3. Legola, Señor de Dalia
Para levantar la tregua Jhonatan decidió empezar con Delia, el reinado de los elfos.
Los pocos que conocían bien a los elfos sabían que estaban ligados a los árboles de los bosques en los que viven, por eso estaban enfermando, por que la guerra afectaba a los árboles.
Por lo mismo es que no pueden usar la madera de los árboles sin pedírselo primero, gracias a que conocían el lenguaje del viento con el que se comunican con estos.
Conseguir una audiencia con Legola no seria cosa fácil, pero tenia un plan para que escucharan lo que tenia que decir.
Llego a la frontera al medio día, sabía que cada 50 metros hay un arquero para evitar que intrusos entraran en sus territorios.
Dejo sus armas, una espada curva llamada katana que había conseguido durante su viaje y un gran arco negro con detalles en plata, además de el pequeño carcaj que tenia atado a su pierna derecha y se hinco.
- Soy el rey de Gaia, Jhonatan I y vengo a solicitar una audiencia con su señor Legola
Rápidamente uno de los guardias bajo del árbol en el que se encontraba. Llevaba el cabello largo recogido y se podían ver muy claramente sus orejas puntiagudas. Vestía ropas ligeras y una pechera no muy pesada, aunque Jhonatan sabia que esas ropas eran resistentes.
- ¿Cómo se atreve a venir a pedir una audiencia con el después de lo que su pueblo nos ha hecho a nosotros? – Dijo el elfo molesto
- No vengo mas que ha hablar con su rey sobre una tregua
- ¿Una Tregua? ¿Después de lo que nos han hecho?
- Quizá mi pueblo allá iniciado esta guerra, pero nosotros hemos sufrido tanto como ustedes.
Con gran ira el elfo desenvaino su espada y la clavo en el hombro izquierdo de Jhonatan. La sangre empezó a brotar.
Con la mano desnuda, el joven rey tomo la filosa hoja y la saco con una clara expresión de dolor en el rostro.
- Eso no era necesario – Dijo este poniendo su mano sobre la herida
Con horror el elfo vio que el retirar la mano la herida del hombro y la mano ya no estaban y que la rota se empezaba a cerrar, solo quedo la mancha de sangre.
- ¿Como has podido hacer eso?
- es difícil de explicar… ¿ahora puedo ver a su señor Legola?
- Muy bien, pero no te atrevas a hacer nada
- Si te preocupa lo que pueda hacer lleva mis armas.
- Eso no me asegura nada, eso que hiciste… te curaste solo y…
- Que me pueda regenerar no significa que no sienta dolor.
- Muy bien camina.
El elfo tomo las armas del hombre y este se puso de pie y se internaron en el bosque.
El bosque de Dalia era famoso por que uno podría caminar días sin encontrar rastro del pueblo elfico. Esto se debe a que estos viven bajo el suelo, entre las raíces de los árboles que tanto respetan, de hecho algunos que sabían esto creían que los elfos realmente nacían cuando las raíces de las árboles se entre cruzaban.
Después de caminar por un momento del bosque llegaron a un claro alargado que termina en un gran árbol, un anciano del que colgaban grandes frutos de color rojo sangre que algunos conocían como frutos sangrientos, debido a su color, mientras que los elfos los llaman frutos de vida ya que cuando uno de estos árboles da su primer fruto los elfos se establecen en sus raíces, que se abren y forman un lugar para que ellos vivan.
- Detente – Ordeno el elfo al joven rey.
De entre sus ropas saco una flauta y toco tres dulces notas de ella.
De entres los árboles las bellas y dulces criaturas aparecieron, observando con temor al humano de pie tras el guardia que sostenía las armas del humano.
Dos de ellos surgieron de las entrañas del viejo árbol de la vida, un hombre vistiendo elegantes ropas elficas y detrás de el una joven, hermosa entre las hermosas, vistiendo un blanco y largo vestido.
- ¿Qué es lo que pasa Reyba? ¿Y quien es este hombre? – Pregunto el rey elfico.
Reyba se postro ante su señor y respondió.
- Este hombre dice ser el rey de Gaia, señor Legola.
- ¿Acaso se burla de nosotros? Este no es su rey, su rey debe de tener ya 60 años y este hombre no ha de superar los 30.
