateada. Probé la llave en esta y funciono,

                                                                                                                                                                                                            Regrese por Karen que parecía exhausta. La cargue asta la motocicleta y acelere lo mas que pude evitando tirar a Karen de la motocicleta. Quería largarme de allí lo antes posible

                                                                                                                                                                                                            NightStalker Cap 2

                                                                                                                                                                                                            Capitulo II: Un nuevo amanecer

                                                                                                                                                                                                            En la mañana de aquel día fue mejor que la de el anterior.

                                                                                                                                                                                                            Estaba acostado en la cama del hotel con mi compañera que de un día  a otro parecía que se había convertido en mi novia, si mucho mejor excepto por las pesadillas.

                                                                                                                                                                                                            Escenas que pasaban por mi mente lobos atacando yo transformándome en esa bestia y lo mas aterrador de todo, la cara del traficante suplicando piedad mientras le arrancaba el brazo y le golpeo la cabeza contra el cemento.

                                                                                                                                                                                                            Me desperté bruscamente empapado en sudor y con el la sensación de sangre en mi boca.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡sangre! – dije casi al punto de gritar.

                                                                                                                                                                                                            Voltee a verla pero me di cuenta de que la sangre no era de ella sino que era mía, me había mordido la lengua y había sangrado un tiempo.

                                                                                                                                                                                                            Entre nuevamente al baño a tomar una ducha fría y poder tranquilizarme.

                                                                                                                                                                                                            Lo que había visto, lo que había sentido, todo era tan real, pero al mismo tiempo era lejano como si alguien mas estuviera dentro de mi y me estuviera mostrando esto para que yo supiera lo que debía de hacer.

                                                                                                                                                                                                            Después de salir de la ducha volví a la cama y me abrase de Karen.

                                                                                                                                                                                                            La tibieza y suavidad de su piel me tranquilizaron, pero esas horribles imágenes me seguían asechando como los buitres que sobrevuelan a un cuerpo muerto.

                                                                                                                                                                                                            Esa noche no pude dormir, pero estar hay junto a Karen, oliendo el dulce perfume que la acompañaba, y eso fue suficiente descanso para mí.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            A la mañana siguiente fuimos a ver como habían pasado la noche los demás chicos, por que nos habíamos quedado en el cuarto de las chicas.

                                                                                                                                                                                                            Habíamos pedido dos cuartos una para las mujeres (Karen, Anahi y Maria Luisa) y otro para los hombres (José Luís, Alfredo y yo).

                                                                                                                                                                                                            El cuarto de l0s hombres era mas grande por razones obvias, no queríamos compartir las camas.

                                                                                                                                                                                                            Las mujeres no les importaba compartirlas camas por lo que decidieron un cuarto doble en ves del simple de los hombres.

                                                                                                                                                                                                            Entramos al cuarto y vimos que todo estaba completamente desordenado y tirado.

                                                                                                                                                                                                            Los chicos dormían en camas distintas y las dos chicas en una sola cama como lo supuse antes de entrar a la habitación

                                                                                                                                                                                                            • - hay que dejarlos dormir los chicos deben de estar bien – Dije en tono burlón y satisfecho por que al parecer los chicos no les habían hecho nada a las mujeres
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Y ahora que hacemos? – Me Pregunto Karen ya fuera del cuarto
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué tal si vamos a desayunar? – Le pregunte, la mire a los ojos, encantado por su suave y calido rostro
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué acaso solo piensas en comer?
                                                                                                                                                                                                            • - No – Le respondí – También pienso en ti – Le dije tomándola de las manos y acercándola a mi para poder besarla.

                                                                                                                                                                                                            Antes de que pudiera besarla la puerta del cuarto se abrió mostrando en su umbral a Anahi una de mis amigas vestida en una pijama rosa pálido y con su cabello enmarañado

                                                                                                                                                                                                            • - Hola chicos
                                                                                                                                                                                                            • - Hola Anahi – Le dijimos
                                                                                                                                                                                                            • - Donde estuvieron ayer no los encontramos y el cuarto estaba cerrado y tuvimos que venir aquí a dormir

                                                                                                                                                                                                            Karen y yo nos

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Que estuvieron haciendo?

                                                                                                                                                                                                            Los dos nos sonrojamos un poco.

                                                                                                                                                                                                            • - Bueno, es que… – Empecé a decir mientras le pasaba el brazo por detrás de la espalda a Karen y la acerque a mi.
                                                                                                                                                                                                            • - Bien nosotros… – Dijo Karen volteando – Tu entiendes ¿no?

                                                                                                                                                                                                            Nos miro un instante desconcertada

                                                                                                                                                                                                            • - Entonces ustedes… – Dijo señalándome y luego a Karen
                                                                                                                                                                                                            • - Ahhh… OK. – dijo algo lento.

                                                                                                                                                                                                            Un silencio momentáneo se apodero del pasillo,  así que intente romper el hielo

                                                                                                                                                                                                            • - Íbamos a bajar a desayunar ¿Quieres venir con nosotros?
                                                                                                                                                                                                            • - Bueno pero quiero tomar una ducha
                                                                                                                                                                                                            • - Yo te acompaño al otro cuarto – Dije – deje mi celular en el otro cuarto
                                                                                                                                                                                                            • - Hey – Dijo Karen al escucharme decir eso – ¿Y yo que?
                                                                                                                                                                                                            • - Karen no te preocupes, solo tengo ojos para ti – dije viéndola a los ojos.
                                                                                                                                                                                                            • - Bien yo me adelantare – Dijo Karen asintiendo

                                                                                                                                                                                                            Empezamos a caminar por el pasillo asta que llegaos al elevador.

                                                                                                                                                                                                            • - Nos vemos abajo – Dijo Karen apretando el botón del elevador
                                                                                                                                                                                                            • - Si – Le respondimos Anahi y yo

                                                                                                                                                                                                            Después de caminar unos metros asta la puerta de la habitación Anahi volteo a verme antes de entrar a la habitación

                                                                                                                                                                                                            • - Ustedes dos, – Dijo algo curiosa y sonriendo un poco – bueno ustedes dos, ya sabes…
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué, que si hicimos el amor? – Le pregunte con calma mientras sacaba la tarjeta-llave del bolsillo de mi pantalón.
                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Lo hicieron?! – Me pregunto algo agitada
                                                                                                                                                                                                            • - Bueno… – Dije tragando algo de saliva – Creo que el momento se dio de manera natural.
                                                                                                                                                                                                            • - Entonces si lo hicieron
                                                                                                                                                                                                            • - Si – Le respondí algo extrañado – ¿Pero por que preguntas?, ¿Acaso apostaron o algo? – Le dije en un tono burlón

                                                                                                                                                                                                            Abrí la puerta dejando ver una cama destendida y otra inmaculadamente tendida

                                                                                                                                                                                                            Entre y tome mi celular que estaba en el pequeño escritorio, en la pared contraria de las camas.

                                                                                                                                                                                                            Toma – Ofreciéndole la tarjeta-llave

                                                                                                                                                                                                            Gracias – Dijo tomándola y luego se dirigió a una de las camas.

                                                                                                                                                                                                            • - No me respondiste – Dije acercándome a la puerta pero sin salir del cuarto
                                                                                                                                                                                                            • - No, y no apostamos solo especulamos
                                                                                                                                                                                                            • - Bien pero no les digas a los chicos, ¿si? Ni le digas a Karen que te lo dije ¿Ok?
                                                                                                                                                                                                            • - OK.
                                                                                                                                                                                                            • - Bien… Nos vemos abajo.

                                                                                                                                                                                                            Me recargue en la pared después de cerrar la puerta y empecé a pensar lo que había pasado la noche anterior.