- Usted se a de referir a mi padre señor, – Dijo Jhonatan – el dejo de ser rey de Gaia hace dos días, después de que yo volviera de mi viaje.
- ¿Acaso te he permitido hablar? – dijo molesto el elfo
- Su nombre es Jhonatan I – Dijo apresuradamente Reyba – Y ha venido a solicitar una audiencia con usted
Furioso volvió a observar al joven rey.
- ¿Crees que puedes venir aquí después de lo que tu gente le ha hecho a la mía?
- Se lo que mi pueblo le ha hecho y lo lamento, por eso he venido a hablar con usted, para proponer una tregua.
- ¿Una tregua?
- Así es señor.
El elfo guardo silencio por un momento observando a Jhonatan.
- Si me permite hablar señor.
El elfo asintió con la cabeza
- Veo que no confía en mí ¿Por qué no dejamos que el árbol decida?
Todos lo observaron caminar lentamente hacía Legola y luego hacia el árbol, pero nadie hizo nada para detenerlo, ni siquiera el mismo Rey, como si el tiempo se hubiera detenido y solo el pudiera moverse.
Se paro frente al árbol, a un lado de la entrada del mismo, debajo de una gran rama en la que crecían 7 frutos de vida y poso su mano derecha sobre el tronco.
Todos los elfos lo miraban con pánico, eso era algo que nunca se había visto, alguien tan valiente como para decidir ser juzgado por el árbol y que un hombre lo tocara.
Jhonatan cerró los ojos y abrió la boca. Todos esperaron que de sus labios salieran palabras, pero de sus labios no salio mas que el susurro del viento que pasa entre las hojas que todos pudieron entender claramente.
- Si es que no soy de confianza, oh gran sabio, entonces deja caer esta rama sobre mi, pero, si al contrario, soy digno de tu confianza deja caer uno de tus frutos.
Por un momento ni siquiera el viento hizo ruido alguno asta que las hojas del árbol se estremecieron.
Todos pensaron que el árbol soltaría su rama sobre la cabeza del hombre, lo que lo mataría, pues esta empezó a bajar, pero se dieron cuenta de que no caería, si no que se doblo para dejar caer los siete frutos a espaldas del rey de Gaia.
La rama volvió a su lugar y el hombre hizo una reverencia al árbol.
- Ahora podemos hablar – Dijo mientras volteaba a ver a Legola
Legola se acerco a la entrada del viejo árbol y volteo
- Reyba, regresa a tu puesto, Taria acompáñanos y los demás, regresen a sus hogares.
Todos obedecieron y Jhonatan siguió a Legola dentro del viejo árbol.
A pesar de que aquel lugar estaba entre las raíces del árbol era amplio. Todo el lugar estaba adornada de una manera simple, lo que no sorprendió a Jhonatan ya que sabia que los elfos son criaturas, en general, humildes.
Los tres se sentaron en unos grandes sillones colocados frente a frente, Taria acompañando a su padre.
Taria se sentía atraída por el humano de ropas negras, pero tenia miedo de lo que su padre pudiera pensar sobre ella. Nunca antes había visto a un humano, solo sabia que sus cuerpos eran muy similares excepto por las orejas y la belleza de los cuerpos.
- ¿Y bien?
- Le diré que cuando volví de mi viaje lo primero que fue la devastación de nuestros pueblos – Suspiro agachando la cabeza y continuo hablando – Llegue al atardecer y los ejércitos se habían retirado ya. Vi los cuerpos de elfos, orcos y humanos por igual, vidas perdidas por una guerra sin sentido
- Cure a todos los heridos que encontré y regrese a la capital de Gaia. Pensé que después de 7 años esta tonta guerra ya había acabado, pero me equivoque. Sabia que mi padre estaría esperándome, pero no espere que decidiera dejar este asunto en mis manos.
El hombre guardo silencio y levanto la mirada dando un suspiro.
Se sentía cansado, en los últimos tres días apenas había podido conciliar el sueño gracias a su esposa. Estar junto a ella lo tranquilizaba, con solo rozar su suave piel su corazón se llenaba de alegría. Pero ahora ella no estaba allí, estaba en su castillo esperando a que el volviera para poder estar con el.