                                                                                                                                                                                                            Un pequeño dolor de cabeza empezó a invadir mi cabeza.

                                                                                                                                                                                                            • - Esta es tu misión – Dijo la suave, pero fuerte vos de una mujer.

                                                                                                                                                                                                            Abrí los ojos para ver quien había dicho eso, pero el pasillo estaba vació.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            John no había tardado mucho pero me empecé a preocupar al ver que no venia y pensé en ir a buscarlo.

                                                                                                                                                                                                            Me levante y camine hacia el lobby y me acerque al elevador pero antes de que pudiera presionar el botón de el elevador este se abrió y de el salio john.

                                                                                                                                                                                                            • - No tarde tanto como para que tuvieras que ir a buscarme – Dijo mientras salía del elevador
                                                                                                                                                                                                            • - Bueno es que… – Dije desviando la mirada.
                                                                                                                                                                                                            • - Solo tengo ojos para ti – Dijo tomándome de la barbilla y haciéndome voltear hacia el para que lo mirara a los ojos

                                                                                                                                                                                                            Se movió para que el ascensor se cerrara y se me acerco para darme un beso en la mejilla

                                                                                                                                                                                                            • - Vamos a desayunar

                                                                                                                                                                                                            Me tomo de la cintura y me movió. Yo la seguí por inercia como si estuviera hipnotizado, si hipnotizado por su rostro suave y pacifico sin marca de maldad.

                                                                                                                                                                                                            Fuimos asta la mesa donde había estado cerca de una ventana en el área de fumadores por que sabia que de ves en cuando Anahi fumaba uno que otro cigarro.

                                                                                                                                                                                                            No nos dirigimos la palabra asta que una camarera nos interrumpió por así decirlo.

                                                                                                                                                                                                            El estuvo mirando el exterior como si estuviera buscando algo, mientras yo lo seguía viendo hipnotizada prácticamente por su rostro.

                                                                                                                                                                                                            (Diálogos en ingles)

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Van a ordenar algo? – Dijo la camarera que había estado esperando a que la viéramos
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Perdón? – Pregunto John Al escuchar la vos de la mecerá
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Ya van a ordenar? – Dijo algo cansada
                                                                                                                                                                                                            • - Oh si, yo quiero unos huevos revueltos con jamón, un vaso de jugo se naranja y un café – Dijo rápidamente John para luego volver a mirar el exterior.
                                                                                                                                                                                                            • - Tráigame lo mismo por favor.
                                                                                                                                                                                                            • - Muy bien en un momento.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            Anahi había llegado un par de minutos después de que la camarera se fuera.

                                                                                                                                                                                                            Karen y Anahi estuvieron hablando unos minutos mientras que yo reflexionaba lo que la voz me había tratado de decir, pero no entendía a que se refería con “tu misión”.

                                                                                                                                                                                                            Empecé a comer sin dirigir la mirada a las chicas

                                                                                                                                                                                                            • - John, ¿Estas bien?
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Eh?, Si claro Karen solo estaba divagando

                                                                                                                                                                                                            Seguí comiendo sin decir nada

                                                                                                                                                                                                            Un par de hombres llamaron mi atención, uno de ellos despedía un olor muy particular.

                                                                                                                                                                                                            Los seguí con la mirada y vi como se sentaban junto a nosotros.

                                                                                                                                                                                                            Los estuve escuchando hablar en una lengua que no pude distinguir, pero sabia que no tenían buenas intenciones.

                                                                                                                                                                                                            • - Tiene que irse – Les dije a las chicas, con la mirada fija en los dos hombres.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué? – Me preguntaron extrañadas.
                                                                                                                                                                                                            • - Tiene que irse y ya, algo malo va a pasar – Les dije dirigiendo la mirada a Karen – Tiene que hacerlo, yo pagare la cuenta pero ustedes tienen que irse ahora – Me sentía algo extraño, como si estuviera poseído.
                                                                                                                                                                                                            • - Esta bien – Me respondió Karen algo atónita.

                                                                                                                                                                                                            Las dos salieron mientras yo seguía escuchando la conversación.

                                                                                                                                                                                                            Bomba. Fue la palabra que entendí mejor.

                                                                                                                                                                                                            Karen voltio a verme con una expresión de miedo. Yo solo asentí con una sonrisa.

                                                                                                                                                                                                            Los dos hombres, que venían vestidos con sacos largos y marrones, terminaron de hablar y se pusieron de pie. Dieron un vistazo alrededor y se dirigieron un par de palabras más.

                                                                                                                                                                                                            Vi que uno de ellos, el mas alto, llevaba algo debajo de su saco, ya sabia que era y en ese momento supe que era hora de actuar, salte de mí asiento y me abalance sobre el hombre mas alto.

                                                                                                                                                                                                            Los dos cayeron, y el que lo acompañaba saco un sub-fusil Kalashnikov de debajo de su saco y me apunto lo mas rápido que pudo.

                                                                                                                                                                                                            Rápidamente salte hacia atrás para esquivar los disparos, pero me pudo dar do tiros en el costado.

                                                                                                                                                                                                            El tipo de la bomba aprovecho ese momento para levantarse .

                                                                                                                                                                                                            La gente del restaurante había desaparecido y solo estábamos los tres hay.

                                                                                                                                                                                                            <<- Bien, nadie saldrá herido>> Pensé, pero me di cuenta de que me tenían acorralado contra la pared y el hombre de la bomba estaba listo para volarse en pedazos.

                                                                                                                                                                                                            Salte contra el para evitar que estallara, pero fue muy tarde, ya había apretado el interruptor.

                                                                                                                                                                                                            Salí volando y fui atravesado por la metralla de la bomba.

                                                                                                                                                                                                            Atravesé la ventana y antes de que cayera al suelo fui atravesado por una reja que encerraba unas mesas que permitían una vista al hermoso parque mientras disfrutabas de una tasa de café, <<-pero en este momento lo que estarías viendo es a un hombre con quemaduras graves atravesado por una reja y que posiblemente morirá aun con la mejor atención medica->>

                                                                                                                                                                                                            Con la poca fuerza que me quedaba en ese momento pude safarme de la reja y dar un par de pasos para caer de lleno en el piso.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            Había pasado al baño antes de subir al cuarto cuando escuche un estruendo tan fuerte que incluso reventó el espejo del baño y escuche los gritos de Anahi.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Karen ven rápido eran terroristas!

                                                                                                                                                                                                            Salí rápidamente del baño, pasando entre la multitud que corría hacia el restaurante del hotel.

                                                                                                                                                                                                            • - Anahi ¿Qué paso? – Le pregunte al encontrarla derrumbada en un sillón con las manos en la cara.
                                                                                                                                                                                                            • - El nos salvo – Me dijo con lagrimas en los ojos – Nos salvo de una muerte segura.

                                                                                                                                                                                                            Rompió a llorar al terminar la oración.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿De quien hablas? – Pregunte presintiendo la respuesta – Acaso hablas de… – Trague un poco de saliva – Es acaso de de Johnny.

                                                                                                                                                                                                            Ella me miro a los ojos y aun con lágrimas en sus ojos y asintió.

                                                                                                                                                                                                            Corrí a ver que era lo que había pasado.

                                                                                                                                                                                                            El restaurante estaba patas arriba y cerca de donde habíamos estado sentados estaba la marca de una gran explosión acompañada de algo de sangre que no había sido quemada por la misma, además de un AK-47 destrozado.

                                                                                                                                                                                                            La venta de estaba despedazada y fuera un cúmulo de gente se arremolinaba.