Por fin Jhonatan bajo la cabeza y volvió a hablar.
- Estoy cansado, estoy cansado de esta guerra y quiero terminarla lo antes posible.
Taria se puso rápidamente de pie con una mano sobre el pecho al ver a su amado afligido y cansado, pero la mano de su padre la hizo volver a su asiento.
- Entiendo que es lo que quieres, nuestros pueblos han sufrido y creo que no aceptar esta oportunidad seria una tontería – Dijo Legola poniéndose de pie lentamente – Será un honor para mi y para mi gente, aceptar este tratado de paz.
El joven rey levanto la mirada y vio a aquel elfo que se presentaba imponente, mientras su rostro se iluminaba de alegría.
Jhonatan se movió frente al elfo y se arrodillo.
- Por favor esto no es necesario…
- Durante mi viaje visite muchos lugares y he visto muchos árboles, pero ninguno me a sorprendido tanto por su belleza que el árbol de sakura - Dicho esto tomo una pequeña bolsa que tenia atada a la cintura y se la ofreció al elfo – Es he traído unas semillas de estos árboles como símbolo de esta tregua.
Legola tomo la bolsa sin saber que decir. No fue hasta que el hombre se puso de pie que el rey pregunto por fin.
- ¿Y como son estos árboles?
- Son pequemos y delgados cuando jóvenes durante el verano florecen y sueltan sus hermosos pétalos rosados.
- Aceptare tu ofrenda Jhonatan I de Gaia, espero que tu aceptes el mió.
- ¿Y cual es este? Legola señor de Delia
- Espero que aceptes a mi hija como tu esposa.
Ante esta propuesta el rostro de la elfa se lleno de sorpresa y felicidad a la vez decorada con un leve sonrojo. En cambio Jhonatan únicamente bajo la mirada y suspiro.
- Me temo – Dijo lentamente el hombre- que no puedo aceptar su oferta
- A que te refieres.
- Me encantaría aceptar tu ofrenda y lo haría con gran felicidad, pero – hablando lentamente – me temo que ya estoy casado
Con algo de decepción en la cara de los dos elfos Legola dijo
- Me temo que no tengo otro presente para darte.
Pero Jhonatan tenia algo mas en mente
- Quizás tengas mas que uno, quizás tengas siete.
Ese comentario no necesitaba mayor explicación para Legola
- Muy bien, entonces salgamos, tengo que darles esta noticia a mi pueblo.
Los tres volvieron al exterior, Legola por delante, Jhonatan a su izquierda y Taria a su derecha.
El elfo saco una flauta parecida a la que había usado Reyba para llamarlos y toco las mismas tres dulces notas.
Rápidamente todos los elfos que habían estado antes allí, con excepción de Reyba, aparecieron ante el llamado del rey.
- Hermanos y hermanas, hoy debemos alegrarnos, este noble hombre decidido que esta guerra ya no tiene ningún sentido y yo estoy de acuerdo con el, así que hemos decidido alzar una tregua asta encontrar una solución a esta.
Todos los elfos que estaban allí empezaron a murmurar y luego a aplaudir de alegría.
- Como símbolo de este pacto el me entrego estas semillas de un árbol que encontró durante su viaje y yo lo he aceptado con jubilo.
Dicho esto Legola camino asta donde se encontraban los frutos y tomo uno de ellos.
- Ya que no tengo nada mas que ofrecerle y a que el árbol lo a reconocido como alguien de suma confianza le daré uno de estos frutos ya que se que lo utilizara para nada mas que no sea encontrar la paz de nuestros pueblos.
Jhonatan se acerco al elfo y tomo el fruto en su mano derecha y lo levanto con orgullo. El fruto se sentía calido y palpitante, lleno de vida.
- Gracias Legola, ahora tengo que volver a Gaia a anunciarle a mi pueblo esta gran noticia.
- Espero que vuelvas a visitarnos Jhonatan.
- No te preocupes Legola, lo are.
- Parte ya que esta noticia no puede esperar.
Y empezó a caminar por el claro ante la mirada de los elfos concentrado en el fruto lleno de vida y con la cara llena de felicidad. Tenia mucho que hacer aun, pero ya había dado el primer paso para alcanzar la paz.
Una pequeña elfa de no mas de 5 años se acerco corriendo hacia el mientras su madre, que estaba abrazada de uno de los árboles la llamaba
- Lira, vuelve -gritaba ella.
Jhonatan la vio acercarse y se detuvo para poder saber que lo que la niña quería.
- ¿Qué es lo que quieres pequeña? – Dijo suavemente
La pequeña le sonreía mientras sostenía una flauta en sus pequeñas manos.
- Quería darte esto – Dijo ofreciéndole la flauta.
Jhonatan se puso de cuclillas para poder esta a la altura de la pequeña.
- ¿Por qué me lo das? – Pregunto con curiosidad
- Tu curaste a mi padre, gracias a ti el sigue vivo
- ¿Y donde esta tu padre ahora pequeña?
- Esta en casa, sigue débil y creo que esta enfermo – Dijo con un tono algo triste
- No te preocupes pequeña – Dijo poniéndole una mano en la cabeza – el se pondrá bien.
Jhonatan tomo la flauta y el rostro de la pequeña Lira se ilumino de felicidad
- Ahora vuelve con tu madre
Con una gran sonrisa iluminando su rostro la pequeña Lira regreso corriendo con su madre y Jhonatan volvió a ponerse de pie para continuar su trayecto asta Gaia con el rostro iluminado de felicidad.
Camino por el bosque para poder volver a encontrar a Reyba, ya que el se había quedado con sus armas.
- ¡Reyba! – Grito el humano ya casi en el limite del bosque.
Hubo un murmullo de hojas, pero nada más.
El cielo se empezaba a oscurecer, y el viento entre los árboles parecían voces, las voces del bosque.
<< El tiempo junto a los elfos parece moverse diferente>> pensó
- ¡Reyba, el pacto es un hecho, nuestros pueblos están ahora en paz!
El murmullo de las hojas otra vez, pero algo más. El fino oído del hombre alcanzo a escuchar el sonido de un al tensarse antes de disparar una flecha.
Jhonatan dio un salto a la derecha, justo a tiempo para evitar un disparo mortal, pero la flecha alcazo a herirle el brazo izquierdo
- ¡Sal ya drow! – Grito el desde el suelo.
Se sostenía la herida sangrante con su mano derecha que ahora estaba cubierta por un metal parecido a la plata.
A diferenta de la herida que le había hecho Reyba con su espada, esta no se había cerrado rápidamente, se cerraba, pero muy lentamente
- ¡Sal ya drow! – Volvió a gritar.
Otra vez el sonido del arco, pero esta vez no podría esquivarla.
Quito la mano de la herida, dejando en su lugar un pedazo de aquel extraño metal sobre la misma.
Las garras habían desaparecido como si se escondieran debajo de la piel.
La flecha fue lanzada pero no logro hacerle mayor daño que atravesarle la mano que la intercepto. La punta de esta quedo a poca distancia de la nariz del joven rey, golpe que podría haber sido mortal.
Con la flecha aun en la mano se levanto y grito nuevamente.
- ¡Sal ya maldición! ¡Sal ya elfa!
Por un largo momento nada ocurrió, después se escucho el ruido de las hojas rozando contra la tela. Finalmente una figura encapuchada bajo del árbol del que las flechas habían salido.
La capa no dejaba ver mas que la parte inferior de su cara. Podía ve que su tez era morena.
- ¿Cómo lo supiste? – dijo la figura con una suave vos femenina.
- El ruido de las hojas y tu olor – Dijo el calmadamente
- ¿A que te refieres?
- Ellos no hacen ruido cuando están en sus árboles, además tu hueles a flores y humedad ellos huelen a flores y madera.
- No me refería a eso, ¿Cómo supiste que soy elfa?
- Por tus flechas.
- ¿mis flechas?
- Normalmente mis heridas se cierran rápidamente, pero ciertas armas especiales hacen que el proceso sea mas lento.
En ese momento la herida que tenia en el brazo era solo una pequeña línea roja.
- ¿Que tiene eso que ver eso con mis flechas? – Replico ella.
- Solo sus mejores guerreros usan esas flechas. Su sociedad es matriarcal y sus mejores guerreros son mujeres, seria muy poco probable que fueras hombre.
Por la mente de la elfa cruzo una idea que rápidamente se convirtió en palabras.