                                                                                                                                                                                                            Me acerque lo mas que pude, empujando con toda mi fuerza a la gente asta lograr llegar al centro.

                                                                                                                                                                                                            Con horror vi que el cuerpo que estaba hay era el de John.

                                                                                                                                                                                                            Estaba boca abajo, con la camiseta hecha jirones como sus Jeans y algo de sangre sobre su piel

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Johnny!

                                                                                                                                                                                                            Me hinque a su lado y lo voltee, si era el, tenia que ser el, fue el único que se dio cuenta de lo que pasaría.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Por qué?¿Por que no te fuiste con nosotros? ¿Por qué tenias que detenerlos? – Las lagrimas empezaron a correr por mi rostro – ¿Por que tenias que ser un héroe? – Grite con todas mis fuerzas.

                                                                                                                                                                                                            Puse su rostro contra mi pecho y continué llorando. Mis lagrimas caían en su rostro solo rasguñado, pero no destrozado.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡No puedes irte! ¡No otra vez! ¡No lo soportaría! ¡No!

                                                                                                                                                                                                            Pudieron haber pasado horas o segundos, pero el tiempo paso sin que yo la notara, solo podía notar mis lágrimas cayendo de mis ojos

                                                                                                                                                                                                            • - Karen – Me dijo la voz áspera de Alfredo, pero no voltee ni abrí los ojos.
                                                                                                                                                                                                            • - Dejen me sola.

                                                                                                                                                                                                            Un silencio que no duro mucho fue seguido de un el murmullo de la multitud.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Si quieres estar sola, por qué no me sueltas? – Dijo una voz quebradiza, pero con un tono burlón que tanto conocía y tanto amaba
                                                                                                                                                                                                            • - Por que quiero estar contigo – Dije con un tono burlón, pero igualmente impresionada.

                                                                                                                                                                                                            Rompí a llorar nuevamente y lo abrace.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Por qué me haces esto? – Le pregunte calmándome un poco.
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se – Me respondió el – Pero siento que esta es la única manera protegerte.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            Me ayudaron a volver al cuarto, les dije que lo único que necesitaba era una ducha para recuperarme.

                                                                                                                                                                                                            Lo bueno es que nadie vio donde exploto el tipo y donde me encontraba yo.

                                                                                                                                                                                                            Lo único que debía hacer era volver a templo de Atenas para poder descubrir lo que estaba pasándome.

                                                                                                                                                                                                            Salí de la tina, me cambie. Por suerte esa mañana no usaba mi camiseta de la suerte si no  podría usarla nuevamente.

                                                                                                                                                                                                            Estaba en el cuarto de los chicos. Tenia que salir sin que lo notaran.

                                                                                                                                                                                                            Por suerte Maria Luisa seguía dormida y la habían movido al cuarto de las chicas. José Luís y Alfredo salieron a desayunar a otro lugar, ya que el del hotel era un desastre y Anahi estaba cuidando de Karen. Estaba algo sensible por todo lo que había pasado.

                                                                                                                                                                                                            Ya había bajado, salí del lobby como si saliera a pasear, como si nada de esa mañana hubiera pasado.

                                                                                                                                                                                                            Cuando llegue al templo entre como cualquier otro visitante pagando los 4 euros. Luego de entrar empecé a correr, sentía como la que estaba hay me llamara.

                                                                                                                                                                                                            Llegue al punto donde me separe del grupo.

                                                                                                                                                                                                            Salte la línea de seguridad que había ignorado la ves pasada y seguí caminando asta donde la luz me permitió.

                                                                                                                                                                                                            El clima no era del todo bueno, empezaba a nublarse y la temperatura descendió.

                                                                                                                                                                                                            Saque mi encendedor zippo plateado que había comprado algunos días antes, auque no se por que, ya que yo no fumaba, pero me gustaba mucho, ya que tenia un pentagrama grabado en el.

                                                                                                                                                                                                            La llama que emanaba era de color amarilla y, por la forma en que se movía, parecía ser liquida.

                                                                                                                                                                                                            El pasillo era largo como lo recordaba y terminaba en un callejón sin salida, pero yo ya sabia que hacer, tenia que mover la pared.

                                                                                                                                                                                                            Puse mi mano sobre la pared y, para mi sorpresa, esta se movió sola, como si supiera que debía dejarme pasar, y eso hice.

                                                                                                                                                                                                            Cuando pase la pared se cerro creando una ráfaga de aire lo suficientemente fuerte para apagar la llama de mi encendedor. Intente encenderlo nuevamente, pero por mas que lo intentaba no podía hacerlo funcionar.

                                                                                                                                                                                                            Decidí dejarlo por la paz y continuar.

                                                                                                                                                                                                            Como la ultima vez que estuve hay alcanzaba a ver unas columnas, que me sirvieron de guía para poder moverme por hay.

                                                                                                                                                                                                            Cuando deje de ver las columnas, cuando esto sucedió saque nuevamente mi encendedor para poder ver a mi alrededor.

                                                                                                                                                                                                            Para mi fortuna esta vez si encendió y pude ver lo que me rodeaba. Frente a mi se alzaban cuatro estatuas que puede reconocer fácilmente, Zeus, Afrodita, Hades y Artemisa, todos sobre columnas de un metro y medio.

                                                                                                                                                                                                            Delante de ellos, formando un pentágono se hallaba una estatua de Atenas, con un búho en su mano izquierda y la otra extendida hacia otra estatua y lo que me sorprendió fue ver quien era.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡No puede ser! – Dije sin poder evitarlo – ¡No puede ser yo!

                                                                                                                                                                                                            Pero era yo, y no podía negarlo, se veía un poco diferente, pero era yo. Estaba hincada y miraba a Atenas fijamente

                                                                                                                                                                                                            Me acerqué a la estatua para poder verla mejor.

                                                                                                                                                                                                            Parecía que la figura que tenía mi forma hubiera sido una persona real convertida en piedra. Parecía usar una capa, por lo que no podía ver la mayor parte de su cuerpo, pero el brazo derecho estaba cubierto con algo parecido a una armadura.

                                                                                                                                                                                                            Rece con mis dedos esa armadora tallada en piedra y unas imágenes se empezaron a agolpar en mi cabeza. Yo, los lobos, cuerpos mutilados y volví a ver la escena que ayer había visto cuando me desmaye. Volví a ver a aquel lobo plateado, pero esta vez vi más.

                                                                                                                                                                                                            Hay estaba mi otro yo, vistiendo una armadura rota en el lado izquierdo y una falda negra, y ese lobo plateado.

                                                                                                                                                                                                            • - <<Licaón.>> – No se como conocía su nombre, pero lo sabia

                                                                                                                                                                                                            El lobo se abalanzo sobre mi otro yo quien lo arremetió con una espada de hoja curva, muy parecida a una katana, pero con una empuñadura extraña que protegía su mano.

                                                                                                                                                                                                            A pesar de su rápido movimiento mi otro yo fue mordido en el hombro izquierdo por la gran bestia.

                                                                                                                                                                                                            El lobo plateado volvió a su forma humana que debía de tener unos 50 años de edad.

                                                                                                                                                                                                            • - Volveré – Dijo el hombre antes de caer a sus pies.
                                                                                                                                                                                                            • - Y yo te esperare – Dijo mi otro yo.

                                                                                                                                                                                                            Los demás lobos intentaron escapar, pero mi otro yo los acabo a todos con una extraña cadena que parecía moverse hacia donde el lo quisiera.

                                                                                                                                                                                                            Mal herido y, al parecer, cansado el empezó a caminar por entre los cadáveres de lo que antes habían sido hombres lobo y sus victimas.

                                                                                                                                                                                                            Siguió caminando asta llegar al templo en el que, asta hace unos momentos, me encontraba. Llego al cuarto donde se encontraban las estatuas y que era iluminado por unas antorchas.

                                                                                                                                                                                                            El se acerco a la estatua de Atenas y callo de rodillas ante esta.

                                                                                                                                                                                                            • - Krato, Cumpliste tu misión, pero ahora tu también estas maldito, y no podemos dejarte volver – Le dijo la estatua de Atenas
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Pero ahora que haré? – Pregunto Krato
                                                                                                                                                                                                            • - Tienes que quedarte aquí, no puedes salir al exterior, pondrías en peligro las vidas de los que te rodean, de tu esposa y tu familia. _ Le dijo calmadamente Atenas
                                                                                                                                                                                                            • - Ella tiene razón Krato, no podemos dejarte ir – Dijo el Zeus a su derecha – Además recuerda lo que dijo, El volverá.
                                                                                                                                                                                                            • - Además su alma no a entrado en mi reino aun – Dijo Hades a un lado Zeus.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Cómo es eso posible? – Pregunto Krato extrañado
                                                                                                                                                                                                            • - Ni siquiera yo tengo la respuesta a esa pregunta Krato – Dijo Atenas – Pero si se que cuando vuelva, volverá con más fuerza que antes.
                                                                                                                                                                                                            • - Entonces lo esperare y lo venceré, yo también me haré mas fuerte.
                                                                                                                                                                                                            • - Pero no podemos dejarte ir – Intervino Zeus – En tu situación podrías esparcir la maldición.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Pero que carazos dices?
                                                                                                                                                                                                            • - Es cierto Krato, no podemos dejar que la maldición se esparza – Dijo Atenas
                                                                                                                                                                                                            • - El momento llegara, cuando el vuelva tu también lo aras, pero no en ese cuerpo.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Cómo?
                                                                                                                                                                                                            • - El no volverá pronto, y no duraras mucho en ese cuerpo.

                                                                                                                                                                                                            En ese momento Krato escupió algo de sangre. Era cierto, cualquiera podría ver que Krato no duraría mucho en ese estado.

                                                                                                                                                                                                            • - Te otorgaremos un cuerpo nuevo, pasaras aquí el resto de tu vida asta que creemos un cuerpo capas de controlar la maldición.
                                                                                                                                                                                                            • - Bien, lo are, pero solo si le dicen a mi esposa lo que paso
                                                                                                                                                                                                            • - Lo aremos Krato, no te preocupes por eso – Dijo la estatua de Afrodita – Y yo me encargare personalmente que lo sepa

                                                                                                                                                                                                            En ese momento una luz intensa de color dorado salio del cuerpo de Krato, y al salir de este su cuerpo se convirtió en piedra.

                                                                                                                                                                                                            Cuando la luz llego al centro de las estatuas un remolino empezó a formarse cubriendo la luz en una especie de arcilla, que se moldeo en el hombre lobo que había visto la primera ves que entre en el templo y cuando tuve el sueño en el hospital.

                                                                                                                                                                                                            • - Este será tu cuerpo – Dijo Atenas – Y asta que renazcas permanecerás aquí.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            No supe cuanto tiempo estuve inconciente, pero desperté de ese sueños  hincado frente a la estatua de Atenas que ya no tenia la mano extendida, sino que la tenia a un lado.

                                                                                                                                                                                                            La figura de Krato había desaparecido, y la figura de arcilla de arcilla apareció justo detrás de mí.

                                                                                                                                                                                                            Me levante y me acerque para mirarla. Tenia los ojos cerrados y media medio metro mas que yo.

                                                                                                                                                                                                            Escuche un extraño sonido a mi alrededor, entonces vi que las estatuas estaban al ras del suelo y empezaban a brillar de un color azul eléctrico.

                                                                                                                                                                                                            Entonces unos haces de luz formaron un pentagrama con las estatuas. Esa luz cubrió todo el cuarto.

                                                                                                                                                                                                            Entonces voltee a ver la estatua de arcilla. Vi como se desmoronaba dejando ver la luz dorada, menos intensa que la que había visto anteriormente.

                                                                                                                                                                                                            La luz que había visto salir de Krato empezó a moverse a mi alrededor asta entrar a mi pecho.

                                                                                                                                                                                                            Caí de rodillas al piso con una extraña sensación en el pecho.

                                                                                                                                                                                                            • - Tengo… – balbuceé – Tengo que salir de aqui

                                                                                                                                                                                                            NightStalker Cap 1

                                                                                                                                                                                                            NIGHTSTALKER

                                                                                                                                                                                                            El Asechador Nocturno

                                                                                                                                                                                                            Capitulo I: El Despertar

                                                                                                                                                                                                            La noche anterior fue como un sueño o más bien una pesadilla. No recuerdo mucho solo que corría lo mas rápido que podía, sentía que el corazón me explotaría, las piernas se me doblaban, en este momento se me empezó a nublar la vista y lo único que recuerdo fue que caí y empecé a sentir un dolor intenso en mi hombro izquierdo.

                                                                                                                                                                                                            Al despertar no sabia donde me encontraba, tenia un horrible dolor de cabeza y un extraño sabor metálico en la boca como si me hubieran puesto una moneda en la boca todo estaba oscuro y mal oliente, parecía que me encontraba en un basurero o en un contenedor.

                                                                                                                                                                                                            Empiezo a sentarme a reflexionar un poco sobre lo de la noche pasada pero cada ves que lo intentaba me empezaba a doler la cabeza. Me empiezo a ponerme de pie y a caminar con las manos expendidas para buscando una pared. El piso estaba accidentado como si se tratara de un piso antiguo, muy, muy antiguo.

                                                                                                                                                                                                            Creo que acabo de encontrar algo es una columna, párese ser que es de piedra. Me detengo a pensar las cosas, me reviso los bolsillos tengo unas monedas un llavero y un celular.

                                                                                                                                                                                                            • - Bien – Dije en voz baja – debo de poder usarlo.

                                                                                                                                                                                                            Es un celular Motorola V3 lo abro e intento encender la pantalla tocando las teclas.

                                                                                                                                                                                                            • - Maldición – Entre dientes.

                                                                                                                                                                                                            El celular no funciona.

                                                                                                                                                                                                            • - Cálmate – Me susurro – Piensa un poco.

                                                                                                                                                                                                            El celular debe de estar apagado.

                                                                                                                                                                                                            En este momento me doy cuenta que tengo los ojos cerrados. Los empiezo a abrir aunque no se para que el cuarto esta totalmente oscuro.

                                                                                                                                                                                                            • - Pero que demonios – Puedo ver lo que esta en el cuarto no muy claramente pero puedo ver. Alcanzo a ver mis manos sosteniendo el teléfono la columna y otras dos columnas a unos 2 metros de distancia, no alcanzo a ver al techo.
                                                                                                                                                                                                            • - Tengo que encender el teléfono – Mientras mantengo apretado el botón de encendido – tiene que funcionar.

                                                                                                                                                                                                            Con un destello de la pantalla y el teclado se encendió, la luz es muy fuerte, no, mas bien no me e acostumbrado a la luz. Puedo ver mejor el cuarto. El techo esta a unos 4 metros y hay unas seis columnas.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Dónde esta la salida?

                                                                                                                                                                                                            Me acerco a la pared ayudado por la luz de la linterna me recargo en la pared y me doy cuenta de que no tengo puesta mi camisa.

                                                                                                                                                                                                            Con el teléfono la busco mi camisa, la encuentro en una esquina tirada como si la hubieran lanzado al quitármela.