- ¿Cómo sabes eso?
- en Gaia no solo habitan humanos ¿sabes? Hay elfos, drows y también orcos. Una ves yo ayude a un grupo de los tuyos y me explicaron como son las cosas en Altaír.
El hombre empezó a acercarse a la elfa, que rápidamente desenfundo una estada escondida en su manga derecha.
- ¡No te acerques mas! – Grito ella apuntándole con la espada al Jhonatan
- ¿Que es lo que quieres?
- No responderé a tus preguntas – Dijo ella furiosa
En ese momento el hombre tomo la flecha incrustada en su mano y la arranco con facilidad, lo que hizo retroceder a la elfa asta chocar con el árbol del que había bajado. Como antes, el solo había mostrado una expresión de dolor.
- Parece que estabas lista de acabar de un solo golpe – Dijo mostrándole la mano ensangrentada en la cual se cerraba rápidamente la herida.
Esas palabras hicieron temblar a la elfa, pero lo que le aterro mas fue ver que en la mano izquierda del hombre se empezaba a formar algo con un metal parecido a la plata. En un principio creyó que se trataba de una espada asta que vio que se curvaba.
Con aquel arco improvisado y la ensangrentada flecha Jhonatan sabia que obtendría respuestas y el silencio de la elfa, aunque no pensaba lastimarla
- ¿Quien te mando? – Pregunto apuntándole a la elfa.
La elfa titubeo, no sabia si mentir y traicionar a su pueblo o decir la verdad y traicionarse a si misma.
- Viniste por tu propia cuenta – Dijo Jhonatan ante el silencio de ella.
La afirmación del hombre la asusto aun más.
El hombre empezó a acercarse, apuntándole siempre al cuello.
- ¡Aléjate! – Grito ella juntando todo el valor que pudo, pero su voz expreso el miedo que sentía.
El miedo la había invadido y había perdido todo esperanza de volver a Altaír con vida, siquiera de volver a Altaír.
- ¡Aléjate! – volvió a gritar arrojando su espata que callo a los pies del hombre.
El no dijo nada, solo continuo caminando hacia ella.
El arco se disolvió en su mano y arrojo lejos la flecha.
Al no encontrar más protección lo único que pudo hacer fue cruzar los brazos sobre su pecho.
Al tenerlo frente a frente pudo ver que era más grande que ella.
Con un suave movimiento le quito la capucha dejando ver su larga y ondulado cabello.
Pudo ver sus ojos verdes y no vio en ellos ira, más bien veía cansancio y felicidad, aunque también algo de tristeza.
Jhonatan se recargo en el árbol con ambas manos, lo que sobresalto a la elfa, ya que la había dejado sin salida
- ¿Cuál es tu nombre?
Su voz sonaba tranquila y cansada, lo que calmo solo un poco a la elfa
- Cairo
Acerco su rostro al de ella como si estuviera a punto de besarla.
La respiración de el era calmada y lenta, mientras que la de ella era, mas bien, torpe y rápida.
- Muy bien Cairo, Si prometes no decir nada de lo que paso aquí yo no diré que te vi aquí.
- ¿De que hablas?
- Pronto los visitare y quiero que sea una sorpresa mi llegada – tomo un respiro y continuo – ¿entiendes?
Ella desvió la mirada, quería evitar ver aquellos ojos que le parecían extrañamente familiares.
- Si, entiendo
- Muy bien
Retiro la mano izquierda y quedo apoyado únicamente en la derecha
- Vete ya
Con un rápido movimiento se escabullo pero Jhonatan alcanzo a detenerla tomándola de la capucha.
- Espera
- ¿Ahora que?
- ¿Dónde esta Reyba?
- Si te refieres al elfo que estaba aquí, esta detrás del árbol.
Rápidamente se libero y comenzó a correr en dirección a Altaír.
Le dio la vuelta al árbol y allí encontró a Reyba, estaba bien, pero estaba inconciente.
- Maldición Reyba, pensé que eras mas fuerte.
Dicho esto tomo sus cosas y retomo su camino hacia Gaia. Por fin podría descansar y lo necesitaba ya que el siguiente día que ir a Altaír y seria un largo viaje.