                                                                                                                                                                                                            Mi camisa favorita. Es color azul oscuro y un estampado en la espalda y en el pecho que dice Goldie Utikity (Goldie Utility) en color rojo como graffiti y en el pecho una mano color gris con una estrella en el centro con el goteo que también tienen las letras. También tiene una doble manga falsa color crema.

                                                                                                                                                                                                            Al ponérmela siento que me que da un poco rara como si fuera mas chica. Me extraña porque siempre me había que dado algo holgada incluso ase 10 años antes de bajar unos 30 kilogramos.

                                                                                                                                                                                                            • - Bueno no importa. ¿Y mi chamarra?

                                                                                                                                                                                                            Estaba muy cerca, negra delgada con capucha, talla extra grande, mi favorita.

                                                                                                                                                                                                            Mi mochila, todo estaba aquí incluso mi hombro.

                                                                                                                                                                                                            Si ya podía recordarlo me había destrozado mi hombro, pero ahora estaba bien completo ni una marca. Bueno ahora lo que importa eso salir de aquí

                                                                                                                                                                                                            Una luz se filtra por un pequeño orifici0 en la pared a mi derecha creo que es como una puerta es completamente de piedra debe de pesar media tonelada pero se mueve como si pesara solo 10 kilogramos.

                                                                                                                                                                                                            • - AAAH! – gruño mientras cierro mis por el exceso de luz
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Donde estoy?

                                                                                                                                                                                                            Bien recuerdo que estoy en Grecia si había venido en un tour. Si vine con otros 5 amigos míos

                                                                                                                                                                                                            <<- Maldición deben de estar preocupados por mi ->> Pienso mientras camino pegado a la pared segado por la luz.

                                                                                                                                                                                                            Un fuerte dolor de cabeza me empieza a taladrar el cráneo. Es insoportable. No puedo caminar.

                                                                                                                                                                                                            Empiezo a buscar en mi mochila mis lentes. Son unos lentes oscuros tipo policíaco de armazón negro. Si aquí están, y al ponérmelos la luz dejo de molestarme.

                                                                                                                                                                                                            • - Así esta mejor.

                                                                                                                                                                                                            Había salido a un pasillo amplio de piedra amplio y con columnas. <<- Reconozco este lugar ->>

                                                                                                                                                                                                            Aquí habíamos venido a un tour. Este era un santuario ateniense. Lo que no logro recordar es como llegue hay dentro.

                                                                                                                                                                                                            Bien ahora tengo que volver al hotel,

                                                                                                                                                                                                            • - ¡Maldición!, necesito una aspirina.

                                                                                                                                                                                                            El hotel no esta lejos no son más de 5 cuadras.

                                                                                                                                                                                                            Pero algo anda mal no hay gente de hecho no hay nada mas que ruinas, algo esta mal algo es diferente. Párese que ya no estoy en mi tiempo lo se porque empiezo a ver gente corriendo pero la gente y la gente esta vestida con antiguas ropas.

                                                                                                                                                                                                            El cielo se a oscurecido, no, no se a oscurecido sino que mas bien se enrojeció como si fuera sangre.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Donde estoy? – Me pregunto mientras miro como la gente cae tumbada por lobos, pero no son lobos comunes son mas grandes, mas fuertes.

                                                                                                                                                                                                            Esto es una masacre y el más grande de todos un lobo plateado, aun ante aquella luz roja en la que sus ojos se oscurecían al ser de un color amarillento.

                                                                                                                                                                                                            El lobo salto en mi dirección. Me di vuelta, vi un destello, tropéese y todo se oscureció

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            • - Amigo esta bien – dice una vos de hombre, con un eco lejano. Pero no hablaba español o ingles sino más bien griego

                                                                                                                                                                                                            Estoy tirado en el suelo empapado en sudor y con los lentes rotos. Me desmaye en camino al hotel, tengo que llegar lo mas rápido posible.

                                                                                                                                                                                                            Me levanto tambaleando, <<- Ya falta poco ->> Pienso mientras me tambaleo

                                                                                                                                                                                                            Empiezo a correr al hotel que esta ya frente a mi corro dentro del lobby hacia el elevador que se encuentra en la pared opuesta de la recepción el elevador venia bajando y dos ancianas salieron. Las pase rápidamente entre en el elevador presione el botón del piso 12 notando la falta del piso 13. Me recargo en la pared.

                                                                                                                                                                                                            La cabeza me empieza a doler nuevamente la cabeza.

                                                                                                                                                                                                            • - Piso 10 – <<Estoy a punto de vomitar>> Pensé.

                                                                                                                                                                                                            Ya llegue al piso. Salgo corriendo a la derecha.

                                                                                                                                                                                                            Ya frente a la puerta saco de mi mochila mi cartera donde había dejado en mi mochila. Al sacarla logro notar mi credencial de la universidad a nombre de John Stolk.

                                                                                                                                                                                                            Deslizo la tarjeta entro y me desmayo frente al tapete color marrón a un lado de el pequeño escritorio de madera.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            Estaba preocupada por John no había llegado la noche anterior y no había podido dormir bien por que tuve una horrenda pesadilla donde era perseguido por una bestia enorme y era atacado al caer al suelo.

                                                                                                                                                                                                            Tenia que regresar al hotel para dormir, así que deje a mis amigos en el café que no estaba muy lejos.

                                                                                                                                                                                                            El lobby tenia un techo a unos dos metros las paredes son color crema y esta decorado con arte griego y una fuente adornada.

                                                                                                                                                                                                            Al entrar escuche a un par de ancianas quejarse de un chico que casi las hacia caer al entrar apresuradamente al elevador. Al escuchar esto sentí un escalofrió.

                                                                                                                                                                                                            Entre al elevador viendo el reflejo de una joven de 21 años vistiendo jeans y una blusa color rosa pálido, como el color de su cara y con una pequeña bolsa de color marrón con lentejuelas.

                                                                                                                                                                                                            Presiono el botón del piso doce, me recargo en la fría pared de madera. Dormite durante un momento hasta que la campana del elevador me advirtió que había llegado a mi piso.

                                                                                                                                                                                                            Al salir sentía una pesadez como si continuara en el sueño.

                                                                                                                                                                                                            Al acércame a la puerta de mi cuarto, note que la puerta estaba abierta y alguien estaba tirado en la entrada.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Quién esta hay?

                                                                                                                                                                                                            Pregunte y al no recibir respuesta entre cuidadosamente.

                                                                                                                                                                                                            Lo que vi me impresiono. John estaba hay tirado como muerto.

                                                                                                                                                                                                            Me acerque lentamente al escritorio del hotel donde casi caía y tome una de las botellas de agua y me hinque se para levantar su cabeza.

                                                                                                                                                                                                            Al tomarlo de la cabeza sentí que estaba ardiendo por lo que corrí al baño ya saque una toalla la humedecí en el lavamanos., se la puse en la cabeza.

                                                                                                                                                                                                            Tenia que hacer algo, algo malo estaba pasando.

                                                                                                                                                                                                            Intente levantarlo lo que me resulto muy difícil, aunque había estudiado medicina y trabajado en urgencias un buen tiempo.

                                                                                                                                                                                                            Decidí dejarlo y pensé que seria mejor arrastrarlo asta el elevador.

                                                                                                                                                                                                            Ya en elevador me asegure de que sus pies no se salieran y presione el botón de la planta baja.

                                                                                                                                                                                                            Estaba ardiendo en fiebre y su pulso estaba muy acelerado.

                                                                                                                                                                                                            Puse su cabeza sobre mis piernas. Una extraña sensación me invadió al verlo de esa manera, sereno, apacible como si nada pasara por su mente como si estuviera listo para algo, algo que cambiaria todo.

                                                                                                                                                                                                            Levante su cabeza, la apreté en mi pecho y una solitaria lagrima recorrió mi rostro asta caer en su rostro, en su apacible rostro.

                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes todo va a estar bien

                                                                                                                                                                                                            (Diálogos en ingles)

                                                                                                                                                                                                            La puerta del elevador se abrió y salí lo más rápido posible casi desplomándome en la mitad del lobby.

                                                                                                                                                                                                            • - Alguien llame un ambulancia – Grite con desesperación, mientras las personas alrededor se acercaban a ver lo que pasaba, una de las dos recepcionista se acerco enfundada en su corto traje color azul marino.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Que le paso? – Pregunto la recepcionista poniéndose de cuclillas, casi dejando ver su ropa interior.
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se – Respondí apresuradamente – Creo que se desmayo, cuando llegue al cuarto así estaba.

                                                                                                                                                                                                            La joven volteo a ver a su compañera, le dijo algo y luego volteo a verme.

                                                                                                                                                                                                            • - No se preocupe la ambulancia no tardara – Me dijo con una vos consoladora – El hospital no esta muy lejos,

                                                                                                                                                                                                            Lo primero se me vino a la mente fue quitarle la camisa, para que los paramédicos no se la destruyeran. Su camisa favorita.

                                                                                                                                                                                                            • - Ayúdeme, a quitarle la camisa. -Dije casi sin pensar.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Perdón? – Pregunto la recepcionista
                                                                                                                                                                                                            • - Ayúdeme a quitarle la camisa, para que los paramédicos no la destruyan
                                                                                                                                                                                                            • - Esta bien -dijo temerosa.

                                                                                                                                                                                                            Las dos le quitamos la camisa unos momentos antes de que los paramédicos.

                                                                                                                                                                                                            Los paramédicos se hicieron paso entre la multitud que se había formado a nuestro alrededor.

                                                                                                                                                                                                            La recepcionista les dijo algo en lo que creo era griego moderno.

                                                                                                                                                                                                            La recepcionista volteo a verme y me preguntó:

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Quiere acompañarlo?
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Que?, A claro, soy su amiga.

                                                                                                                                                                                                            Nuevamente la recepcionista volteo hacia los paramédicos les dijo algo y mirándome me dijo:

                                                                                                                                                                                                            • - Bien, cuando lo levanten sígalo.

                                                                                                                                                                                                            Y así lo hice los seguí asta una ambulancia que se ubicaba a pocos metros de el lobby.

                                                                                                                                                                                                            Al subir uno de los paramédicos me ayudo a subir.

                                                                                                                                                                                                            John se encontraba pasivo, extrañamente pasivo como si supiera algo que yo no, como si quisiera decirme que todo estaba bien que no me preocupara, pero en su estado no había manera de calmarme.

                                                                                                                                                                                                            Ante aquella escena que parecía sacada de la más cursi de las películas no pude contener las ganas de llora y al ver mi reacción uno de los paramédicos se me acerco y me abrazo mientras que el otro revisaba los signos vitales de John.

                                                                                                                                                                                                            Sostenía con todas mis fuerzas la camiseta, apretándola a mí pecho como si en ese momento fuera a morir y eso seria el último pensamiento que debió de pasar por mi mente en ese instante. No podía saber porque, pero sentía que si lo perdía ahora no lo soportaría seria devastador.

                                                                                                                                                                                                            <<- no, no debía pensar eso. ->>  Por la forma en que John se encontraba sabía que todo se pondría mejor.

                                                                                                                                                                                                            Me había sentado en una incomoda silla de la sala de espera al ver que los médicos me lanzaron una mirada rígida, pero no de reproche que claramente entendí.

                                                                                                                                                                                                            Estaba muy cansada ahora para esperar despierta, por lo que no aguante quedarme dormida.

                                                                                                                                                                                                            En mi letargo las voces se apagaban cada vez más asta el punto en que todo era silencioso.

                                                                                                                                                                                                            Al percatarme de esto abrí los ojos, pues como ya conocía los hospitales no son los lugares más silenciosos y menos lo era la sala de urgencias.

                                                                                                                                                                                                            Todo había cambiado ya no estaba en la sala de urgencias, estaba en un salón oscuro sin nada mas que una cama de hospital cubierta por una extraña luz blanca que parecía provenir de ningún lugar.

                                                                                                                                                                                                            Al acércame vi que John se encontraba acostado en ella. No pude aguantar la emoción de verlo bien, sano, y rompí a llorar en su regazo, sentía como mis lágrimas humedecían las sabanas que lo cubrían.

                                                                                                                                                                                                            Al poco tiempo sentí como su mano jugaba con mi cabello.

                                                                                                                                                                                                            Feliz levante la mirada para verlo mejor. Se había despertado y me miraba con unos ojos completamente felices, como si siempre me hubiera visto así cada día de mi vida,

                                                                                                                                                                                                            (Diálogos en español)

                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes todo estará bien – Dijo arrastrando esta ultima palabra antes de romper en una risa histérica que me asusto por lo que di unos pasos atrás.

                                                                                                                                                                                                            Mientras se reía de esa forma extraña se había encorvado casi en posición fetal sobre la cama.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Estas bien?

                                                                                                                                                                                                            La risa empezó a detenerse asta el punto en que el silencio, un silencio que no duro mucho.

                                                                                                                                                                                                            • - No te preocupes – empezó a decir mientras se levantaba de la cama.

                                                                                                                                                                                                            La mirada de sus se había transformado con el color de sus ojos, que ahora se mostraba de un color rojo intenso, hubiera jurado que sus cuencas se llenaron de sangre y solo había quedado un punto nebro entre las esferas.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Quién eres y que le hiciste a John?
                                                                                                                                                                                                            • - Soy yo ¿que no me reconoces? – Dijo con un tono burlesco

                                                                                                                                                                                                            Y en ese momento vi como se retorcía de pie frente a mi como si algo dentro de el estuviera combinado.

                                                                                                                                                                                                            De repente se volvió mas notorio. Sus extremidades crecían y se ensanchaban, su pecho crecía y su boca se alargaba, el pelo le crecía de todas partes.

                                                                                                                                                                                                            Vi con terror como tomaba la forma de un hombre lobo como los que se mostraban las películas de horror y que describía perfectamente Stephen King en su libro “El siclo del hombre lobo”.

                                                                                                                                                                                                            Un cuerpo de dos metros diez de altura el pecho agigantado y los talones se alargaban asta el punto que parecían una segunda rodilla invertida. Toda la escena me había aterrado, al punto de que me paralice.

                                                                                                                                                                                                            Se me acerco al punto de que su calida y profunda respiración se escuchaba claramente. Sus ojos brillaban con una maligna intensidad.

                                                                                                                                                                                                            En el momento que reaccione por fin, gire sobre mis pies, pero en un movimiento tan torpe que caí de bruces en el piso, esperando que me mordiera. Pero nada paso.

                                                                                                                                                                                                            Después de un corto tiempo empecé a escuchar un murmullo, que rápidamente se convirtió en un incesante ruido que rápidamente reconoció, el de una sala de urgencias.

                                                                                                                                                                                                            Sentí un ligero golpe en la espalda, mas bien en el hombro, y al levantar la vista vi que era una de las enfermeras y note que estaba en el piso, que me había levantado y caído de la silla mientras dormía.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Esta bien? – Me pregunto en ingles – ¿Necesita algo?
                                                                                                                                                                                                            • - Si, un café y una aspirina – Le respondí aun aturdida por el sueño.

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            Me levante violentamente sobre la cama de hospital, solo para vomitar entre mis piernas y volver a desvanecerme.

                                                                                                                                                                                                            El sueño que había fue muy extraño hay estaba ella y yo, pero había algo mas, o mas bien alguien mas, y ese alguien entro a mi cuerpo, lo se porque al dejar de sentir un fuerte dolor en el estomago me vi de pie junto a Karen de pie y la miraba fijamente y lo peor fue cuando mi cuerpo comenzó a cambiar asta transformarse en el de la representación de un hombre lobo y vi con horror como se le acercaba y mantenía fijos sus ojos en los suyos y ella gira sobre sus pies pero no logra hacer mas porque callo y no aguante mas.

                                                                                                                                                                                                            • - Déjala – Grite con todas mis fuerzas asta que sentí la necesidad de vomitar y me di cuenta de que estaba soñando, y aunque los internos me querían hacer reaccionar solo levante ni mano para que me dejaran en paz.

                                                                                                                                                                                                            Que había sido eso, bueno no importaba fue solo un sueño. Si solo un sueño…

                                                                                                                                                                                                            (Diálogos en griego moderno)

                                                                                                                                                                                                            • - Necesita algo – Me dijo una interna.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Perdón? – Le pregunte sin mas que decir.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué si necesita algo? – Me volvió a decir.
                                                                                                                                                                                                            • - Creo que una chica vino con migo ¿o e equivoco? – La interna asintió – ¡Podría traerla para que la vea?
                                                                                                                                                                                                            • - Claro – me dijo mientras giraba para ir a la sala de espera.
                                                                                                                                                                                                            • - Espere le dije casi gritando.
                                                                                                                                                                                                            • - Necesita algo mas.
                                                                                                                                                                                                            • - No es que ella no habla griego, solo ingles.
                                                                                                                                                                                                            • - Muy bien – Me dijo extrañada, mirándome, pienso que preguntándose porque yo si hablaba griego y mi compañera no.

                                                                                                                                                                                                            Es la mismo que yo me pregunto, por que puedo entender como entendí lo que me dijo el comerciante cuando me desmaye por primera ves que me desmaye.

                                                                                                                                                                                                            Mientras lo reflexionaba habían pasado varios minutos y entre los olores de aquel hospital logre encontrar uno especifico el olor de un perfume, si el perfume de Karen.

                                                                                                                                                                                                            Levante la vista y hay estaba a  tres metros acompañada de la interna y un enfermero. Al verme corrió hacia mi a punto de llorar para abrazarme.

                                                                                                                                                                                                            Yo también sentía una gran necesidad de tenerla junto a mi.

                                                                                                                                                                                                            Después de un tiempo intercambiamos miradas y como si lleváramos toda la vida haciéndolo, nos besamos con pasión.

                                                                                                                                                                                                            Después de un momento de estar así durante un momento estuvimos cambiando miradas.

                                                                                                                                                                                                            • - Tus ojos cambiaron – Dijo con un cierto tono de terror.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué? – Le pregunte extrañado.
                                                                                                                                                                                                            • - Si, antes eran cafés y ahora son verdes, de un color verde brillante.

                                                                                                                                                                                                            Busque algún objeto en el que me pudiera ver los ojos, pero antes de que hiciera algo mas Karen me ofreció un pequeño espejo, de los que se abren.

                                                                                                                                                                                                            Lo abrí con impaciencia y vi que, como me lo había dicho, tenía ahora unos ojos de color verde intenso casi amarillos.

                                                                                                                                                                                                            En ese momento y como Karen se llevaba las manos a la cara.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué pasa? – Le pregunte, aunque creo que ya sabia la respuesta.
                                                                                                                                                                                                            • - Es que soñé que…
                                                                                                                                                                                                            • - Shhh… – Le tape la boca con un dedo – Lo se yo también lo soñé. Ven – extendiendo los brazos hacia ella

                                                                                                                                                                                                            Se acerco tímidamente, con algo de miedo que se veía reflejado en sus ojos, pero rápidamente eso desapareció al ver mí mirada que reflejaba mi felicidad, si mi felicidad por verla.

                                                                                                                                                                                                            Nos abrazamos y perdimos la noción del tiempo porque tiempo después notamos que el doctor nos estaba mirándonos.

                                                                                                                                                                                                            (Diálogos en ingles)

                                                                                                                                                                                                            • - Parece que ya se encuentra mejor – Me dijo el doctor que sostenía unos papeles en una carpeta metálica. El estaba vestido con un pantalón café, camisa rojo cubierta con una impecable bata blanca
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué tiene john doctor? – Pregunto Karen antes de que pudiera decir nada
                                                                                                                                                                                                            • - Bien el joven Stolk esta limpio – Dijo fijando la mirada en los papeles de su carpeta – Los exámenes de sangre no muestran nada y los de orina son normales
                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Cómo?!
                                                                                                                                                                                                            • - Si esta completamente sano, ni siquiera los deportistas que llegan a hacerse exámenes generales están tan sanos

                                                                                                                                                                                                            Karen reflexiono un momento e hizo un movimiento para hablar, pero antes de que de su boca saliera palabra yo me le adelante.

                                                                                                                                                                                                            • - Entonces doctor dice que estoy perfecto
                                                                                                                                                                                                            • - Bueno supongo que se puede decir que si
                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Pero como es eso posible?! – Dijo Karen haciéndose notar por su tono.
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se, pero le aconsejaría que se quedara para que le hiciéramos mas examen.
                                                                                                                                                                                                            • - Quiere decir que ya me puedo ir
                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Cómo?! – Me pregunto Karen apresuradas
                                                                                                                                                                                                            • - Ya lo escuchaste estoy perfecto – Le dije en español, mirándola y pasándole un brazo por la espalda para acercarla a mi – No te preocupes todo va a estar bien.

                                                                                                                                                                                                            Ella asintió algo nerviosa.

                                                                                                                                                                                                            • - No lo se – Me respondió (en español)
                                                                                                                                                                                                            • - Que decidió John.
                                                                                                                                                                                                            • - Creo que preferiría irme si es posible lo antes posible.
                                                                                                                                                                                                            • - Muy bien lo daré de alta en menos de una hora, podrá pasar a pagar su cuenta en la recepción. – dijo con una vos de alegría mezclada con algo de recelo

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            Ya fuera del hospital Karen me dio mi camisa que, sabiamente, me quito antes de que los paramédicos.

                                                                                                                                                                                                            • - Gracias, que bueno que me la quitaste es mi favorita y tu lo sabes.
                                                                                                                                                                                                            • - De nada. – Me dijo sonrojándose lo suficiente como para que yo lo notara
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Y bien como estaba cuando me hallaste? – Le pregunte mientras empezábamos a caminar cubiertos por la suave luz del sol que se había vuelto de un color rojizo.
                                                                                                                                                                                                            • - Tirado en el piso del cuarto con la muy alta fiebre, tuviste suerte de no golpearte la cabeza con el mueble del cuarto. – Suspiro algo emocionada.

                                                                                                                                                                                                            Yo hice lo mismo con un ligereo aire de impaciencia

                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Y ahora que?!
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se, – Suspirando de nuevo, tenia mucha hambre y desde ayer no probaba bocado- ¿que tal si vamos a comer?
                                                                                                                                                                                                            • - Bien por aquí debe de haber algún restaurante

                                                                                                                                                                                                            En ese momento sentí el delicioso aroma de la carne cocinándose que me abrió rápidamente el apetito.

                                                                                                                                                                                                            • - Por aquí – le dije a Karen tomándola del brazo – creo que por aquí hay un restaurante.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué? – Me pregunto rápidamente – ¿Cómo lo sabes?
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se, – Le respondí ansioso por el olor a carne – simplemente lo se.

                                                                                                                                                                                                            Me siguió con curiosidad asta dar la vuelta y a unos metros estaba un restaurante de comida tradicional griega.

                                                                                                                                                                                                            • - Vamos entremos
                                                                                                                                                                                                            • - Bien, ¿pero te puedo hacer una pregunta antes?
                                                                                                                                                                                                            • - Claro ¿Cuál es?
                                                                                                                                                                                                            • - Como ¿supiste de este lugar?, la carne huele mucho pero no lo suficiente como para olerla desde donde estábamos.
                                                                                                                                                                                                            • - Yo no lo se, – Le respondí algo atontado por la pregunta – es que lo olí y no es todo cando estaba en el hospital reconocí tu perfume a metros de distancia. Además se hablar griego.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Cómo, – Dijo sorprendida – como es eso posible?.
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se tampoco pero puedo – Eche una mirada al restaurante – y te lo demostrare, ven entra – Tomándola de nuevo del brazo.

                                                                                                                                                                                                            Me acerque a una mesa y me senté me empezaba a doler la cabeza por el intenso hambre.

                                                                                                                                                                                                            Una mesera se nos acerco y nos ofreció las cartas

                                                                                                                                                                                                            (Diálogos en griego)

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué van a pedir?

                                                                                                                                                                                                            Empecé a leer la carta, estaba en griego pero aun así se me hizo muy fácil de leerlo.

                                                                                                                                                                                                            • - vamos a pedir la carne de la casa.
                                                                                                                                                                                                            • - Buena elección señor, ¿Y de tomar?
                                                                                                                                                                                                            • - Limonada, gracias.

                                                                                                                                                                                                            La mirada de desconcierto que tenia Karen me pareció algo graciosa.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿Que te pareció?
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Qué le dijiste? – Me dijo aun con cierta extrañeza acompañada de su porción de emoción
                                                                                                                                                                                                            • - Que comeríamos la especialidad de la casa y tomaríamos una limonada..
                                                                                                                                                                                                            • - ¿pero como?
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se desde que salí del templo podía hablar griego.

                                                                                                                                                                                                            Abrió los ojos lo mas que podía

                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Del templo, del templo de Atena?!

                                                                                                                                                                                                            Trague algo de saliva, era cierto como lo había poder olvidado ese templo ateniense era el de la diosa de sabiduría, la diosa Atena.

                                                                                                                                                                                                            Rápidamente cambie mi expresión de sorpresa por una sonrisa abierta.

                                                                                                                                                                                                            • - ¿y que si ahora puedo hablar cada idioma que escuche?
                                                                                                                                                                                                            • - Jajaja… – Se rió – como puedes cree eso
                                                                                                                                                                                                            • - Solo estaba pensando…

                                                                                                                                                                                                            Me detuve porque empecé a escuchar una conversación, si  una conversación en francés

                                                                                                                                                                                                            • - Que, que pasa. – dijo al ver como dejaba de hablar y desviaba mi mirada a una mesa de la esquina.,
                                                                                                                                                                                                            • - Ves a esos franceses – dije señalándolos – están diciendo que los malditos americanos están acaparando todo el petróleo.
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Pero como lo sabes? Con el ruido de aquí apenas y puedo escuchar las palabras que dicen aquí a un lado.

                                                                                                                                                                                                            Un olor de carne recién preparada me hizo voltear a mirar a un lado, la mecerá se acercaba cargando una bandeja con dos platos una garra de limonada y un par de vasos

                                                                                                                                                                                                            • - Dejemos esta charla para después quieres, ahora vamos a comer

                                                                                                                                                                                                            //–//–//–//–//

                                                                                                                                                                                                            El placer y la felicidad que había sentido apenas una hora habían desaparecido y me empezaba a invadir un dolor intenso de cabeza, tenia que salir rápidamente de hay, no quería dejarla sola pero no tenia opción.

                                                                                                                                                                                                            Levante y me puse la ropa que había dejado tirada por todo el cuarto.

                                                                                                                                                                                                            Karen estaba desnuda en la cama en que habíamos hecho el amor, antes de salir del cuarto la cubrí con una de las sabanas y salí de hay.

                                                                                                                                                                                                            Ya fuera del hotel el dolor se había trasladado de mi cabeza a mi pecho en un ardor insoportable.

                                                                                                                                                                                                            Me quite mi chamarra y mi camisa y la avente a un lado cerca de un basurero.

                                                                                                                                                                                                            La luz de la luna bañaba con su luz todo el callejón

                                                                                                                                                                                                            Un hombre que estaba escondido en el callejón algo me empezó a pasa5r y recordé mi sueño, si eso estaba pasando me estaba transformando en aquel hombre lobo que se le había presentado a Karen en el sueño.

                                                                                                                                                                                                            • - ¡¿Qué me esta pasando?! – balbusie y no supe que mas paso.

                                                                                                                                                                                                            Lo que recuerdo es volver a ver la escena que había visto la primera es que me desmaye, pero luego de esas escenas no desperté sino que escuche una vos suave pero firme.

                                                                                                                                                                                                            • - Esta es tu misión y la debes de cumplir
                                                                                                                                                                                                            • - ¿Quien eres? – Grite abriendo los ojos

                                                                                                                                                                                                            Lo que se levanto frente a mi fue impresionante un castillo brillante que de alguna razón conocía.

                                                                                                                                                                                                            • - El templo de Atena – Dije como si las palabras salieran de mi boca como si yo no las hubiera dicho.
                                                                                                                                                                                                            • - O dios ¿Qué le paso? – Dijo un joven en griego
                                                                                                                                                                                                            • - No lo se y no le importa, quítale el crack – dijo una segunda vos

                                                                                                                                                                                                            Y me encontraba en uno de los basureros del callejón. El pecho ya no me dolía, pero tenia un extraño sabor en la boca.

                                                                                                                                                                                                            <<- ¿Cuanto tiempo paso? ->> Pensé algo atontado.

                                                                                                                                                                                                            • - Veámonos antes de que alguien mas lo vea.

                                                                                                                                                                                                            Salí del basurero al oír que los pasos se alejaban.

                                                                                                                                                                                                            Seguía siendo de noche.

                                                                                                                                                                                                            Tenia la boca cubierta de algo, y al pasar mi mano vi que estaba llena de sangre. Otra cosa que me di cuenta era que mis pantalones estaban hechos jirones asta las rodillas.,

                                                                                                                                                                                                            <<- ¿Qué me paso? ->>  no importa debo volver al hotel recogí mi camisa y mi chamarra y vi a un hombre tirado y con un brazo despedazado sin vida paresia que se había desangrado <<- ¡¿Qué hice?! ->>.

                                                                                                                                                                                                            Me puse mi camisa y mi chamarra además de mis tenis que había dejado a metros del basurero.

                                                                                                                                                                                                            Para que nadie  viera la sangre que tenia por toda la cara me puse la capucha de la chamarra.

                                                                                                                                                                                                            Ya en el cuarto entre sigilosamente y me metí en la regadera-tina del baño, abrí la llave del agua caliente lo mas que pude.

                                                                                                                                                                                                            Ya fuera del baño vi a Karen acostada en la cama, tranquila y volví a pensar en el sueño en aquella bestia, y fulminante paso por mi mente que pudiera lastimarla.

                                                                                                                                                                                                            • - No yo nunca aria eso

                                                                                                                                                                                                            Me recosté en la cama junto a ella la abrace y le susurre al oído.

                                                                                                                                                                                                            • - No, yo nunca te lastimaría.